Diego Alonso Sacristán – Red Equo Joven


Como todas y todos estamos comprobando el cambio climático es latente en nuestro planeta, ya podemos empezar a comprobar los grandes cambios y terribles consecuencias que produce en nuestro entorno. Las lluvias de gota fría, el fin de las estaciones otoñales y primaverales o la contaminación del aire, entre otras cosas, son parte de las consecuencias que empezamos a experimentar.

Pero hay otras que pueden parecer no tan importantes y que no son una cuestión de vida o muerte en nuestra cotidianidad, pero sí son importantes para nuestra historia y para preservar nuestro legado de hace miles de años.

El cambio climático está afectando a nuestros monumentos, esos que nos recuerdan quiénes somos y de dónde venimos, aquellos enormes pedazos de tierra que llevan ahí desde tiempos inmemoriales y son un fiel reflejo del paso del tiempo y de la evolución de nuestra sociedad. Estos sufren un deterioro constante por culpa de la contaminación en el aire, las catástrofes naturales y todas esas consecuencias que acarrea el cambio climático.

Sin irnos muy lejos, en la imponente ciudad de Madrid, encontramos una de las joyas de la historia, el templo de Debod, monumento transportado en el siglo XX desde Egipto como regalo por la ayuda económica de los españoles en el desplazamiento del fastuoso templo de Abu Simbel. Este edificio, icónico en la ciudad de Madrid, lleva sufriendo los efectos de la contaminación y deteriorándose desde hace muchos años y ni un solo gobierno ha sido capaz de hacer nada al respecto. Sus piedras, acostumbradas a un clima distinto, se ven afectadas por los gases que desprenden los coches que cada día pasan a su lado. Esto podría terminar destruyendo el monumento en menos de cien años, a no ser que se tomen las medidas óptimas para su conservación.

Como éste, encontramos en España y en todo el mundo gran cantidad de ejemplos que se están deteriorando de forma severa por el cambio climático. Con todo esto, llegamos a una conclusión clara. La ecología política será la única manera de conservación de la historia de nuestra civilización, sin estas políticas nuestra historia se ira destruyendo poco a poco, algo que si permitimos acabará borrando la memoria de millones de años de historia.


Diego Alonso Sacristán

Estudiante de Historia del Arte en la UAM y activista en la Red Equo Joven. Desde los 15 años es activo en el sindicalismo, pasando por el Sindicato de Estudiantes entre otros. Motivado por el feminismo, la ecología, la política social y la memoria histórica. 

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