Xan Pereira

En todo el programa electoral de Vox no hay una sola mención al «medio ambiente«, «energías renovables» ni al «cambio climático«. El calentamiento global no parece existir para los miembros del partido de ultraderecha, ya que en su primera asamblea se refirieron a él como «una tomadura de pelo».

A Rocío Monasterio, la presidenta de ese partido en Madrid, le preguntaron hace unos días por este mismo tema. Para ella, sin embargo, el cambio climático no es una amenaza, ni tan siquiera un riesgo, sino un «camelo» . Se trata de «un argumentario falso, el del camelo climático».

Hay varios tipos de negacionistas del cambio climático: están los que piensan que el cambio climático no existe; los que lo admiten, pero dudan de que sea el resultado de la acción humana, y los que piensan que puede revertirse de manera espontánea, que la temperatura puede descender sin necesidad de hacer nada. Rocío Monasterio todavía está entre los del primer grupo.


Desde Vox deben creer que los más de 16.000 científicos (entre ellos unos cuantos premios Nobel) de 184 países que firmaron hace un año una carta a la ONU sobre las nefastas consecuencias de un aumento de la temperatura global este siglo, se equivocan. O tal vez, los miembros de Vox están mejor formados en la cosa medioambiental.

El partido de ultraderecha mezcla temas de forma interesada para atacar a los que defienden el planeta y lucha por parar el cambió climático. En un tuit de 2017, aprovechando que las llamas arrasaban Doñana, dijeron que: «Se habla mucho del cambio climático pero muy poco de nuevas políticas forestales para evitar incendios».

¿De qué hablamos cuando hablamos de lucha contra el cambio climático?

Desde Vox alientan la desaparición de nuestra superficie boscosa, pero por medidas más centradas en la economía. En su medida 47, prometen liberalizar el suelo para «Convertir en apto para ser urbanizado todo el que no deba estar necesariamente protegido por motivos de interés público convenientemente justificados».

La transición energética tampoco parece importante para Vox, más bien lo contrario, ya que anticipan un empujoncito a los combustibles fósiles: proponen rebajar los impuestos directos del gasóleo agrícola, el catalogado como B, el que alimenta a tractores y otras maquinarias de cultivo, y mucho más contaminante que el A que usan los automóviles.


Bajo la trayectoria actual, la concentración de CO2 se situaría alrededor de 750 ppm en el año 2100. A estos niveles, lo más probable es que el incremento de la temperatura supere los 3° C, e incluso que pueda superar los 4° C. El clima tiene un comportamiento no lineal. Un aumento de la temperatura de 2° C no es el doble de virulento que uno de 1° C (el que ya se ha producido), sino que puede serlo varias veces más. Un incremento de 3 o 4° C puede ser letal sobre el planeta. Previsiblemente, se producirán catástrofes naturales, escasez de agua y alimentos, corrientes migratorias de una magnitud desconocida, y conflictos armados.

Se puede discutir si las políticas actuales contra el cambio climático son o no las más adecuadas. De hecho, algunas de ellas son cuestionables. Lo que no es admisible es que el debate político ponga en duda cuestiones cuya naturaleza es estrictamente científica. Desde que Rajoy y su primo, ningún político en España había cuestionado la existencia del cambio climático. El negacionismo de Vox es peor que equivocado; es ignorante, acientífico y peligroso. No es tiempo de estas políticas retrógradas, necesitamos políticas inteligentes, realistas y conscientes. No necesitamos a Vox.

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