Profesor de matemáticas jubilado, a Francisco Iglesias nunca le han salido los números en las elecciones generales: candidato por Zamora en las trece citas de los últimos cuarenta años, siempre ha tenido ínfimos resultados y no por ello deja de intentarlo. Es un político con más moral que el Alcoyano.

«El Alcoyano podría aprender de nosotros en ese sentido», ha confesado a EFE el número uno al Congreso y presidente del Prepal (Partido Regionalista del País Leonés), que al hilo de la expresión futbolística que define a quien derrocha ánimo frente a un reto de gran dificultad ha indicado que defiende sus ideas «con tenacidad».

En su primera experiencia electoral, en 1979, figuró en las papeletas al Senado por una agrupación local, al año siguiente fundó el partido que sigue presidiendo y cambió el color sepia por el blanco para concurrir desde entonces en todas las citas electorales como candidato a la Cámara Baja.

Pero como la constancia no da votos, Francisco Iglesias Carreño nunca ha estado cerca de tocar poder y únicamente aspira a resultados como los logrados en las últimas generales: 148 sufragios, o lo que es lo mismo, el 0,14 por ciento de los votos.

Lo suyo es «pedagogía política», ha asegurado, ya que la formación que lidera no se mueve por resultamos electorales sino «en función de defender los intereses de nuestra región histórica».

Eso diferencia a su minoritario partido «casi abismalmente» de los planteamientos de otras formaciones políticas que existen «en función del resultado que tienen, no del mensaje que quieren mandar a la sociedad».

Presume además de que en sus campañas nunca ha recibido ni un euro de dinero público ni de financiación de entidades bancarias.

Aún así, con un exiguo presupuesto, en cada cita electoral ha participado en la primera pegada de carteles en el barrio zamorano de San Lázaro y ha distribuido pegatinas con el nombre de Prepal sobre un fondo de color morado que utilizó décadas antes que Podemos.

En los próximos días, como ha hecho en otras campañas, Iglesias Carreño acudirá a mercadillos, romerías y otros actos en los que se concentra un número importante de personas para pedir el voto.

Dispuesto a reclamar igualdad de trato con el resto de aspirantes, este «eterno» candidato al Congreso de los Diputados ha opinado que debería estar en los debates electorales nacionales porque su partido también concurre a las generales, aunque sólo lo haga en las provincias de León, Zamora y Salamanca.

Sin embargo, ha admitido que la realidad es bien distinta, ni siquiera es llamado para los debates organizados por medios locales y regionales y en las encuestas sus votantes tienen que marcar la casilla de «otros» al no aparecer su formación con nombre propio.

Iglesias Carreño ha aprovechado la popularidad efímera que puede darle ser uno de los candidatos con más campañas electorales y peores resultados a su espalda para reclamar el apoyo de cincuenta cargos electos de cualquier punto de España.

Esa sería una de las vías para poder presentarse a las elecciones al Parlamento Europeo de mayo, ya que la otra fórmula, que es conseguir 15.000 firmas, le resultaría aún más complicada.

De cara a esos comicios, a falta de los avales, ya tiene lista la candidatura que volverá a encabezar como ya hiciera en las Europeas de 2014.

Su objetivo, más allá de superar el techo de los 8.783 votos (el 0,05 por ciento) logrados en toda España en aquellos comicios, pasa por poder volver a llevar los nombres Salamanca, Zamora y León a todos los colegios electorales del país, lo que supone «una labor de difusión de nuestra región que es única».

Desde el punto de vista ideológico, este atípico político hace un encendido discurso en defensa del antiguo Reino de León y su conversión en autonomía propia desligada de Castilla, aunque siempre «dentro del marco constitucional, no como en Cataluña», aclara.

Alberto Ferreras .

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