En el imaginario colectivo, un escape en helicóptero es sinónimo de la evacuación de Saigón, en 1975. Es decir, es sinónimo de fracaso militar.

“No habrá ninguna circunstancia en la que vayan a ver gente despegando desde el techo de la embajada de Estados Unidos en Afganistán”, dijo Joe Biden el 8 de julio pasado desde la Casa Blanca. La promesa le duró poco más de un mes. Este domingo, las imágenes que llegaron desde Kabul mostraron un helicóptero que trasladaba al personal del país norteamericano desde la sede diplomática hasta el aeropuerto. Para Estados Unidos, la imagen de un escape en helicóptero es sinónimo de la evacuación de Saigón, en 1975, cuando el ejército norvietnamita tomó la ciudad. Es sinónimo de fracaso militar.

Después de veinte años

Después
de 20 años y más de dos billones de dólares gastados, Estados Unidos se
va de Afganistán de una forma que nunca pudo prever. El colapso del gobierno afgano y retorno de los talibanes,
que Biden hace un mes calificó como “altamente improbable”, sucedió en
tiempo récord. En menos de una semana, el grupo islamista radical tomó
provincia tras provincia hasta llegar a la capital.

Abusos y torturas

Hace
apenas un mes, las tropas estadounidenses habían dejado en silencio la
base aérea de Bagram, un predio que también funcionó como prisión y en la que se documentaron casos de abusos y torturas en los primeros años de la guerra. Este domingo, Associated Press incluía Bagram entre los edificios que ya están bajo control del Talibán.

Biden heredó de Donald Trump el acuerdo de una retirada total.
Cuando asumió, extendió el período para hacerlo y pasó, para el 31 de
agosto, lo que originalmente tenía que terminar en mayo de este año.
Aunque todavía faltan dos semanas para esa fecha, ya se sabe que el
retorno de las tropas no va a suceder como se pensaba.

Caos y críticas

Desde que anunció su intención de continuar con la retirada, Biden enfrentó las críticas de quienes señalaban que existía el peligro de que los talibanes retornaran.
Cuatro presidentes, dos de cada uno de los dos partidos mayoritarios de
Estados Unidos, han estado a cargo de la guerra en Afganistán desde
2001. Al asumir, Biden fue tajante: “No voy a pasarle esta
responsabilidad a un quinto”.

Durante la semana pasada, cuando
quedó claro el regreso del grupo islamista radical, el gobierno
estadounidense mantuvo su postura. “Un año más o cinco años más de
presencia militar de Estado Unidos no habría marcado una diferencia si
el ejército afgano no puede o no va a controlar su propio país”, dijo
Biden en un comunicado. A pesar de eso, autorizó el despliegue de unas 6.000 tropas en medio del caos para asegurar “una retirada ordenada y segura del personal” del país norteamericano y de sus aliados.

Pero
si Washington planeaba una evacuación tranquila de la embajada, eso
quedó descartado en cuanto fue evidente que el gobierno de Ashraf Ghani
no se sostendría mucho más tiempo. Este domingo, la sede diplomática suspendió las operaciones consulares y emitió una alerta.
“La situación de seguridad en Kabul cambia rápidamente, aeropuerto
incluido. Hay informes de que el aeropuerto está bajo fuego. Por lo
tanto, instruimos a los ciudadanos estadounidenses a que busquen refugio
en donde estén”, dice el aviso.

Mientras las noticias desde Kabul
confirmaban el ingreso de los talibanes a la capital, la Casa Blanca se
mantuvo prácticamente en silencio. Biden pasó el fin de semana en Camp
David, una residencia ubicada en las afueras de Washington en la que los
presidentes estadounidenses suelen descansar. Su agenda no lo muestra
con actividad pública hasta el próximo miércoles.

La
administración apenas dejó ver una foto del mandatario recibiendo un
informe por videoconferencia. “El presidente y la vicepresidenta se
reunieron con su equipo de seguridad nacional y funcionarios de alto
rango para escuchar informes sobre la retirada de nuestro personal civil
de Afganistán, evacuación de quienes pidieron visas especiales y otros
aliados afganos”, dice el tuit oficial.

El que sí salió a hablar fue el secretario de Estado, Antony
Blinken. Su principal misión fue intentar detener, sin éxito, las
comparaciones con el fin de la Guerra de Vietnam.
“Entramos en
Afganistán hace 20 años con una misión y esa misión era hacer frente a
los que nos atacaron el 11 de septiembre. Esa misión fue exitosa»,
insistió. Pero tanto el resultado como la extensión de la guerra
alimentan las comparaciones.

Una guerra interminable

Estados
Unidos y la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN)
derrocaron a los talibanes en Afganistán en 2001, después de la decisión
del republicano George W. Bush de llevar adelante una guerra contra el
terrorismo y Al Qaeda tras el atentado contra las Torres Gemelas.

Un
año después, el mandatario prometió “ayudar a reconstruir un Afganistán
que sea libre de este mal y un mejor lugar para vivir”. Hasta 2009, el
Congreso de Estados Unidos le autorizó 38 mil millones de dólares para
hacerlo, según Council on Foreign Relations. En el medio, el país
asiático sancionó una constitución, eligió presidente e integrantes de
las dos cámaras de su parlamento.

La llegada del demócrata Barack Obama a la Casa Blanca en 2009 significó un nuevo envío militar a Afganistán. Durante su presidencia, Estados Unidos asesinó a Osama Bin Laden, líder de Al Qaeda, en Pakistán, pero las tropas igualmente se quedaron también durante sus dos mandatos.

En 2013, el ejército afgano se hizo cargo de la seguridad del país. Desde entonces, el relato oficial de la coalición Estados Unidos-OTAN fue el de que estaba entrenando a los afganos para que pudieran sostenerse. Pero
hace dos años, un informe del Washington Post mostró cómo Estados
Unidos venía escondiendo la evidencia de que estaba en una guerra que no
podía ganar
. “Si el pueblo estadounidense viera la magnitud de esta
disfunción… 2.400 vidas perdidas”, decía uno de los testimonios
recogidos por el periódico. El número se refiere apenas a las vidas de
militares estadounidenses. Associated Press estima que murieron 66.000
miembros del ejército y de la policía afganos y 47.245 civiles. Del lado
de los talibanes, la cifra es de 51.191.

En 2017, Trump asumió
con la idea de irse de Afganistán y terminar con lo que él consideraba
guerras eternas en las que Estados Unidos gastaba mucho mientras sus
aliados se aprovechaban. En febrero de 2020, anunció un acuerdo con los
talibanes: Estados Unidos se retiraría y el país asiático no sería usado
en actividades terroristas. En noviembre pasado, después de que el
republicano perdiera las elecciones, el Departamento de Defensa informó
que para enero de este año habría apenas 2.500 tropas en terreno afgano,
en línea con lo que se proponía el acuerdo.

Tras asumir, Biden lo mantuvo. Aunque el colapso era posible, ningún informe de inteligencia o de seguridad le había indicado que estaba tan cerca.

Fuente: https://www.pagina12.com.ar/361784-el-colapso-de-afganistan-evoca-en-ee-uu-el-recuerdo-de-vietn

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