Raul Ariza
Comité Regional PCE Aragon. Coordinador Área Protección Animal IU Aragon


En nuestro XX Congreso del PCE, realizábamos un análisis de la situación actual, para poder intervenir en la misma y manifestábamos lo siguiente “El ecosistema terrestre, en el que tenemos nuestro hábitat y forma de  vida y que a lo largo de la historia nos ha mantenido, esta amenazado por la sobreexplotación de los recursos naturales y por el exceso de vertido de contaminantes a la tierra, al aire y al agua. Esta crisis ecológica nos plantea un gran reto en todos los ámbitos, pues se une a la brecha, cada vez más grande entre países ricos y países pobres, entre primer y tercer mundo, entre regiones favorecidas y regiones abandonadas, entre centro y periferia, entre capital y trabajo”.

El desequilibrio brutal, entre la calidad y condiciones de vida actualmente existente entre el medio rural y el urbano, esta íntimamente ligado al modelo de producción impuesto en el reino de España, al sometimiento a los mercados por parte de los diferentes gobiernos que se han alternado en el estado, y a una visión alejada de la realidad de las necesidades presentes y futuras de las personas que no viven en las grandes urbes.

Desde el año 1987 y a instancias de la Comisión Europea para lograr una presunta competitividad de nuestro campo, palabra usada para justificar  expolios continuados en la renta de nuestros agricultores y agricultoras, se impulsaron una serie de medidas para que ese 20% de la población española que estaba trabajando de forma activa en el sector ganadero y agrícola, no sobrepasara el 14%.

Fueron los años donde se impulsaron iniciativas con un único objetivo, lograr que esa población emigraran a las ciudades una generación entera de jóvenes que veían como el poder seguir trabajando en sus pueblos, resultaba inviable  Fueron los años donde se pagaba con dinero público del Estado y de Europa, el  arrancar olivos, dejar de producir leche, o arrancar viñedos. En vez de realizar políticas públicas para potenciar el mantenimiento de las pequeñas explotaciones agropecuarias que habían pasado de generación en generación , se potencio el modelo que se impuso por los mercados europeos, con la complicidad, salvo honrosas excepciones de la mayoría de fuerzas políticas que veían esas ayudas millonarias como el mana en el desierto. Craso error.

El desmantelamiento de los servicios públicos durante este periodo, fue directamente proporcional a la disminución y envejecimiento de la población, con el cierre parcial o total  de consultorios médicos, escuelas, estafetas de correos y bancos, o estaciones de ferrocarril. Una lógica perversa que solo la visión economicista de los Servicios Públicos, podía justificar.

Era la tormenta perfecta para conseguir que las generaciones más jóvenes tuvieran que emigrar y así satisfacer las necesidades de mano de obra de los centros industriales que resistían el proceso que también se estaba produciendo en diferentes regiones españolas con la reconversión industrial. Un ejercito de mano de obra joven, para poder seguir construyendo el modelo económico español que la Europa del capital necesitaba.

El gravísimo problema que esta forma de intervencionismo , no en pro de un modelo sostenible, sino en la conquista de un modelo agrícola y ganadero al servicio de los intereses de los mercados europeos, se prolongo hasta finales de siglo, y si se decidió revisar estas políticas destructoras de la vida en el mundo rural con mas del 90% del suelo, fue para imponer un modelo basado en grandes productores terratenientes  y corporaciones transnacionales que a través de un complejo entramado controlaran el sector primario y con ello se garantizaran el control sobre uno de los pilares básicos para facilitar la justicia social, la soberanía alimentaria de los pueblos.

El abandono del mundo rural por parte de las administraciones públicas, de una manera consciente y deliberada, ha supuesto que la mitad de los municipios españoles se encuentren actualmente en riesgo de extinción, tal y como recoge el estudio de la FEMP,(Población y despoblación en España 2016),” la mitad de todos los municipios españoles se encuentran ya en riesgo de extinción; en 14 provincias españolas más del 80% de todos sus municipios no pasan de 1000 habitantes, en apenas década y media, 358 municipios han pasado a engrosar la lista de localidades que no superan los 100 empadronados, siendo 1286 municipios en esta situación, y que durante el 2016, 36 provincias han perdido población por una dinámica de regresión demográfica que sigue cebándose mayoritariamente en las áreas rurales.”

Este modelo agrícola y ganadero basado en la competitividad económica, frente a la cooperación armónica entre el medioambiente y las personas, es la misma confrontación histórica entre el modelo de explotación capitalista de los recursos naturales  y la soberanía alimentaria de los pueblos. Los resultados más inmediatos son fácilmente reconocibles, una concentración de la riqueza en pocas manos, el abandono de explotaciones familiares agrícolas y de ganadería extensiva, ante el derrumbe de los precios impulsado por los intermediarios para mantener su margen de beneficio, y unos pueblos envejecidos, mal comunicados y con unos servicios públicos degradados en grado superlativo. Una de las medidas que han influido de forma muy importante, ha sido la Política Agraria Común, pero eso será motivo de otro análisis en profundidad.

Esta breve radiografía de la realidad, no nos debe llevar al desanimo, sino todo lo contrario. Es el momento de impulsar un modelo de desarrollo en nuestros pueblos, que garantice la igualdad de derechos al mismo nivel que los habitantes de las urbes. Existen medidas a tomar a diferentes niveles, aunque para nosotros, la posibilidad de que en una economía capitalista, con leyes y normas elaboradas y preparadas por los poderes económicos y sancionados por los parlamentos de los diferentes países formalmente, es imposible, tenemos la obligación de impulsar medidas que garanticen la supervivencia de nuestros ecosistemas, en los cuales la raza humana es uno más de sus moradores. Ni más ni menos.

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