Rafael Silva


“La ligereza con la que Feito amenaza -porque es eso y no otra cosa lo que este tipo de matones de la macroeconomía hacen- es bochornosa. El modo en que carga contra el Gobierno porque éste quiera que haya personas que cobren 15 veces menos sueldo de lo que el propio Feito se está levantando cada año sólo de REE es insultante”

David Bollero


Seguro que nunca hemos escuchado a José Luis Feito (Presidente del Instituto de Estudios Económicos, un lobby más de las organizaciones empresariales) hablar de feminicidio (asesinato masivo de mujeres), ni de ecocidio (aniquilación de ecosistemas naturales), por poner dos ejemplos de vocablos similares…pero sin embargo, estos días el mismo Feito ha bautizado un nuevo término: “Empleocidio”. A saber: “dícese [es una definición nuestra a tenor de su opinión hecha pública al respecto] de la destrucción masiva de empleo que proyecta la patronal en claro chantaje y represalia a una aprobación de normas y leyes contrarias a sus intereses”. Vamos a situarlo en su contexto: resulta que el Gobierno va a aprobar, después de un acuerdo con las centrales sindicales mayoritarias (CC.OO y UGT), algunas normas que afectan a la Reforma Laboral que aprobó el PP en el año 2012, y que provocaron (esta sí) una destrucción masiva de empleo, ya que prácticamente aniquilaba la negociación colectiva (quizá la mejor arma sindical que existe, junto con la huelga), y dejaba en manos de los patronos todas las decisiones en torno a la organización del trabajo (salarios, turnos…). Se acabó también con la ultraactividad de los Convenios (que permitía la continuidad del Convenio anterior mientras no se firmara uno nuevo), y algunas otras barrabasadas más en el mundo laboral. Fue una Contrarreforma Laboral en toda regla, que prácticamente echó abajo todos los cimientos que hasta ese momento habían construido el consenso social en materia laboral.

José Luis Feito. Retrato de Javier F. Ferrero

Durante estas semanas previas, el Gobierno y los sindicatos mayoritarios han acordado, entre otras medidas, la subida del Salario Mínimo Interprofesional, la recuperación de la ultraactividad de los Convenios, el refuerzo de la negociación colectiva, la implantación generalizada de los registros horarios, la recuperación de la vinculación del IPC con la subida anual de las pensiones (que también fue eliminada por el Gobierno de Rajoy), o la liberación de los topes a las cotizaciones. La CEOE no está de acuerdo con estas medidas, que obviamente son contrarias a sus intereses, y aquí tenemos a todo un paladín en la defensa de los intereses empresariales, José Luis Feito, que sin despeinarse asegura que con estas medidas se recompondría “el arma de destrucción masiva de empleo”, que multiplicó por tres el paro en la crisis anterior para cometer “un verdadero empleocidio”, cuyos “efectos más devastadores” se notarán “cuando se atisbe en el horizonte la posibilidad de una recesión, por suave que sea”. El señor Feito no se corta un pelo en sus amenazas, y además ya lo conocemos por su agresivo lenguaje. Es el mismo personaje que afirmó en cierta ocasión que un desempleado debería acudir a cualquier oferta de trabajo que se le propusiera, “aunque fuera en Laponia”. Como vemos, se trata de un señor con una exquisita sensibilidad social.

Feito considera que si se sube el salario mínimo, el nivel de paro estructural aumentará y se elevarán significativamente los costes laborales, que en sectores como el agrario, textil, calzado, limpieza, hostelería y restauración, y en determinadas provincias, son “totalmente inasumibles”. Aseguró que España es el segundo país europeo, tras Portugal, con mayor porcentaje de trabajadores no cualificados, cerca de un 30% de la población activa. Lo que se le olvidó decir al señor Feito es que precisamente nuestros jóvenes y trabajadores más cualificados se van de nuestro país en una suerte de exilio laboral precisamente porque los empresarios de nuestro país sólo le ofrecen empleos precarios, temporales, con bajos salarios y nula protección social. Y también se le olvidó decir al señor Feito, que si de Salarios Mínimos se trata, nuestro país sí que se coloca a la cola de la Unión Europea, al menos de la UE-15, que recoge a todos los países de nuestro entorno con semejante volumen y riqueza nacional. Y sobre todo, al señor Feito se le olvidó (quizá intencionadamente, pues no podemos sospechar que no lo sepa) que ese mantra de la “creación de empleo” no depende de la cantidad donde se sitúe el Salario Mínimo, sino de la cantidad de demanda, y de la ausencia de burbujas, que son las que hacen entrar a la economía en perversos círculos viciosos.

Su opinión sobre el Sistema Público de Pensiones también es provocadora: afirmaciones como por ejemplo “Es un error generalizado pensar que las pensiones son manipulables por completo por los Gobiernos”, o “Hay límites económicos a la voluntad política”, nos dan una clara imagen del calado de sus antisociales, retrógradas y peligrosas ideas. Un determinismo económico que aprisiona al Estado, y que limita su voluntad (que recordemos es la voluntad popular en un sistema democrático) a los dictados de las empresas y los agentes económicos. Neoliberalismo a rajatabla. Y por supuesto, también estuvo en este asunto amenazante: para Feito, la situación es insostenible a seis o siete años vista si se ligan las pensiones al IPC, y finalizó asegurando que “No hay que dar por sentado que siempre habrá pensiones”. Seguro que al señor Feito también le parecen suficientes las pensiones que cobran muchos jubilados y jubiladas de nuestro país, de ahí su enfoque y su diagnóstico. Su solución: reformar el sistema para ir aumentando la edad de jubilación gradualmente, ligando este factor a la esperanza de vida. Nada nuevo bajo el sol. Son los clásicos argumentos de los lobbies empresariales (sobre todo bancarios y de seguros) que lo que de verdad quisieran es acabar con el sistema público de pensiones e instaurar uno privado. De hecho es otra de las joyas de la corona de la que quieren apropiarse desde hace ya mucho tiempo. Se les ve el plumero con mucha facilidad.

Como afirma David Bollero en su artículo en Publico:Tiene que ser muy sencillo opinar de las vidas ajenas cuando sólo por el puesto a dedo que ocupa en Red Eléctrica de España (REE) –y todos conocemos el estado del suministro eléctrico en España—se embolsa casi 190.000 euros al año”. En efecto, así es muy fácil. Cuando uno es un destacado miembro de una élite social, cuando uno ve las cosas desde una altura inalcanzable para un trabajador pobre (porcentaje que crece a marchas forzadas en nuestro país), al menos debe hacer un discurso más comprensivo, más empático y menos incendiario. Es bochornoso contemplar el discurso de alguien que te dice desde su atalaya de poder e influencias que no puedes ni siquiera aspirar a un sueldo mínimamente digno, porque de lo contrario ya se encargará el (y los suyos) de que los empleos se vayan destruyendo. Es un discurso indecente. Un discurso que no sólo legitima las desigualdades, sino que además las proyecta y se asegura de que continúen creciendo. Un discurso insultante y atroz. No podemos consentirlo.