La reciente inclusión del conejo silvestre en la categoría de “en peligro” dentro de la Lista Roja de Especies Amenazadas de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) viene a demostrar que lo que llevan tanto tiempo señalando parte de la comunidad científica y las organizaciones ecologistas es un hecho. No solo no cabe considerar al conejo como una plaga, sino que la realidad señala que sus poblaciones son las de una especie amenazada. Han decrecido enormemente, entre un 60 % y un 70 % según la UICN, habiéndose extinguido en áreas de distribución a escala local.

Este desplome de las poblaciones, que se suma a otros sufridos en el pasado, está afectando al papel estratégico de la especie como presa fundamental en los ecosistemas mediterráneos. Poniendo en riesgo la supervivencia de poblaciones naturales tradicionales de especies amenazadas, como el lince ibérico, el águila imperial o el águila de Bonelli o perdicera.

Sin duda son diversos los factores que contribuyen a esta situación, pero entre ellos emergen de forma significativa en el último informe de la UICN la destrucción de los hábitats a causa de la agricultura y la ganadería, y la sobreexplotación y la mala gestión a causa de la caza.

Las enfermedades víricas, la mixomatosis y las distintas variantes de la enfermedad hemorrágica, contribuyeron de manera crítica a la reducción de las poblaciones desde 1950 y aún hasta ahora. Pero la especie ha ido generando inmunidad, por lo que fenómenos de recuperación suceden a los de epidemia.

Lejos de poder controlar estas enfermedades, además se ven favorecidas por el constante trasiego de ejemplares vivos o muertos que la caza genera entre las distintas áreas de distribución. Por ello, la gestión humana del territorio y de este lagomorfo se revela como el principal factor para que se haya incrementado su nivel de amenaza.

En el caso de España, donde el conejo es especie cinegética y la responsabilidad de su gestión recae en las comunidades autónomas y en los cotos de caza, se ha impuesto en la última década la idea de que hay que hacer un control muy severo de las poblaciones a través de la gestión cinegética para evitar daños en la agricultura. Hasta el punto de que los tibios intentos de enfocar la gestión de la especie de forma integral, como los planes regionales de Castilla-La Mancha o de Andalucía, se han derogado o caído en el olvido por la presión del lobby agrario y cinegético.

Además, el conflicto por los daños en la agricultura no se apacigua a pesar de que se cazan en proporción más conejos que nunca, con todo tipo de artes de caza y en todas las épocas del año. Los afectados se resisten a tomar sencillas medidas de protección de los cultivos y todo ello lleva a pensar básicamente que se exagera el problema, y que interesa mantener el clima de alarma social y victimismo creado en torno a él.

Las administraciones se desentienden de controlar la agricultura y la ganadería, fomentando la intensificación de estas actividades en el territorio, lo que supone la destrucción de los hábitats y su contaminación por pesticidas. Se guían por un enfoque trasnochado y radical de gestión de la especie, basado en el punto de vista de técnicos y científicos abiertamente procinegéticos.

La UICN ha situado a España en una encrucijada en relación al conejo. O redirige el modelo de gestión de la especie, o se acelerará su desaparición y, con ella, una parte esencial de la arquitectura de uno de los ecosistemas más biodiversos de Europa, el monte mediterráneo.

En este sentido la actuación coordinadora del Gobierno central, a través de los Ministerios con responsabilidades en agricultura y medio ambiente, se hace esencial. Hace falta un grupo de trabajo que elabore, ya, una estrategia estatal para el conejo.

Por su parte, las comunidades autónomas, dejando al margen Canarias donde la especie es introducida y cabe considerarse como invasora, tienen que reformular la condición de especie de caza del conejo. Sin perder de vista las singularidades de cada territorio, pero siempre sobre la base de que según la IUCN la especie está amenazada, la nueva regulación se debe hacer desde el planteamiento de las necesidades de protección y recuperación del conejo en España.