En esta ocasión el Oscar al mejor actor ya tenía nombre y la academia no ha querido desentonar del pensamiento general de los amantes del cine: Joaquin Phoenix ha sido el justo vencedor por su impresionante trabajo en «Joker.

«Joker» se convirtió en un fenómeno tremendo en todo el mundo y con 1.078 millones de dólares recaudados es la cinta para adultos más taquillera de la historia. Dueño de una carrera modélica que incluye otras joyas como «Her» (2013) o «Puro vicioe» (2014), Phoenix siguió así los pasos de su amigo Heath Ledger, quien ganó el Óscar de forma póstuma por su papel del Joker en «El caballero oscuro» (2008).

En la película regala una lección de cómo cargar él solo con todo el peso de la trama al involucrarse al máximo. Perdió hasta 23 kilos en poco tiempo para darle mayor realismo al personaje de Arthur y estuvo ocho meses preparándose todos los matices que quería darle al enemigo de Batman, el villano más famoso de la factoría DC Comics.

Sin embargo, en esta noche de egos desmesurados, el actor no ha querido escuchar los aplausos del Dolby Theatre de Hollywood: «Parad, parar», pedía; y continuó indicando «no me siento elevado por ninguno de mis compañeros porque compartimos la misma riqueza: amor por las películas».

Pero lo mejor vendría después. Phoenix ha indicado que el cine le ha dado la oportunidad de hablar por los que «no tienen voz» y equiparó todas las luchas, por el medioambiente, por la igualdad de razas o entre géneros, con la lucha contra «la desigualdad». Ha puesto el ejemplo de un ternero, de «cómo quitamos su leche para echarla al café».

También aseguró que el ser humano está «desconectado» del mundo natural y que es «egocéntrico» a la hora de aprovechar sus recursos sin pensar en las consecuencias más allá de su ombligo.