Javier F. Ferrero

La inflación alta se ha asociado con un crecimiento económico más lento, por lo que los esfuerzos por mantener la inflación en niveles bajos y estables son cruciales para reducir la pobreza y la desigualdad. Desde 2001, los movimientos de la inflación mundial han sido la causa de buena parte de la variación de la inflación en economías avanzadas y de mercados emergentes y en desarrollo. La influencia de este ciclo de inflación mundial ha sido más prominente en los países que están más desarrollados y más integrados en la economía mundial.

Las expectativas sobre la inflación en las economías en desarrollo y de mercados emergentes son más sensibles a los acontecimientos nacionales e internacionales que en las economías avanzadas. Las economías en desarrollo y de mercados emergentes con una deuda pública más baja y mayor apertura comercial suelen experimentar expectativas de inflación más controladas.

El informe de el Banco Mundial Inflation in Emerging and Developing Economies: Evolution, Drivers, and Policies confirma que los efectos adversos de la inflación elevada pueden recaer desproporcionadamente en las personas pobres, que mantienen la mayor parte de sus activos en efectivo y dependen en gran medida de los ingresos salariales, los beneficios sociales y las pensiones. 

En este trabajo se documenta la confluencia de factores estructurales y normativos que han contribuido a alcanzar bajos niveles de inflación durante las últimas cinco décadas. El más importante ha sido la integración sin precedentes entre el comercio internacional y los mercados financieros. La adopción de marcos de política monetaria, cambiaria y fiscal más resilientes en algunas de las economías emergentes y en desarrollo ha facilitado el control de la inflación. Sin embargo, los factores externos que han mantenido la inflación a raya durante décadas pueden perder su impulso o incluso invertir su tendencia.

Según Ayhan Kose, director del Grupo de Análisis de las Perspectivas de Desarrollo del Banco Mundial, “en una economía mundial extremadamente integrada, mantener baja la inflación puede ser un desafío tan grande como llegar a tener una inflación baja. Estas economías deben estar preparadas para cambios repentinos en la inflación mundial, y para eso necesitan reforzar los marcos de política monetaria, fiscal y financiera”.

En el estudio se analizan la evolución de la inflación y los factores nacionales e internacionales que la impulsan; el modo en que las expectativas sobre la inflación inciden en la estabilidad de los precios, y la manera en que las fluctuaciones del tipo de cambio pueden terminar causando inflación. Asimismo, se observa específicamente la forma en que la política monetaria y las variaciones del precio de los alimentos repercuten en la inflación en países de ingreso bajo.

Shanta Devarajan, economista en jefe interino y director superior de Economía del Desarrollo del Banco Mundial, indica que“en las investigaciones recientes sobre inflación, sus causas y sus características por lo general se ha omitido el impacto provocado en economías emergentes y en desarrollo. Este trabajo viene a cubrir ese vacío”

“El nuevo estudio será extremadamente valioso para diseñar políticas que protejan a las personas y a las economías más vulnerables de los efectos regresivos de la inflación elevada”, sentencia Devarajan.

 

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