Asesinado a tiros en Austin el manifestante de 28 años Garrett Foster.

La policía y los federales llevan meses gaseando y golpeando a las vecinas de Portland, sea cual sea la táctica que ellas adoptan. Mientras, Trump y la industria de la comunicación fabrican distinciones entre «amotinados» y «manifestantes pacíficos». El objetivo del Estado es sólo uno: frenar el levantamiento.

It’s Going Down, 27 de julio de 2020. – Miles de personas han salido a las calles  durante el 25 de julio de una punta a otra de los llamados “Estados Unidos”. Han mostrado su solidaridad con la rebelión en marcha, la que comenzó después del asesinato policial de George Floyd y en apoyo de quienes en Portland, Oregon, llevan dos meses resistiendo la brutal ocupación de las policías locales y federales.

Las acciones han tenido lugar tanto en pequeñas localidades del medio rural, especialmente en el noroeste del Pacífico, como en grandes ciudades, donde los enfrentamientos masivos duraron hasta las primeras horas de la mañana. Despliegue de pancartas, marchas y manifestaciones, y disturbios propiamente dichos, que a menudo involucraban a miles, en ciudades como Seattle y Nueva York. El tamaño de las manifestaciones muestra que la rebelión que comenzó a fines de mayo no tiene freno, ya que la ira popular contra la policía por la muerte de George Floyd y la brutalidad federal en Portland solo está creciendo junto con la ira por la extensión de la pandemia y la cada vez más visible guerra de clases.

Al igual que la creciente ola de huelgas laborales y de alquileres, las acciones del 25 de julio apuntan hacia una significativa profundización de la  conciencia y la militancia proletaria, irrecuperable por los partidos políticos establecidos. A pesar de un intento en los últimos dos meses de llevar  a #BlackLivesMatter al redil del proyecto neoliberal, para muchos está claro que los demócratas no tienen gran deseo ni capacidad de recortar los fondos de la policía o de luchar contra los proyectos de Trump de inundar las ciudades con tropas federales. Ted Wheeler, el alcalde de Portland, ha demostrado recientemente lo contrario: pese a su dura retórica contra Trump, la policía bajo su mano ha estado trabajando directamente con las tropas federales en el terreno durante semanas, mientras lleva a cabo actos nocturnos de violencia contra manifestantes, periodistas y cualquiera que tenga la mala suerte de quedar atrapado en su fuego cruzado. Mientras tanto, otros demócratas han aceptado el «creciente ímpetu» de Trump, bajo el disfraz de «lucha contra el crimen».

En las acciones del fin de semana también estuvo presente la continua amenaza mortal de la extrema derecha, ya que en varias ciudade  se organizaron contra-manifestaciones que buscaban  expulsar a los manifestantes de las calles. Todos estos intentos parecían condenados al fracaso . Sin embargo, tanto en Aurora, Colorado como en Austin, Texas, los patrulleros derechistas aceleraron automóviles contra los manifestantes en un intento de asesinarlos, y en Austin tuvieron éxito.

 

Garrett Foster, de 28 años, fue asesinado a tiros por el conductor de un vehículo que invadió una marcha de Black Lives Matter en Austin, Texas. Foster manejaba la silla de ruedas de su compañera en ese momento. Después del tiroteo, los intoxicadores en redes sociales de extrema derecha en línea difundieron información falsa, y ya desacreditada, de que Foster disparó primero.

En Eugene, los contra-manifestantes «Back the Blue» también dispararon armas de fuego y, en un caso, se produjo un enfrentamiento armado. Si bien la extrema derecha aún no ha logrado movilizar cantidades significativas en las calles, su fatídica capacidad para participar en actos de violencia y asesinatos sigue cobrándose vidas.

Mientras tanto, Trump y sus altos cargos duplican su apuesta por «enviar tropas», mientras que los números de Trump continúan desplomándose  y las encuestas muestran que incluso estados sólidamente dominados por el Partido Republicano se vuelven contra él. Buena parte de esto  representa que el coronavirus ha roído los cimientos de las bases de apoyo de Trump en las urbanizaciones y entre los ancianos, pero  no hay duda de que cada vez crece más la ira ante su autoritarismo. Los que luchan en las calles han expandido este conflicto y han ayudado a generalizar la lucha, atrayendo a más y más sectores de la población. Trump está ahora en una posición extraña. Si retrocede, mostrará debilidad en un momento en que los republicanos ya están tramando un mundo sin él y hasta Fox News le aprieta las tuercas. Pero si Trump mantiene sus bazas, también corre el riesgo de que la rebelión se expanda.

El crecimiento de la revuelta también preocupa a los democratas. Aunque se maquillen su mejor sonrisa frente a las voces de las calles y repitan lemas del movimiento, todavía se oponen fundamentalmente no solo a la política abolicionista, sino incluso a reformas básicas como una retirada drástica de fondos de la policía. Esto se debe simplemente a que los demócratas apoyan el proyecto general de militarización y guerra de clases de Trump y son conscientes de que necesitan afrontar el fracaso del proyecto estadounidense con una policía reforzada.

Y a medida que las elecciones se acerquen, los demócratas estarán cada vez más interesados ​​en amputar los elementos radicales de la rebelión de bloques de votantes a los que buscan incorporar a la corriente política general. Su problema es que las movilizaciones no muestran signos de acercarse a un final. Los manifestantes también están viendo nítidamente los muros institucionales a los que se enfrentan dentro del Estado neoliberal, que hacen que el cambio estructural de base parezca imposible.

Aunque a Trump le encantaría pintar la rebelión como el resultado final del gobierno demócrata de las ciudades de Estados Unidos –colocando su marca de nacionalismo corporativo como la resistencia «real» al neoliberalismo-, en realidad la rebelión es una respuesta directa contra el gobierno liberal. Es una revuelta contra décadas de economía neoliberal, contra políticas racistas contra la insurgencia y contra la institucionalización de los movimientos sociales.

Ahora, con casi la mitad de los adultos estadounidenses sin trabajo, una pandemia que solo está empeorando y decenas de miles en riesgo de desahucio, las condiciones que dan lugar a la ira masiva que está alimentando el levantamiento están cada vez más arraigadas. A pesar del arrastre del espectáculo electoral, la rebelión sigue teniendo vida propia.

Si bien los principales medios de comunicación se centraron en algunas ciudades e ignoraron el conjunto de las acciones del # J25, en general mostraron el apoyo masivo recibido tanto por la rebelión como por los que luchan en las calles de Portland. En Seattle, miles de manifestantes, muchos portando escudos, se enfrentaron con las fuerzas del orden público, rompieron ventanas en sucursales de multinacionales y un recinto policial, y también prendieron fuego a las obras de una polémica cárcel juvenil.

En Portland,  una marcha de miles recorrió el centro de la ciudad, antes de manifestarse frente al juzgado federal. Allí, derribaron una gran valla metálica que los efectivos federales habían colocado alrededor de las instalaciones. Lo que siguió fueron intensos enfrentamientos entre la policía y la marea humana que les enfrentó. El domingo fue el día 60 de manifestaciones combativas, sin signo de detenerse.

En Eugene, una gran multitud se enfrentó a los partidarios de Trump y fascistas que se movilizaron para contrarrestar el evento, siendo expulsados ​​de las calles. Los manifestantes rompieron ventanas y llenaron las paredes de pintadas. El domingo fue un segundo día de sonadas manifestaciones. Muchas ciudades más pequeñas en Oregon y Washington también vieron concentraciones, marchas y manifestaciones. En Salem, Oregón, varios cientos salieron a las calles y también se enfrentaron a contra-manifestantes de extrema derecha.

Varios actos tuvieron lugar en California. Oakland vivio una marcha militante de varios miles de personas tomando las calles, sólo unos días después de que el Ayuntamiento «progresista» rechazara rebajar el presupuesto de la policía. Los manifestantes rompieron las ventanas de la sede principal del departamento de policía de Oakland y llegaron a incendiar un juzgado. En Sacramento, más de 150 salieron a las calles, rompieron ventanas y pintaron grafitti. En el sur de California, también se llevaron a cabo manifestaciones de solidaridad más pequeñas, marchas callejeras y protestas, con un estallido de disturbios en el centro de Los Ángeles  que llevó a destrozos en una sede judicial.

Manifestaciones ruidosas también tuvieron lugar en todo el suroeste. En Flagstaff, Phoenix, Salt Lake City y Las Vegas, los manifestantes cortaron el tráfico y esquivaron a la policía.

Mientras tanto, en Auroa, Colorado, donde la gente se ha estado movilizando en las calles sin pausa durante dos meses -debido al asesinato de Elijah McClain por parte de la policía local-, una gran multitud marchó hacia una autopista importante, donde la embestida de un automóvil contra la multitud hirió a varios manifiestantes. Al intentar detenerlo, un manifestante abrió fuego e hirió tristemente al menos a dos personas en el proceso. Según los informes, los heridos se encuentran en estado no crítico en este momento. La policía detuvo a los dos hombres que conducían el automóvil, pero como era de esperar, no los arrestaron.

Cerca de Omaha, Nebraska, más de 75 personas marcharon hacia una autopista, sólo para ser arrestadas en una redada preventiva.

En Texas, se llevaron a cabo manifestaciones en Dallas, Houston y también en Austin, donde una marcha por las calles acabó trágicamente con disparos letales contra un manifestante, Garrett Foster, después de que el conductor de un automóvil que se introdujo en la manifestación abriera fuego matándolo.  Si bien las web conspiranoicas de extrema derecha rápidamente informaron falsamente de que Foster, que estaba armado cuando fue asesinado, fue el primero en disparar contra el vehículo, esto no es cierto. Según testigos en la escena, el asesino de Foster bajó la ventanilla e inició el tiroteo después de que los manifestantes le pidieron que redujera la velocidad y no los atropellara.

En todo el Medio Oeste, se llevaron a cabo manifestaciones, marchas y pancartas. En Minneapolis, donde comenzó la rebelión a fines de mayo, más de cien personas se reunieron para una fiesta callejera durante la que se escribieron graffitis.

En el suroeste, bloquearon una calle en Atlanta (Georgia) y rompieron las ventanas de una oficina de migración. Una declaración publicada en los medios locales escribió:n“Anoche, en solidaridad con Portland, una multitud se reunió en Atlanta fuera de la oficina de DHS / ICE. Estas agencias son directamente responsables de arruinar innumerables vidas y de la violencia policial de las protestas de Portland . Lucharemos con todo lo que tenemos contra los mercenarios policiales de Trump, contra el gobierno autoritario y despótico. Lo que produce la policía, sobre todo, son sus propios sepultureros. Su caída y la victoria de lo ingobernable son igualmente inevitables «.

Otras grandes acciones y marchas militantes tuvieron lugar en Charlotte, Washington DC y Richmond, Virginia. En Washington DC, los manifestantes también organizaron una manifestación en el vecindario de Chad Wolf, el jefe interino muy impopular del departamento de Estado. En Richmond, cientos marcharon contra la policía, lo que provocó enfrentamientos y el incendio de un camión municipal. Además, en Louisville, Kentucky, donde los manifestantes han estado luchando en memoria de Breonna Taylor durante casi dos meses, se produjo un tiroteo cuando miembros de la «No Fucking Around Coalition» o NFAC dispararon accidentalmente sus armas, alcanzando  a varios de sus propios miembros.  Mientras tanto, los manifestantes no armados se mantuvieron firmes contra la milicia de extrema derecha Three Percenter.

Finalmente, en el noreste, continuaron teniendo lugar manifestaciones, marchas y acciones militantes, con miles marchando, cerrando puentes y provocando disturbios; destrozos de coches de policía en Nueva York y Brooklyn.

 

 

Especial: 
Anti represivo
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Fuente: A las barricadas