Javier F. Ferrero

La desigualdad entre los más ricos de España y los más pobres sigue siendo mayúscula. Con 10,2 millones de personas con una renta por debajo del umbral de la pobreza, lo que se traduce en una tasa de pobreza del 22,3 %, es el tercer país europeo en desigualdad, por detrás de Rumanía y Bulgaria y empatado con Lituania, según Oxfam Intermón.

Las diferencias económicas se ven reflejadas de nuevo en el informe del Banco de España ‘La desigualdad de la renta, el consumo y la riqueza en España’, publicado este lunes. En el se indica que el 10 % de la población con mayor riqueza pasó de acumular un 44% de la riqueza neta total de los hogares en 2008 al 53 %.

En el texto subraya que la crisis económica provocó un “aumento notable de los indicadores de desigualdad de la renta y la riqueza” en la mayoría de los países de la OCDE, entre ellos España.

Se produjo un aumento muy significativo del paro y una reducción de las horas efectivas trabajadas, que se concentraron en los grupos con menores salarios, lo que incrementó “considerablemente” la desigualdad de los ingresos salariales y de la renta bruta per cápita del hogar. El paro provoca que el nivel de desigualdad de esta renta bruta per cápita en España sea muy alto en comparación con otros países.

 

La riqueza es el mayor foco de desigualdad

La desigualdad que provoca la riqueza es mayor que la de la renta. El incremento de la desigualdad de la riqueza se debió a varios factores, entre ellos podemos encontrar el paro, la precariedad laboral, el aumento del IPC no correspondido con los sueldos… Por el lado contrario, los activos financieros, principalmente en manos de la parte alta de la distribución de renta, incluso incrementó su valor.

Los beneficios de las empresas españolas se dispararon un 200,7 % en este 2018, manteniendo así la tendencia alcista que iniciaron en 2013 y el coste laboral por trabajador apenas varió un 0,1%.

Los jóvenes que acceden al mercado laboral han tenido que ver cómo su sueldo anual es un 33% inferior respecto al de 2008, y cómo los contratos a tiempo parcial para ellos han crecido tres veces más rápido que para el resto, un 54% frente al 16%.

Esto solo es una pequeña muestra en datos de la realidad que vemos a diario. Es necesario trabajar en la igualdad, hacerlo desde políticas que ajusten los salarios al nivel de vida y que aseguren que las empresas con mayores beneficios y los ciudadanos más pudientes asuman un mayor porcentaje de los impuestos de nuestro país.

 

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