Edgar Borges nació en Caracas, Venezuela, aunque reside desde el año 2007 en España. En nuestro país logró consolidar su carrera como escritor con libros como “Quién mató a mi madre”o “La ciclista de las soluciones imaginarias”. Ahora, Altamarea Ediciones publica su nueva novela, “Enjambres”.

El libro que nos ocupa, «Enjambres», es altamente recomendable, entre otras cosas como puede ser la narración ágil o lo metafórico de su propuesta, por lo inesperadamente coincidente con el tiempo que vivimos. Se trata de una novela que narra la angustia del ser humano por encontrar un lugar posible para la vida plena y huir del caos y la violencia. En ella, los cinco jóvenes protagonistas buscan una clausura voluntaria y se van a un bosque para enfrentarse con la soledad. Un confinamiento elegido que habrá que leer, quizá, durante un confinamiento obligatorio.

Hablamos con Borges sobre «Enjambres», su Venezuela natal, cómo es escribir en España y mucho más.

  • ¿Cómo surge la idea de escribir un libro como Enjambres?

El ruido como elemento perturbador fue la clave para el desarrollo de la idea. La novela me surge de la inquietud que me produce la fragmentación de la convivencia humana. Creo que, cada vez con mayor fuerza, nos están acuchillando los vínculos que nos unen por naturaleza. Enjambres es una analogía de muchos ruidos, que en la novela se manifiestan en forma de plagas o murmullos humanos. “Y tú, ¿con quién estás?”, es la reiterada pregunta que en el libro se hacen los individuos que necesitan saber con qué bando está el otro, el que no anda con ellos. Pero Enjambres, en paralelo a “la guerra de todos contra todos”, también cuenta una historia sobre la soledad de cinco jóvenes. María José, Adolfo, Diego, Verónica y Eduardo se refugian en la casa de un bosque por imposición de sus padres. En ese refugio, el mundo que dejaron atrás se les hará presente. La novela está atravesada por la perspectiva de soledad de María José.

Edgar Borges. Foto de Alfonzo Iannucci en la librería Rafael Alberti.
  • ¿Por qué ese título?

Es la muchedumbre dividida en bandos; es la guerra del todos contra todos; es la batalla del uno contra el otro. Enjambres me representaba la idea de una variedad de grupos saliendo de sus refugios dispuestos a cazar algo. Ese algo, en la novela, es un semejante que se ha convertido en sospechoso.

Enjambres en un mundo confinado

  • Los protagonistas del libro viven un confinamiento, elegido por ellos, eso sí, ¿le asusta la coincidencia con la pandémica actualidad?

La actualidad me preocupa cada vez que manos invisibles pretenden dirigirla. De la pandemia me moviliza, más que asustarme, la pretensión que tengan determinados grupos de “pescar en río revuelto” para diseñar una realidad nada humana y demasiado oscura. De la pandemia me inquieta la indiferencia que hay hacia sus consecuencias. El impacto emocional, el suicidio, el futuro encadenado, la aceptación de la precariedad, la carrera de obstáculos que se suman a la vida de la persona. Esas y otras muchas consecuencias me inquietan que se conviertan en parte de un nuevo orden mundial. Para sacudir esta cultura de la resignación, está el arte. Literatura, música, danza, teatro, pintura. Todo arte debe ser, ahora más que nunca, un artefacto capaz de sacudir existencias.

Enjambres : altamarea

  • ¿Se puede huir de nuestro mundo?

De poder, se puede. Hay muchas formas de fuga, el problema es que a donde huyas te aparecerá el mundo, pues tú eres parte de ese mundo. Sin embargo, es importante diferenciar entre mundo y sistema, o vida y sistema. Yo no creo que el mundo y la vida sean una mierda, del sistema no tengo la menor duda.

Destrucción y autodestrucción en Enjambres

  • La autodestrucción parece ser una de las claves de la novela, ¿se trata de una metáfora del mundo que nos rodea?

Arribamos a este siglo con un reto evidente: o nos replanteamos el concepto de vida humana o nos destruimos. Y no hablo solo de las consecuencias del atropello contra la naturaleza, no, aquí la destrucción también iría en términos inherentes a la razón y a la sensibilidad humana. Con esto quiero decir que, aunque siguiéramos como especie, de seguir por este camino, nos convertiríamos en seres sin fuerza para la vida. El ser humano sería el robot del que tanto habló la ciencia ficción.

  • ¿Ya vivíamos en nuestras celdas particulares antes de esta pandemia?

Sí, antes ya nos habían educado para temerle al otro. La soledad impuesta a través del entretenimiento. Cuenta tu vida en las redes sociales, descubre el mundo vía internet, que “nosotros” ya nos encargaremos de administrar tu vida y la calle. Bajo esa lección disfrazada de avance estamos renunciando a la plenitud de la vida. En el confinamiento virtual ya llevábamos tiempo.

Venezuela y la vida en España

  • ¿Echa de menos su Venezuela natal? ¿Volvería?

Echo de menos una Venezuela que me gusta, la de la gente amable y solidaria, la de los poetas y artistas plásticos. Echo de menos la familia, los amigos y muchas calles. Pero todo país tiene sus dos caras; en el caso de Venezuela hay una cara que tiene que ver con la impostura y a esa no la echo de menos. ¿Volver? No lo sé, tengo una vida en España, aunque me gustaría tener distintas vidas en todo el planeta.

Me ha gustado porque compartimos criterios sobre lo que para nosotros significa la literatura. La idea de que un libro es la suma de un tiempo nos vincula.

  • ¿Quiere desvelar cuál es la moraleja de “Enjambres” o prefiere dejarlo al entendimiento de cada lector?

Siempre es mejor que cada lector imagine la historia, su historia. La ficción, cuando no es solo entretenimiento, despierta al lector del sueño profundo. Lo despierta y lo regresa a la vida con la mirada trastocada. Trastocar para no aceptar la falsa realidad que nos venden.


Enjambres, de Edgar Borges
Altamarea Ediciones (2020)