El Gobierno estadounidense advirtió hoy de que cometer una equivocación a la hora de «reintegrar» a los talibanes en la sociedad pondría en peligro cualquier acuerdo de paz en Afganistán, ya que, en caso de sentirse decepcionados, los combatientes podrían optar por retomar las armas.

«Un fallo a la hora de reintegrar con éxito a los combatientes talibanes podría amenazar cualquier acuerdo de paz, puesto que los combatientes decepcionados, aquellos que esperaban obtener algún beneficio en tiempos de paz, podrían volver a su comportamiento violento», alertó John Sopko, el Inspector Especial para Afganistán (SIGAR, por sus siglas en inglés) de EE.UU.

Sopko hizo esas declaraciones al presentar el informe del SIGAR sobre las principales amenazas a las que se enfrenta Afganistán, en el Centro de Estudios Estratégico e Internacionales (CSIS) de Washington.

El funcionario instó a Washington a sopesar «detenidamente» cómo será «el día después», en caso de que se alcance un acuerdo de paz con el grupo insurgente.

«Fracasar en la planificación supone planear es fracaso», alertó el responsable del SIGAR.

Los talibanes y EE.UU. iniciaron en febrero una quinta ronda de conversaciones de paz en Doha centrada en la retirada de las tropas extranjeras y en las garantías de los insurgentes de no permitir que el territorio bajo su control sea utilizado por grupos terroristas contra Estados Unidos u otros países.

En este sentido, Sopko sostuvo que un repliegue de tropas debería ser compensado con una inyección económica por parte de la comunidad internacional, ya que el Gobierno afgano no puede hacer frente a los 5.000 millones de dólares de gasto previsto para el año que viene.

«Si se acaba alcanzando la paz, para que esa paz sea duradera, vendrá con un precio adicional que solo los (países) donantes podrán pagar», dijo.

Sopko explicó que, incluso si los talibanes «deponen las armas», Kabul aún deberá hacer frente a la amenaza que representan las organizaciones terroristas, como el Estado Islámico, y las de narcotráfico que campan en el país.

«Mucho se ha conseguido en Afganistán durante los últimos 18 años, pero a un elevado coste. Deben tomarse todas las medidas para garantizar que ese progreso obtenido con el sacrificio de la sangre y de los recursos no se pierda», concluyó Sopko.

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