Ana de Blas
Licenciada en Bellas Artes y en Periodismo


Es una palabra nueva: sororidad, a la que aún el corrector ortográfico del ordenador se empeña en rectificar. “Agrupación que se forma por la amistad y reciprocidad entre mujeres que comparten el mismo ideal y trabajan por alcanzar un mismo objetivo”, dice el lema recién incorporado por los académicos de la lengua española. Es también el neologismo del año 2018, con el 32,6% de los votos a favor, para la convocatoria del Observatorio de Neología de la Universitat Pompeu Fabra (UPF) y el Institut d’Estudis Catalans (IEC), en la que participaron 5.545 personas.

Mujeres artistas en una manifestación feminista, en Madrid.

Una relación de solidaridad y afecto entre mujeres, capaz de unir lo emotivo con los fundamentos éticos y sociales, es una fuerza con un potencial estimable y hacía falta nombrarla. “Galería de sororidad” es precisamente el título elegido por la artista visual Paula Noya (Lugo, 1969) para una instalación pictórica en la que sus retratos son una vindicación de la cadena invisible que une el pasado y el presente de las mujeres, en especial las artistas. Cada retrato cita a otro, en un juego con el tiempo y las referencias pictóricas. En la serie es significativa la presencia de varias de las artistas que hoy, en España, representan el grupo de quienes se afanan en el rescate de sus precedesoras, no solo como fuente para el estudio o con interés reivindicativo, sino también como material desde el que crear sus propias obras.

Exposición “El velo pintado”, en Sevilla.

Esta “Galería de sororidad” forma parte de la exposición “El velo pintado”, comisariada por la historiadora del arte Susana Blas, abierta en 13 ESPACIOarte, en Sevilla, hasta el 23 de marzo.

La cortina, el velo, es el elemento simbólico de partida. Estas “trabajadoras del arte actual” –como las llama la propia autora– que dedican horas y horas a bucear en el pasado, que participan en acciones comunes, e incluso llegan a crear fuertes lazo de afecto, ¿forman un grupo, una generación artística? ¿Podríamos nombrarlo, al igual que hemos creado el nombre de la sororidad? Acerca de estas y otras cuestiones responden la artista Paula Noya y su comisaria, Susana Blas, y una académica para quien el arte tiene capacidad de transformación y que conoce bien a este grupo de mujeres y sus trabajos: la profesora Teresa Alario, doctora especializada en educación y arte contemporáneo y directora de Cátedra de Estudios de Género de la Universidad de Valladolid.

PAULA NOYA“Me resulta agotador y frustrante que cada generación de mujeres tenga que empezar de nuevo a buscar a sus predecesoras”

Paula Noya. Foto: César Nistal Carbajo.

– ¿Podemos ver esta galería de sororidad como el retrato de tu propia generación artística?

– P. N: Podría entenderse así, aunque más que una generación en el sentido cronológico, retrato a un grupo de mujeres unidas por el afecto y que trabajamos juntas en luchas comunes. Junto a la serie, hay un enorme marco vacío del que cuelga una cortina –que tapa y que enmarca a la vez–, porque las artistas “no están en el marco”, no están en los museos. La idea es recuperar mujeres artistas que han sido borradas de la historia y a su vez, homenajear a todas esas trabajadoras del arte actual que buscan a sus predecesoras. Reivindicarlas como artistas, a la vez que como activistas (…) Entre las retratadas podemos ver a Diana Larrea, cuyo proyecto “Tal día como hoy” visibiliza a mujeres artistas de todas las épocas, publicando sus biografías y una selección de sus obras. También nos podemos encontrar a María Gimeno y su performance “Queridas Viejas”. En esta acción María va abriendo, con un cuchillo, las páginas de La Historia del Arte de Gombrich e introduce las biografías de LAS artistas que faltan (…) y muchas más que se encuentran en la serie y otras que iré incluyendo.

Diana Larrea como Marianne von Werefkin. Galería de Sororidad. Paula Noya.
Clara Carvajal como Ángeles Santos. Galería de Sororidad. Paula Noya

– ¿Eres consciente de ser parte de un grupo de mujeres cuyos proyectos giran en torno a la visibilidad de las artistas? ¿Qué es lo que os une?

– P. N: Creo que esencialmente nos une una misma experiencia vital del trabajo como artistas. Esta vivencia nos hace identificarnos las unas con las otras. Estamos en un momento en el que es necesaria la unión y el apoyo para intentar cambiar las cosas. En estos últimos años han ido apareciendo asociaciones y movimientos como Mujeres en las Artes Visuales, el MeToo, La Caja de Pandora, Blanco, Negro y Magenta… que han puesto sobre la mesa la situación en la que se encuentra la mujer en el arte. Es el momento de revertir esa posición de precariedad tanto en el mercado como en ámbito cultural. Creo que sería enriquecedor para todos y obviamente más equilibrado y justo.

María Gimeno como Charley Toorop. Galería de Sororidad. Paula Noya.
Marina Vargas como Marie-Gabrielle Capet. Galería de Sororidad. Paula Noya

– Esta tarea contra el olvido ya la iniciaste en obras anteriores.

– P. N: Sí, el vídeo “(Des)memorias” recoge testimonios de distintas trabajadoras culturales sobre sus referentes femeninos. En él se aboga por la necesidad de crear nuevas genealogías que recuperen el legado de las mujeres. La peculiaridad de esta película es que cada entrevistada (fuera artista, comisaria o historiadora) nos presentaba a un referente femenino que hubiera sido crucial en su vida para salir adelante y ser ella misma; pero estas mujeres importantes no tenían que ser conocidas o pertenecientes a la profesión. De ahí que muchas eligieran a su madre, a una tía, a su maestra, a una vecina… Fue muy emocionante rodarlo y aún sigo haciendo entrevistas.

– ¿Por qué se necesita esa genealogía propia?

– P. N: Porque necesitamos poner en valor lo femenino en la sociedad y para ello debemos rescatar esa genealogía. Tener esos referentes nos ayuda a construirnos a nosotras mismas, a avanzar hacia una sociedad más igualitaria y equilibrada, a la vez que más plural y más enriquecedora. Me resulta agotador y frustrante que cada generación de mujeres tenga que empezar de nuevo a buscar a sus predecesoras y a saber qué hacían y a homenajearlas, cuando este trabajo hecho debería conservarse. A veces pienso que somos como Penélope, deshaciendo el ovillo cada noche… una y otra vez.

María Maria como Marie-Elisabeth Boulanger (Madame Cavé). Galería de Sororidad. Paula Noya.

– Se estudian en la actualidad en las facultades de Bellas Artes las obras de estas “viejas maestras” y se valora a las artistas contemporáneas, o aún no?

– P. N: Creo que la Universidad está sensibilizada con el momento que estamos viviendo y cada vez más está ofertando estudios en los que se trabajan cuestiones de género (…) Todavía las artistas históricas no se incluyen con naturalidad en los programas universitarios y hay que recurrir a masters y cursos especializados para saber de ellas.  Esta situación es demencial y diría que inconstitucional (…) Deberíamos de incidir y exigir que la enseñanza en primaria y en secundaria sea más igualitaria, ya que es ahí donde los roles se desarrollan y se construyen los ciudadanos y ciudadanas del futuro. Sin una buena reforma de los temarios en los que se cuide especialmente la inclusión de mujeres científicas, artistas, matemáticas, historiadoras…estaremos perdiendo una buena oportunidad de cambiar las cosas.

– ¿Cómo llamarías a esta generación? ¿Podría ser “La generación de la caja de Pandora”, en referencia al grupo de mujeres de las artes creado contra la violencia?

– P. N: Creo que el mito de Pandora describiría de alguna forma el momento que estamos viviendo. Por un lado, se destapan todos los horrores que sufren diariamente las mujeres y por otro, el propio nombre de Pandora significa “la que tiene todos los dones”. Y no olvidemos que después de abrir la caja y liberar todos los males del mundo, en el fondo quedó una última cosa, el espíritu de la esperanza.

Presentación de La Caja de Pandora frente al Reina Sofía. Madrid. Febrero 2018.

TERESA ALARIO: “Estas artistas han crecido sin madres, por así decir, y han descubierto que tenían madres y abuelas”

Unas pintoras citan a otras, y en paralelo así lo hacen unas profesoras con otras maestras, dando textura a este tejido de referencias. Citando a otra teórica, Patricia Malayo, Alario repite una palabra clave, “genealogía”. En especial, la profesora de la Universidad de Valladolid se detiene en la necesidad de una línea propia de las artistas españolas, por eso cita el trabajo imprescindible de Patricia Malayo, comisaria junto a Juan Vicente Aliaga de la gran revisión en el MUSAC, “Genealogías feministas en el arte español: 1960-2010”.

La profesora de la Universidad de Valladolid y directora de la Cátedra de Estudios de Género, Teresa Alario.

– La búsqueda de genealogía se repite…

–T. A: Hay una necesidad de crear una genealogía artística propia, porque las artistas necesitan reivindicar sus raíces, saber que las tienen. Las acciones y proyectos de Diana Larrea, María Gimeno o Paula Noya en este sentido nos lo indican. Las académicas ya lo estudiábamos, pero aún no se veía en las escuelas de arte. Estas artistas han crecido sin madres, por así decir, y han descubierto que tenían madres y abuelas. Todo es parte de un gran movimiento de reconocimiento a las “ancestras”.

– Estudiar las obras del pasado, crear a partir de ellas, adquiere un sentido ya de por sí emancipatorio ¿Advierte en ellas la existencia de un “grupo generacional”?

–T. A: Sí, si vemos cómo ellas están buscando la agenda feminista en las artes. Comparten esta idea de la creación de genealogía. Algunas están incorporando también cuestiones como la maternidad, los procesos de la madre y artista, otras trabajan sobre la violencia, o la invisibilidad. No es casualidad que con la acción de la reactivación de “Mari Boom”, por ejemplo, recuperen a una invisibilizada española como Patricia Gadea.

La “galería” Mari Boom en 1985 y la “reactivación” de 2018. Fotos: Javier Campano.
“Patosa”. Patricia Gadea (Madrid, 1960-Palencia, 2006). Esta obra, perteneciente al MNCARS, ha formado parte de la exposición “El poder del arte” (2018), expuesta en el Congreso y en el Senado.

A los artistas les conviene no tirar algunas viejas fotos con la cuadrilla, no vaya a ser que el tiempo las convierta en testimonio. De 1985 conservamos una vieja imagen en blanco y negro en la que cinco jóvenes, cuatro varones y una mujer, posan con desparpajo ante la entrada del pasadizo que une el Parque de El Retiro, en Madrid, con la estación de metro del mismo nombre. Aquellos “modernos” de 1985 eran un grupo de artistas que convirtieron el pasaje en un espacio para exponer y lo llamaron, no sin ironía, la galería “Mari Boom”, en referencia a la famosa galería neoyorquina de Mary Boone. En esa “Movida” de aquellos años participó esta artista, Patricia Gadea, fallecida en soledad y en el olvido en 2006 y a quien se refiere la especialista como pendiente de recuperación. Treinta y tres años después, Javier Campano fotografía en el mismo sitio a un numeroso grupo de mujeres de las artes, convocadas por el proyecto Antimuseo –un experimento que codirige otra de las retratadas de Noya, María María Acha-Kutscher– y el colectivo Las Roldanas, se unen en una acción reivindicativa de aquella “galería” Mari Boom y de la obra de Gadea y repiten el gesto de apropiación artística de un espacio público.

“Diosas, rameras, esclavas”. Patricia Gadea (Madrid, 1960-Palencia, 2006).
Susana Blas como Leonor Fini. Galería de Sororidad. Paula Noya.

SUSANA BLAS: “Me encanta poner en contacto a personas con motivaciones afines y crear proyectos nuevos que avancen en nuestra lucha”. 

– ¿Podemos ver en la galería de retratos de Paula Noya a una generación artística?

– S. B: Quizás no puede entenderse como retrato de una generación porque precisamente atraviesa las reglas temporales y mezcla mujeres de diferentes épocas. Aunque ahora las amigas retratadas sí pueden compartir una edad parecida, también ha incluido a mi hija Klára que representa “El futuro y la esperanza para las mujeres”, así como a Feli Morán, su amiga que falleció estas navidades, representando “La amistad eterna” y no olvidar a las mujeres de nuestra biografía personal. El proyecto está abierto y está ya planificando más retratos (…) Quizás lo que une a todas es esa intención de acabar con la desigualdad que se vive en el mundo del arte y visibilizar a las creadoras. Cada una a su manera lo hace en sus proyectos. Y también hay un vinculo afectivo muy fuerte: son todo mujeres que le despiertan a Paula cariño y admiración. Este aspecto es imprescindible para pintarlas. Por ejemplo, con mi hija tiene Paula una relación especial y se escriben casi a diario.

– ¿Qué papel crees que representas tu para este grupo de mujeres artistas, como amiga y comisaria? La profesora Alario te atribuye un lugar importante, dinamizador.

Gran parte de este grupo que aparece retratado somos las componentes de una logia llamada “Las Roldanas”, vecinas y amigas del barrio de La Latina en Madrid, que nos reunimos en el antiguo taller de la artista barroca Luisa Roldán, “la Roldana” –hoy residencia de la artista María Gimeno– para investigar la memoria de artistas olvidadas. Fue idea mía formar este grupo de proximidad (todas somos vecinas), porque yo conocía a casi todas ellas por separado y sabía que nos unían intereses y una misma lucha.  En muchos casos yo las presenté. También es cierto que yo no soy artista, sino comisaria e historiadora y mi trabajo es comunicar y poner en relación a personas, de ahí que me resulte más sencillo acercarme a los estudios de cada creadora y conocerlas bien. Por mi temperamento, muy social, me encanta poner en contacto a personas con motivaciones afines y crear proyectos nuevos que avancen en nuestra lucha.

Dicen los viejos manuales que una “generación” de poetas, pintores o creadores de cualquier clase es un grupo de coetáneos, nacidos en un intervalo no muy distante de años, que cultivan relaciones personales entre ellos, comparten una formación intelectual, participan en actos colectivos propios, a veces con la presencia de un “guía”, o con un acontecimiento generacional que aglutina sus voluntades. Tal vez la creación de esta “Caja de Pandora”, nacida en las redes sociales en 2017, sea a largo plazo recordada como ese pegamento, tal vez no. Lo que sí es seguro es que este puñado de mujeres del arte en la España de hoy viven y trabajan con sus propios lazos y redes de apoyo, afectos y colaboraciones, como arañas hermanas dando vida a un pasaje de la ciudad.

“Las artistas estamos aquí”. Clara Carvajal, Marina Vargas, Aurora Duque, Susana Blas y Paula Noya.