Un artículo original de Eulixe
Parece que lo peor todavía no ha llegado, y los números ya asustan: solo el estado de Nueva York registra más infecciones que cualquier otro país del mundo. Este mismo fin de semana, EE.UU batió dos trágicos récords: el viernes se convirtió en el primer país del mundo en registrar un aumento de más de 2.000 muertes por coronavirus en un solo día y el domingo en el país con más fallecidos y contagios de COVID-19 en todo el mundo. Hasta este domingo, más 21.000 personas habían fallecido y unas 530.000 se habían contagiado, aunque las autoridades afirman que los números reales podrían ser bastante superiores.

Si desde el principio hubiéramos cerrado todo, podría haber sido un poco diferente – Anthony Fauci, jefe del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas de EE.UU

NO GOLPEA A TODOS POR IGUAL

Hemos escuchado en diversas ocasiones que esta pandemia no entiende de clases sociales. Sin embargo, esta afirmación no es del todo cierta. Y menos en Estados Unidos, uno de los países del mundo con una mayor desigualdad social, y con un sistema sanitario privatizado que hace que aquellas personas sin trabajo ni ahorros no puedan acceder a servicios de salud. Si en este contexto sumamos el gran poder de contagio del COVID-19 con el aumento del número de parados debido a la crisis económica generada, tenemos una bomba de relojería socio-sanitaria. Millones de personas sin acceso al sistema de salud en medio de una pandemia global.

En Chicago, los afroamericanos representan el 30% de la población, pero suponen el 52% de los contagios confirmados por Coronavirus y siete de cada 10 fallecidos por esta causa. En el sureño Estado de Luisiana, una de las zonas más castigadas por la pandemia, son igualmente una tercera parte de los habitantes, pero han sufrido el 70,4% de las muertes. En la ciudad de Milwaukee (Wisconsin), la tónica se repite en proporciones similares. En el Estado de Michigan, son el 14% la población, pero representan el 33% de los positivos y el 41% de los decesos. Y en la capital del país, Washington DC, también los afroamericanos registran una mayor tasa de incidencia – Amanda Wars, El País.

Antes de la pandemia, se calculaba que el número de personas sin seguro médico estaba en torno a los 30 millones de personas, cerca del 8.8% de la población total del país. El exponencial aumento en el número de parados está afectando directamente al crecimiento del número de personas sin acceso a ningún tipo de servicio sanitario, con el consiguiente riesgo para la salud de estos grupos vulnerables de población. 

Somos muy conscientes de que en lo relativo a la atención sanitaria se dan desigualdades estructurales en ciertos grupos y es probable que esto también sea aplicable en el caso de la detección y tratamiento por esta enfermedad – Ngozi Esike, director del departamento de salud pública de Illinois.

Obviamente aquellos que tengan ahorros o un trabajo estable no notarán tanto la situación, mientras que aquellos que sean golpeados por el coronavirus en una condición social más inestable, estarán en graves aprietos. Por lo tanto, este virus no entiende de clases sociales, pero la diferencia en la atención recibida y la prevención que se pueda realizar si afecta de modos muy diferentes a la población según su condición social. Y esto se traduce en un número mucho mayor de muertes en las clases bajas que en las altas

Un poco más del 70% de los muertos por coronavirus en Luisiana son afroamericanos. Tendremos que estudiar este dato con detenimiento para ver qué podemos hacer para abordar este problema – John Bel Edwards, gobernador de Luisiana

FOSAS COMUNES EN NUEVA YORK

Nueva York presenció este fin de semana unas imágenes que han calado hondo en la población: fosas comunes en la isla de Hart, al noreste del barrio del Bronx, para aquellas personas sin reclamar o que no se puedan pagar un sepelio. Esta isla ha sido utilizada desde hace más de cien años para dar sepultura a cadáveres sin reclamar, y ahora incluirá también a fallecidos por el COVID-19 que estén en esa misma situación. 

Ante estas imágenes, el alcalde de Nueva York Bill de Blasio, ha asegurado que los neoyorquinos se sienten «devastados» y ha pedido no caer en el sensacionalismo. «No habrá entierros masivos en Hart Island. Todo será individual y cada cuerpo será tratado con dignidad», ha asegurado el alcalde neoyorquino en su cuenta de Twitter. Sin embargo las imágenes muestran una realidad muy diferente.

Además de las fosas comunes, EE.UU está viendo otras imágenes nada acordes con el estatus de primera potencia mundial: colas interminables en los bancos de alimentos, muchos de los cuales están desbordados. Tal y como informa el NY Times, la demanda de asistencia alimentaria está aumentando a un ritmo extraordinario, al igual que los bancos de alimentos de la nación se ven afectados por la escasez de alimentos donados y de trabajadores voluntarios. Trabajadores de estos bancos de alimentos aseguran que nunca habían sido testigo de una combinación de necesidad, escasez y ansiedad como la que se está viviendo estos días. Feeding America, la red de bancos de alimentos más grande del país, con más de 200 afiliados, ha proyectado un déficit de 1,4 mil millones de dólares solo en los próximos seis meses. 

Eulixe

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