Redacción

Anselmo Esprella


El 24 de enero de 2018, el Papa Francisco, explicó que “la astuta serpiente de la Biblia, fue la artífice de la primera fake news” (falacia) de la historia.

Todo sucedió en lo que dura un pestañeo. La serpiente que era la más astuta de todos los animales salvajes que el señor Dios había hecho, le dijo a Eva que la manzana le ayudaría a ver más allá de lo que ven los ojos y que no era cierto que fueron creados a imagen y semejanza de Dios, sino al revés. Eva comió la fruta y dio también a su marido. Entonces Adán, publicó en su muro de Facebook: “la serpiente es buena, Dios le tiene envidia” y recibe 7.450 millones de “Me Gusta”.

La llegada de internet y sus alegres promesas de democratizar la información, han provocado un efecto contrario al de sus ofrecimientos: la democratización de la desinformación.

La Consultora de Tendencias Tecnológicas, Gartner, anunció que dentro de dos años, la humanidad compungida asistirá al funeral, de la que en vida fue, abnegada compañera, cariñosa madre y querida abuelita: La Verdad.

El estudio señala que el año 2020, más de la mitad de lo que leeremos o veremos en las pantallas, será mentira. La realidad y la ficción serán perfectamente verosímiles e intercambiables; Una epidemia de noticias falsas, habrá intoxicado los televisores, las peluquerías y las redes sociales del mundo. Gartner, también puntualiza que no habrá manera de escapar a la contaminación.

En este escenario apocalíptico, la tierra será una nueva y gigantesca “Matrix”, en que la primera condición para no enloquecer, será aceptar que la realidad, es la mentira.

El Diccionario Oxford, designó a ‘Fake news’, palabra del año; mientras que la Fundación para el Español Urgente, eligió la palabra ‘Aporofobia’. Las dos mejores palabras del año 2017, son las noticias falsas y la aporofobia, que significa rechazo a los pobres: Ambos vocablos, absolutamente pertinentes, para describir estos escurridísimos tiempos de “posverdades” e insolidaridades.

La desinformación, nos llega precisamente por una indigestión de sobre información.

Esta alocada maratón hacia el abismo, tiene entre sus participantes a personas de todas las clases sociales que de manera mancomunada y voluntaria, son parte activa en esta gigantesca práctica mitómana, haciendo circular en sus grupos de watsap, denuncias absurdas de bolígrafos que luego de firmar el testamento, se borran solos; campañas contra códigos penales que son rechazados, porque no les agrada el rostro de quien los propuso; videos del papa francisco en calzoncillos o afirmaciones fidedignas de que Lenin, fue neoliberal.

Sin embargo, las fake news, no son unas “recién llegadas” al ámbito político, no son un cuchillazo por la espalda a las democracias del mundo, como nos quieren hacer creer; son un sistema de engaños impunes que vienen utilizando desde hace décadas, los grandes medios de comunicación y los gobernantes de turno.

Nadie se hizo cargo de la más terrible fake news, de la historia de Estados Unidos. El 5 de febrero de 2003, delante de cientos de delegados de la ONU, Colin Powell, Secretario de Estado de Estados Unidos, juró por su madre que Irak poseía armas de destrucción masiva. Un año después se desdijo. Reconoció ante las cámaras de la televisión que había mentido.

Pero la carnicería que provocó aquella infamia, no tuvo responsables. Miles de soldados iraquíes yacen bajo tierra, por las calles de Bagdad deambulan cientos de miles de huérfanos y viudas: hospitales repletos de dolores, ayes y gritos que no alcanzan a escuchar, los dicharacheros operadores de Wall Street; pero no hubo ni un solo detenido, solo un panteón de angustias y el petróleo que cambió de dueño.

Pinocho es neoliberal.

La utilización de niños para fabricar ‘Fake news’ en Bolivia, es tristemente común. La noche del miércoles 3 de febrero de 2016, el periodista Carlos Valverde, presentó el certificado de nacimiento de Ernestito Fidel Morales Zapata; “el hijo que el presidente Evo, tenía escondido bajo el catre”.

El jueves 5 de mayo de 2016, la cadena internacional CNN, obtuvo una primicia extraordinaria, logró una entrevista exclusiva con Ernestito, en un hotel céntrico de la ciudad de La Paz. El niño llegó nervioso a la entrevista, utilizando una mascarita y de la mano de un familiar.

Una semana después, el mismo periodista que había presentado el certificado de nacimiento de Ernestito: admitió que había mentido y luego escapó del país.

Pero ya la noticia había dado dos vueltas y media al mundo y no sería nada grabe, de no ser porque aquella noticia falsa, provocó que Evo Morales pierda el referéndum que debía re postularlo.

Los profetas del odio, han encontrado en las ‘Fake news’, abono para su falsa tierra prometida.

El 26 de septiembre de 2011, un periódico de Bolivia lanza al mundo una noticia brutal; “fusilan a un bebé de cinco meses en Chaparina”. “Este es un gobierno que asesina a niños”, comenta horrorizada la gente en las calles de La Paz. Lo cierto es que ningún niño ni adulto murió en Chaparina, pero ya es tarde; la poderosa maquinaria de desinformación se ha puesto en marcha. A siete años de aquella publicación, todavía hay quienes creen que en Chaparina, murió un bebé en violento operativo.

En agosto de 2012, en una operación coordinada entre los medios de comunicación tradicionales y las redes sociales; un conocido empresario político, escribió en su cuenta de Twitter: “Evo Morales embarazó a una menor de edad, hija de una ministra”. La opinión pública, se sintió asqueada y despedazó al presidente. Tres días después, el difamador, admitió que lo había inventado todo y pidió disculpas por mentir, sin embargo, ya no era posible detener las rotativas de la infamia que dispararon al mundo, una nueva ‘Fake news’. Gran parte de los bolivianos aún creen que Nemesia Achacollo, es la suegra de Evo.

La verdad, es hija del poder. Quienes poseen la capacidad de instalar su verdad a los demás como verdad universal, detentan el poder verdadero.

Un ejército asalariado de trolls, aguarda agazapado la orden de atacar, tienen el apoyo de helicópteros y misiles de largo alcance, los medios de comunicación tradicionales repetirán al unísono sus victorias: La verdad les pertenece, la mentira también.

Deja un comentario