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Nuria Menéndez de Llano-Rodríguez
Abogada y directora del Observatorio Justicia y Defensa Animal
Investigadora predoctoral sobre el Estatuto Jurídico de los Animales (UAB)
Associate Fellow Oxford Centre for Animal Ethics


En estos días, el presidente del Gobierno de España en funciones, Pedro Sánchez, se está reuniendo con colectivos de la sociedad civil. Es un gesto que valoro positivamente, si no fuera por dos razones. La primera es que debería hacerlo periódicamente como parte de la acción de gobierno. Es necesario contar con la sociedad civil y escuchar sus necesidades y reivindicaciones, y no sólo hacerlo cuando existe premura por conformar un nuevo Ejecutivo. En segundo lugar, porque en estas rondas ha excluido expresamente al movimiento animalista, dando la espalda al cada vez más amplio sector de la sociedad española conformado por los que somos defensores de los animales. Lejos queda aquella llamada preelectoral del entonces candidato a la Presidencia del Gobierno de España, Pedro Sánchez, a Sálvame en 2014, prometiendo migajas a los defensores de los animales. En estas líneas trataré de explicar por qué considero un error estratégico no contar con un colectivo social de esta magnitud.

Comenzaré incidiendo en el hecho de que el movimiento animalista constituye un sector social muy extenso, heterogéneo y complejo, que, como todos los grandes movimientos sociales, aúna un amplio espectro de sensibilidades dentro del propio colectivo. Esta parte de la sociedad civil lucha por los derechos del grupo más numeroso y a la vez más explotado y vulnerable del planeta: los animales no humanos. Este es el último bastión de la Justicia Social, y debe ser atendido y escuchado si queremos que nuestra sociedad evolucione y sea una sociedad moderna, más empática y más justa, que rechace frontalmente toda forma de violencia opresora, también la ejercida hacia los animales porque, como decía Simone de Beauvoir, no es posible crear justicia en el seno de la injusticia.

Dentro del animalismo se incardina una gran masa social que incluye tanto a ese sector de la sociedad española al que le gustan los animales en general y que están en contra de su maltrato, como a los que centran su atención en la necesidad de proteger y recuperar a la fauna salvaje, así como los amplios grupos sociales antitaurinos que se oponen a los festejos cosificadores y crueles con animales y, finalmente, también a los crecientes sectores antiespecistas y veganos, que amplían su círculo de compasión a todo tipo de animales, sin discriminarlos según sea su especie.

Además de lo anterior, el movimiento animalista posee una virtualidad que potencia aún más su poder transformador para la sociedad, y que consiste en que los postulados ético-políticos y filosóficos que conforman sus bases intelectuales están íntimamente ligados a otros dos grandes movimientos sociales hermanos: el movimiento ecologista y el movimiento feminista. Sin duda, el puente entre el animalismo y estos otros dos movimientos es el ecofeminismo que, lejos de ser un simple feminismo ambiental, es un feminismo más avanzado, que analiza la conexión existente entre la opresión, la dominación y la cosificación de las mujeres y de los animales no humanos como víctimas inequívocas de la violencia patriarcal. Es por ello que son tan necesarios los llamados pactos de ayuda mutua entre estos importantes movimientos sociales, tal y como sostiene la filósofa ecofeminista Alicia Puleo, con quien comparto la idea de que las causas justas han de dialogar, sostenerse y reforzarse mutuamente.

Otra clave que no debe pasar desapercibida sobre el movimiento animalista es la gran representatividad social que ostenta. Que el animalismo arrastra a una gran masa dentro de la sociedad española no es una afirmación mía sin más, sino que viene respaldad por datos objetivos, como por ejemplo los siguientes:

En primer lugar, desde el ámbito político, cabe resaltar la existencia de un partido político nacional animalista, el Partido Animalista (PACMA), que se ha erigido en la segunda fuerza extraparlamentaria de España con unos resultados electorales que hablan por sí mismos. Por ejemplo, en las últimas Elecciones Generales del 28 de abril de 2019, PACMA obtuvo 328.299 votos al Congreso y 1.322.370 al Senado. Además, la mayoría de los otros partidos ya incluyen en sus programas electorales políticas animalistas de distinto alcance, como muestra de la necesidad de recoger esta sensibilidad social mayoritaria. Así, otras formaciones políticas como Podemos, Izquierda Unida o Equo tienen, desde hace años, sus propias secciones Animalistas que trabajan mucho y bien en pro de políticas públicas que mejoren el respeto y la protección de los animales.

En segundo lugar, según datos oficiales, en España existen alrededor de 2.500 entidades legalmente constituidas, sean asociaciones o fundaciones, cuya misión es la promoción de la defensa de los animales y la salvaguarda de sus derechos. Estas entidades aglutinan en su conjunto a cientos de miles de socios, voluntarios y simpatizantes, que desarrollan una más que encomiable labor de sensibilización social y de asistencia a los animales sin hogar, enfermos, abandonados, etc. Se trata, sin duda, de una labor solidaria y de voluntariado que debería ser reconocida y respetada, especialmente, por las instituciones.

En tercer lugar, en las últimas legislaturas, entre los escasos temas que consiguieron recabar el apoyo unánime del Pleno del Congreso de los Diputados se encontraba la iniciativa parlamentaria relacionada con la reforma de la legislación civil española para que los animales dejaran de ser considerados legalmente cosas en nuestro país. Iniciativa, por cierto, que, al haberse producido el adelanto electoral, caducó sin llegar a ver finalizada su tramitación parlamentaria, pero que, sin duda, volveremos a poner en la agenda política nacional muy pronto. La campaña #AnimalesNOsonCosas, que impulsó esta reforma legal en 2015 y que logró llevarla al Congreso de los Diputados en 2017, y cuya dirección legal tuve el honor de llevar a cabo con el Observatorio Justicia y Defensa Animal, ha conseguido hasta la fecha la nada desdeñable cifra de más de 413.000 apoyos ciudadanos.

En último lugar, llama la atención que, a pesar del “olvido” patrio del CIS al preguntar en sus encuestas sobre la inquietud de los españoles al respecto de temas relacionados con el maltrato animal, ya el Eurobarómetro de 2016 sobre la posición de los europeos hacia el bienestar animal calificaba la preocupación de los españoles sobre este tema como un asunto muy relevante.

Por todo lo anterior, no cabe duda de que el movimiento animalista goza de muy buena salud en nuestro país. Es una corriente social sólida que pugna por una sociedad más justa, más empática y menos violenta. Por tanto, nuestro movimiento debe ser escuchado y tenido en consideración por más que el establishment nos perciba como una amenaza y se oponga a que se nos dé visibilidad.

El ninguneo institucional del movimiento animalista en España es de tal calado que, por ejemplo, desde el Observatorio Justicia y Defensa Animal venimos denunciando, ya desde 2013, la inexistencia de órganos públicos consultivos en sectores que afecten a los animales o, lo que es aún más surrealista, que existiendo estos órganos, como es el caso del Consejo Andaluz de Protección de Animales de Compañía, se excluya de ellos a representantes de los colectivos animalistas. El Defensor del Pueblo andaluz nos dio la razón en este último caso al considerar que dicha exclusión vulneraba los artículos 23 y 105 a) de la Constitución española, al impedir el derecho de los ciudadanos a participar en los asuntos públicos directamente o a través de representantes o de las asociaciones reconocidas por la ley. Hasta la fecha, dicha ilegalidad no ha sido solventada. Seguimos siendo un colectivo social mayoritario pero excluido.

Tampoco vamos a mantenernos callados ante la exclusión reiterada a participar en los asuntos públicos por parte de la Presidencia del Gobierno o de la Casa Real, mientras invitan a eventos oficiales a otros sectores de la sociedad civil mucho menos representativos que el nuestro.

¿Lo oye Sr. Sánchez? Es el movimiento animalista que ha llegado para quedarse y quiere ser escuchado.

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