Africa está experimentando una dramática pérdida de biodiversidad. Se estima que, para 2100, el cambio climático por sí solo podría causar la pérdida de más de la mitad de las especies de aves y mamíferos de África, así como provocar una disminución de entre el 20 % y el 30 % en la productividad lacustre (la vida vegetal y animal producida por un lago), y una pérdida significativa de especies de plantas.

Aún más inmediatas son las actuales amenazas para la biodiversidad de África derivadas de la pérdida y la degradación de hábitats naturales (especialmente debido a la expansión agrícola), la sobreexplotación directa de especies de fauna silvestre y recursos pesqueros (incluida la caza y el comercio ilegales) y la propagación de ciertas especies invasoras no nativas.

Esta pérdida de biodiversidad afecta los medios de subsistencia, el suministro de agua, la seguridad alimentaria y disminuye la resiliencia frente a fenómenos extremos, en particular de las personas que viven en zonas rurales y que suelen ser las más pobres.

Es imperativo que inverta en la gestión de cuencas hidrográficas y la gestión integrada de las zonas costeras y las áreas protegidas, a medida que los países se esfuerzan por lograr sus objetivos de desarrollo y planes de reducción de la pobreza.

Un enfoque clave es ayudar a los países a encontrar maneras de generar ingresos a partir de la biodiversidad —por ejemplo, a través del turismo o los pagos por servicios ambientales— que puedan cubrir el costo de administrar la biodiversidad y mejorar las economías locales. Es preciso mejorar la gestión forestal y evitar los delitos contra la vida silvestre como una manera de proteger el valor del turismo basado en la naturaleza, que a su vez afecta la resiliencia de las personas que viven alrededor de las áreas protegidas.

Reconocer, medir y gestionar el capital natural y los servicios de los ecosistemas a nivel nacional es clave para proteger la biodiversidad.

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