Página/12

En punto muerto están las negociaciones entre el oficialismo y la oposición en Chile para darle una continuación al proceso constituyente, tras el triunfo de la opción “rechazo” a la propuesta de constitución que buscaba reemplazar la de 1980 —promulgada por el mismísimo Pinochet— y aún vigente en el país.

Fueron más de 7 millones 800 mil de chilenos que rechazaron el texto de la Convención Constituyente frente a 4 millones 800 mil que aprobaron un texto que proponía mayores derechos sociales, con perspectiva feminista y medioambiental. Y aunque la derecha era una minoría en la convención —elegida democráticamente en 2020— logró imponer un relato en medios y redes sociales sobre lo inconveniente de promulgar la “plurinacionalidad” (uno de los pilares de la nueva Carta Magna) y la alternativa de reescribir “una (constitución) que nos una” y sin ambigüedades sobre la propiedad privada o el emprendimiento, como se acusó sin demasiados argumentos a esta propuesta demasiado “radical” supuestamente.

Sin embargo, nada de eso sucedió, con el gobierno de Gabriel Boric golpeado por los resultados —aunque sin admitirlo abiertamente— y una oposición que los interpretó como un triunfo propio desde el mismo lunes 5 de septiembre comenzaron las reuniones para decidir de qué forma cumplir esta promesa de continuar el proceso constituyente. La última fue el viernes en la noche donde el presidente del senado, Alvaro Elizalde (Partido Socialista) intentó ponerse de acuerdo con el oficialismo, en una jornada de más de diez horas, para lograr una propuesta para mostrarle a la oposición. Todo esto, en el mismo edificio del exCongreso Nacional en pleno centro de Santiago donde sesionó entre 2021 y 2022 la convención constituyente.

«Expertos con derecho a voto»

En un principio, los partidos de gobierno se la jugaron po convención con el 100% de sus integrantes elegidos por voto popular, tal como la anterior. Otra idea que surgió fue una convención mixta donde la mitad sea elegida democráticamente y con un 50% de “expertos” que serían elegidos por el Congreso en primera instancia, algo que no lograba convencer a todos los partidos, en especial a la coalición Apruebo Dignidad —Frente Amplio y Partido Comunista— que es el núcleo del gobierno de Boric. La nueva opción era una “mixta atenuada”: 70 miembros electos popularmente y 30 expertos que podrán trabajar en un anteproyecto constitucional, pero con derecho a voto exclusivamente en armonización y cierre de texto. La derecha volvió a rechazar. Lo que quieren imponer son expertos con derecho a voz y voto. Y, al parecer, no darán un paso atrás.

Supuestamente se iba a llegar a un acuerdo en octubre, pero la oposición encontró que era una mala fecha ya que simbolizaba el mes del Estallido Social de 2019 donde comenzaron en todo el país grandes protestas llegando al millón de personas sólo en Santiago, alternándose con jornadas de disturbios que desestabilizaron el gobierno de derecha de Sebastián Piñera, la quema de varias estaciones de metro (en un caso aún nunca aclarado), una decena de muertos y centenares de jóvenes con pérdida de los ojos producto de balines de gomas de carabineros que actúo con extrema violencia. Para la derecha, lo mejor era hacerlo en noviembre, ya que simbolizaba el acuerdo por la paz, logrado por la clase política —con especial protagonismo del actual presidente Boric– que logró evitar un muy posible proceso de destitución de Piñera (algo que habría sido inédito en la historia de Chile). En lugar de eso, el entonces presidente terminó aceptando la salida política a la crisis mediante un proceso constituyente que aunque arrasó en el plebiscito de entrada de 2010, con casi un 80% de chilenos apoyando una nueva Constitución, hace tres meses su texto fue rechazado.

El poder amarillo

“Quiero decirles muy responsablemente que hoy no tendremos acuerdo por la presión de Amarillos y por la resistencia de Renovación Nacional”, señaló la presidenta del PS, Natalia Piergentili. Sobre el último partido que junto a la Unión Demócrata Independiente (UDI) forman parte de la derecha chilena, no es un secreto que desde el principio se opusieron al texto constitucional, aunque no explícitamente a una nueva constitución. Lo novedoso son los “Amarillos”, un grupo en proceso de convertirse en partido político cuyos rostro más visible fue Cristián Warnken, poeta y entrevistador de intelectuales en televisión. Alguien que aún se define de “izquierda” pero que rechazó a través de columnas y apariciones televisivas el trabajo de la convención. En Chile se llama amarillos a aquellos que no toman partido por ninguna opción, los tibios y que durante el Estallido Social fue muy utilizado para criticar a aquellas figuras políticas, televisivas, deportivas o culturales que evitaban opinar sobre la situación hasta que algunos, como Warnken, empezaron a apropiarse del término.

Casi como si esto fuera una de las novelas de Roberto Bolaño sobre el delirante carácter chileno (a quien el mismo Warnken entrevistó), ni la derecha tradicional ha sido tan explicita en rechazar el proceso constituyente y exigir que sean los “expertos” quienes redacten una Carta Magna perdurable. El poeta se defiende en El Mercurio, el mismo diario donde publica una columna semanal: «Es una infamia decir que Amarillos está trabando el acuerdo, una mentira. Esto, claramente, lo interpreto como una especie de operación comunicacional que quiere endosarle a Amarillos el no avanzar y no haber llegado a acuerdo en los días que se esperaba que se llegara a acuerdo (…) ¿Cree alguien de verdad que un partido tan pequeño puede echar atrás, torpedear una negociación en la que participan conglomerados con varios diputados y senadores? Es que es verdaderamente impresentable esa acusación. Es ridícula”.

El desafío decisivo de Boric

Aunque, para evitar acusaciones de intervencionismo el presidente de Chile nunca pudo apoyar abiertamente la opción del “apruebo” más allá de regalar ejemplares del proyecto y autografiarlos ante la insistencia de las personas, resulta claro que él es la persona que debería destrabar todo este proceso. Aunque ha sido acusado múltiples veces de dar demasiadas “volteretas” políticas, como por ejemplo criticar al expresidente Particio Aylwin y luego elogiarlo tras la inauguración de una estatua en su honor, al parecer la única opción que tendría sería apoyar la inclusión de estos “expertos” y lograr negociar con una derecha que cree tener el poder ciudadano. Algo de eso se vio en estos días done señaló: “Como Presidente de la República, tengo la convicción de que es preferible un acuerdo imperfecto que no tener acuerdo”. Aunque también dijo que era importante que los partidos políticos llegaron a un acuerdo, esto no se cumplió e incluso, como consignó el diario La Tercera, un miembro del oficialismo, que no quiso identificarse reflejó una percepción generalizada: “Boric es como la Biblia, todos lo interpretan de una manera diferente”. Algo que resulta inquietante ya que, por muy broma que sea —para peor viniendo de su propio sector— alude a una falta de fuerza del mensaje del presidente o quizá cierta ambigüedad en el ordenamiento de los partidos que lo apoyan.

Este lunes vuelven las conversaciones y, considerando la habilidad de Boric por lograr acuerdos o incluso golpear la mesa cuando es necesario, podrán haber sorpresas.

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