José Antonio Martín Acosta
Candidato de Unidas Podemos al Senado por Bizkaia


La socióloga María Ángeles Durán hablada hace pocos días de Cuidatoriado en su obra  ‘La riqueza invisible del cuidado’ (Publicacions de la Universitat de València, 2018), donde ofrece una visión académica y científica del trabajo del cuidado, considerado como una fuente de recursos invisibles no incorporados al análisis económico. Igualmente, en esta obra se plantea el surgimiento de la nueva clase social cuidatorial, también denominada ‘cuidatoriado’. En definitiva, en este libro se plantea el reconocimiento social del cuidado, un trabajo no remunerado asignado tradicionalmente a las mujeres.

Esencialmente nos viene a decir que en los países desarrollados está surgiendo una nueva clase social sin derechos, sin conciencia de clase y cuya cualidad más sensible obedece a estar vinculada con el envejecimiento. No están ni en la industria ni en el sector servicios, aunque formalmente puedan reconocerse como inscritas bajo el paraguas del amplísimo sector terciario, ni en la agricultura, su función es cuidar y no siempre recibiendo un subsidio por ello ni una recompensa en forma de especie sino que, por el contrario, se encuentra enterrado en subsidiariedad y en la semi legalidad. La autora comenta que en el momento en el que este sector importantísimo de nuestra sociedad tome conciencia de sí misma se operará entonces un cambio copernicano y revolucionario. En las palabras de la socióloga María Ángeles Durán: “No creo que las mujeres podamos seguir asumiendo la carga que tenemos ahora y que proviene de una herencia histórica muy pesada y muy arraigada, ya que ha estado vinculada sobre todo con la maternidad. Realmente, la conexión biología-cuidados era muy fuerte. Hoy esto ha cambiado. Ahora los mayores requieren cuidados de forma más prolongada. Reconocer que el cuidado es una actividad esencial y que no debiera caer solamente en las mujeres significa una revolución. Consecuentemente, hay que cambiar desde el urbanismo hasta los sistemas de transporte… Hay que cambiar todo el sistema fiscal, hay que cambiar el educativo. Significa tocar toda la estructura, por eso va a llevar mucho tiempo”.

Ilustración de Javier F. Ferrero

Escuchándola me he acordado de mis hermanas mayores, de lo que significaba ir a Getxo o a Bilbao, donde vivían familias ricas y donde se quedaban a trabajar en la casa como internas. Trabajo doméstico venía a significar trabajo de limpieza y mantenimiento del hogar, hacer la compra y la comida, etc. pero también ir a buscar a los niños al colegio o cuidar a una persona anciana normalmente impedida con todo lo que ello implicaba. Trabajo semi esclavo, mal pagado y que venía a incidir en la diferencia de clase por cuanto, una vez más, la clase obrera servía a la clase dirigente. El cuidatoriado viene a sustituir aquella servidumbre porque actualmente son mujeres extranjeras las que llevan a cabo ese trabajo. Pero por ello se ha depauperado todavía más y se ha precarizado de forma alarmante. Y ni qué decir tiene que lo único que tienen en común es que siguen realizándolo fundamentalmente mujeres. Es más, ya no estamos hablando de una perspectiva de clase o de género sino que el cuidado no remunerado recae siempre en las mujeres de la familia sean estas trabajadoras por cuenta propia o ajena o, simplemente desempeñen los cuidados de forma gratuita porque se trata de cuidar a los padres o a los abuelos. Los hombres jamás hemos hecho semejante sacrificio por lo que el cuidatoriado viene estando representando por mujeres extranjeras precarizadas y cuyo sueldo suele ser en negro y mujeres españolas mayores de cuarenta años que desempeñan una función importantísima pero que no es visible porque económicamente no entra dentro de los cánones salariales. Por lo que nos encontramos ante una realidad social tremendamente dañina y más aún a sabiendas de que la pensión media de las mujeres que se quedan viudas y que demandan una ayuda por parte de las administraciones, es de unos 650€ con lo que no pueden pagarse la ayuda suplementaria que necesitarían. Estas mujeres se ven forzadas a contratar mano de obra barata y susceptible de explotación de las mujeres extranjeras. No tienen más que echar un ojo a los parques públicos para darse cuenta de quiénes son las mujeres que ayudan a nuestros ancianos y en qué situación legal o laboral se encuentran. La cuestión es bastante más peliaguda ya que al ser normalmente extranjeras no votan y, por lo tanto, no suponen un sujeto político al que interpelar en campaña y sin embargo ahí están trabajando muchas horas por un salario mísero y con la espada de Damocles sobre sus cabezas si se quejan de sus condiciones laborales.

El hecho de pertenecer a una triple clase social, el proletariado, el precariado y el cuidatoriado, además de ser parte del género femenino, ultrajado, vilipendiado, asesinado, violado, depauperado, nos hace pensar que estas mujeres son la espina dorsal de la verdadera clase obrera. Carecen de derechos porque trabajan puertas adentro y son invisibilizadas y ninguneadas por los estudios sociológicos cuando tienen la suerte de ser mujeres autóctonas y son además fruto del abuso del sistema, de la misma precariedad de las personas que cuidan y que no pueden pagar más de lo que las pagan. Y además el sistema de pensiones público y la ley de dependencia, quebradas por la falta de presupuesto, remendando la más de las veces las verdaderas necesidades del colectivo social y no disponiendo de mecanismos suficientes para la respuesta a los problemas de las personas reales, ha demostrado carecer de la suficiente cintura política para dar salida a un problema de dimensiones estatales, el cuidado como fundamento de lo público.

Por otra parte la consideración de la ciudadanía sobre la necesidad de valorar de forma suficiente los cuidados va muy por delante de la consideración mediática o partidista y lo vemos claro en la lucha de diversos colectivos que tienen que ver con los cuidados como por ejemplo la lucha de las Kellys por un salario digno, el reconocimiento de sus enfermedades laborales o la excesiva carga de trabajo. Las camareras de piso de los hoteles Barceló Nervión y NH Villa de Bilbao han consiguieron una victoria obrera con una subida salarial del 48% tras mes y medio de huelga. Otro tanto tenemos las trabajadoras de las residencias de ancianos cuyo papel en diversas huelgas ha sido fundamental en zonas como Bizkaia donde estuvieron más de un año para que le fueran reconocidos sus derechos laborales, las trabajadoras (alrededor de 5.000) llegarán a los 1.200 euros de salario neto por 14 pagas en 2020 y a las 1.592 horas anuales en el año 2022, según se recoge en el acuerdo para el convenio colectivo que los sindicatos y las tres patronales del sector, Gesca, Lares y Elbe, han firmado tras casi dos años de conflicto y cerca de 370 días de huelga. Las trabajadoras han recalcado que ha sido «una lucha social y feminista», que ha logrado dignificar los trabajos de cuidados.

Me pregunto qué ocurrirá cuando las mujeres que conforman el cuidatoriado se den cuenta de su fuerza popular y demanden de la ciudadanía y de los poderes públicos un poco de los derechos que se merecen. En el momento en el que tomen conciencia de clase estaremos asistiendo a una auténtica revolución, la revolución de los cuidados.

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Poeta. Historiador. Obrero. A los 10 socialdemócrata, a los 20 socialista, a los 30 comunista, a los 40 anarquista y ahora candidato de Unidas Podemos al Senado por Bizkaia.

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