La francesa Maïtena Biraben es muy conocida en su país como presentadora de radio y televisión. Ahora, una prueba de ADN podría unir su historia a la de otra reportera famosa: Renée Lafont, fusilada en Córdoba el 1 de septiembre de 1936. Fue, se cree, la primera corresponsal muerta en una guerra.

La conexión entre ambas llegó a su vida el pasado 8 de marzo, día en que la coordinadora de asociaciones para la memoria histórica Caminar, con sede en Francia, le comunicó que estaban «prácticamente seguros» de que pertenecían a la misma familia.

«Fue un gran momento. Esta historia me cayó del cielo. Yo no conocía su existencia», explica a EFE Biraben, que tras haber hecho carrera en la televisión «Canal+» tiene ahora un programa diario en la emisora de radio «RMC».

La primera prueba de ADN que se hizo para confirmar el parentesco se perdió por correo, pero se espera que la segunda sirva para confirmar la certeza de los genealogistas.

Y, con ello, poder reclamar en un futuro el cuerpo de Lafont, a la que Biraben estaría unida por un parentesco en octavo grado por parte de padre.

Los supuestos restos de la periodista fueron hallados el pasado 7 de febrero en el Cementerio de la Salud, en Córdoba, por iniciativa de la asociación memorialista Aremehisa, entre otras, con la posterior colaboración de Caminar.

Que el esqueleto tuviera un impacto de proyectil junto a su fémur derecho, lo que cuadra con que Lafont fue herida en la pierna, ayudó a los expertos a atar cabos, a falta de las pruebas definitivas.

Lafont, traductora al francés de Vicente Blasco Ibáñez, había viajado a Córdoba a finales de agosto de 1936 como corresponsal del diario socialista «Le Populaire» para cubrir la ofensiva republicana en esa zona.

El grupo con el que iba se metió por error en territorio franquista y fue detenido. Ella era una intelectual de izquierdas, antifascista, una mujer independiente avanzada a su tiempo.

En Córdoba, según destaca a EFE el historiador Francisco Moreno, 4.000 personas fueron fusiladas durante la Guerra Civil (1936-1939), la mayoría en el verano del 36, normalmente de madrugada y en turnos de ocho. Lafont fue una de ellas.

Los trabajos de localización, de catas selectivas para identificar la zona, comenzaron el pasado enero y se han interrumpido por falta de fondos. Hasta el momento se han exhumado 55 cuerpos, entre ellos supuestamente el de la periodista, apunta la asociación Dejadnos llorar.

Por eso el vínculo con Biraben es importante. Ella ha servido para dar a conocer la historia en Francia y se ha prestado a colaborar con Caminar, que se movilizó en las redes para solicitar su repatriación y la exhumación de todos los cuerpos y exigir la implicación del Gobierno francés.

«Cuando el vínculo se confirme, como descendiente yo podría pedir que su cuerpo vuelva a Francia», relata la periodista, que lamenta que su padre, ya fallecido, no haya podido vivir este giro inesperado en su biografía.

Biraben ha interpelado a través de las redes sociales al presidente francés, Emmanuel Macron, para que coopere en sus esfuerzos por repatriar los restos. «Señora, no la olvidamos», escribió en un mensaje en Twitter, dirigido también al mandatario.

Lafont murió a los 58 años, sin hijos ni familia directa, y el presidente de honor de Caminar, Jean Ortiz, hijo de un republicano exiliado y residente en la ciudad francesa de Pau (sur), confía en que la historia de la reportera sirva de bandera colectiva para la causa.

«El trabajo de memoria no sirve si no lo haces desde una perspectiva de presente. El olvido es como si se fusilase a la gente dos o tres veces», concluye este profesor universitario jubilado.

Marta Garde