La educación es ese ámbito de las ciencias sociales que todo el mundo considera, de forma teórica, absolutamente fundamental para el progreso social; en la práctica, para quienes no se dedican a ella como profesión, demasiado a menudo se vuelve un debate lejano y muy teórico sobre metodologías y curriculums: terreno de agrios debates ideológicos y de renovaciones legislativas.

En los últimos doce meses, hemos publicado casi 300 artículos en la sección de Educación, y hemos aplicado la definición más amplia del concepto, más allá de la educación formal, esa que tiene lugar en los centros educativos y sobre todo en la parte inicial de nuestras vidas. Al fin y al cabo, aprendemos en todas partes, de muchas personas que no son necesariamente docentes, y a lo largo de toda la vida. Aprender idiomas, por ejemplo, tiene sus ventajas cuando somos adultos, y se puede hacer gratis y a medida.

La educación en casa es la base sobre la que se construye lo demás, y por eso es tan importante encontrar cierta armonía. Las relaciones familiares influyen en cómo nos enfrentamos al mundo.

Contenidos, métodos y competencias

Pero, por supuesto, no hemos dejado de analizar lo que está pasando en la educación formal: la implantación de la LOMLOE y el debate sobre competencias o contenidos, así como su aplicación más concreta a asignaturas (el papel de la memorización en general y en la asignatura de historia en particular) y contenidos transversales (como la competencia plurilingüe).

No solo hemos propuesto maneras de motivar a los estudiantes (a través de proyectos, dibujos, cómics, vídeos, podcasts, escape rooms, ‘gamificación’, y videojuegos), de conseguir que no odien las matemáticas y que las chicas se animen a estudiar ciencias, que los planes de estudio bilingües realmente sirvan para dominar el segundo idioma y la materia enseñada, que aprender música sea más que tocar un instrumento, o que el arte pueda ser también ciudadanía activa; también nos hemos preguntado cuándo empezar a programar, cómo se aprende a estudiar, cómo elegir carrera profesional y cuándo optar por formación profesional, o cómo aprender a amar la lectura, la base de todo aprendizaje.

Los docentes necesitan además, para conseguir transmitir y conectar, entender el mundo de sus alumnos; por eso hemos dedicado mucho espacio a reflexionar sobre lo distintas que son sus vidas a las de generaciones anteriores y por qué la tecnología está teniendo un impacto positivo, y no tan positivo, en ellas.

La enseñanza socioemocional

Los contenidos y las competencias han sido protagonistas de 2022, pero hay muchos otros aprendizajes que, sin rango de “asignatura”, son imprescindibles para la vida. ¿Cuál es la responsabilidad y el papel de la escuela en aprendizajes socioemocionales tan básicos como la empatía, el respeto a la diversidad afectivo sexual o la inclusión? Otras áreas igualmente importantes son las nuevas estrategias de aprendizaje servicio que aportan una dimensión social al proceso educativo, especialmente en la universidad, y la ubicua (en el debate público, no tanto en el curriculum) educación sexual.

Hemos buscado maneras de superar los exámenes, o al menos de hacerlos menos protagonistas, sobre todo a la vista de que las notas medias de los estudiantes suben pero no por los motivos correctos; explorado el papel de la memoria y la memorización en el aprendizaje; analizado cómo diagnosticar a tiempo los trastornos más comunes de aprendizaje: la dislexia y el TDAH, y cómo ayudar a sobrellevarlos tanto en clase como en casa.

Huérfanos digitales

Los niños crecen cada vez más rápido y más solos: los mundos virtuales por los que deambulan durante un porcentaje importante de sus horas despiertos son desconocidos o, cuando menos, poco transitados, por los adultos de su alrededor, sean familia o docentes. La adolescencia, esa etapa que cada vez ocupa un porcentaje mayor de nuestra vida, se ha vuelto un poquito más complicada, por si no lo era ya. Niños y adolescentes se mueven entre la dimensión física y la virtual casi sin darse cuenta: las fronteras entre ambos mundos están desapareciendo.

Los adolescentes de hoy salen de botellón como los de ayer, pero se convocan por redes sociales y acuden masivamente; son susceptibles a las adicciones de siempre, y también a las nuevas; tienen más maneras de comunicarse, pero estas también los exponen a peligros desconocidos; gran parte de su educación afectivo sexual la encuentran en las redes, se mandan fotos sexuales por internet con normalidad, tienen mucha más pornografía disponible; y, muchas veces antes de ir a buscarla, ya tienen en las manos la información de lo que sucede en el mundo, aunque no siempre saben filtrarla o asimilarla.

Innovación y tradición

Divulgar investigación académica dedicada al ámbito educativo supone estar en contacto cotidianamente con personas que buscan mejorar, cuyo objetivo a medio plazo es que las generaciones que llegan estén mejor preparadas, entiendan mejor el mundo y sean más capaces de aportar a él, y, en definitiva, sean más felices. Docentes y expertos que, gracias a la tecnología, hoy en día pueden estar en contacto y avanzar juntos con mayor facilidad que nunca.

Mejorando. Un gerundio optimista para los que queremos ver la botella medio llena.

The Conversation

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