A través de las últimas noticias, que ya casi parecen relegadas al cajón del olvido, los medios han dado cuenta de la tensión creciente en las fronteras entre Bielorrusia y Polonia, donde se ha mostrado a este primero como verdugo y exonerando al segundo.

La Unión Europea ha reclamado mayores sanciones para Bielorrusia, de quien dicen intenta presionar y desestabilizar a la misma Unión Europea a través de una guerra híbrida incentivando la migración proveniente de Oriente Próximo

«Así pues, siguiendo la tesis occidental, Bielorrusia pretende responder a las duras sanciones impuestas con una crisis migratoria en sus fronteras europeas. Por ello, en verano envió cuatro mil refugiados a la frontera lituana y en los últimos días, unos dos mil a la frontera polaca», contextualiza el ex teniente Luis Gonzalo Segura.

Sin embargo, Gonzalo Segura matiza que «lo primero que llama la atención son las cifras, que se antojan tan ridículas que solo ofrece dos opciones: Europa es un ente en estado de extrema debilidad o extremo egoísmo o todo esto es una pantomima insufrible. Parece que los europeos son bastante sensibles con los migrantes, con la aceptación de migrantes, me refiero. Porque la Unión tiene una población aproximada de 450 millones de habitantes».

«Queda claro que para Europa los migrantes están mejor en el fondo del mar que a las puertas del continente, es decir mejor en la fosa del Mediterráneo que en la frontera polaca o lituana», añade.

«Por lo tanto, la cifra de los migrantes que habrían alcanzado la frontera polaca —2.000— suponen un 0,0004% de la población europea, mientras que los que alcanzaron la lituana  —4.000— alcanzarían el 0,0008% y el total de ambos el 0,0012% —6.000—. Matemáticamente, es muy probable que exista mayor probabilidad de dañar la piel de un elefante con micropartículas que a una unión supranacional de 450 millones de habitantes con seis mil migrantes», concluye.

La campaña del miedo en este sentido ha sido azuzada desde las mismas altas esferas de Europa, que dan pie a una ultraderecha rimbombante y que «no se sentiría tan irritada si esos seis mil migrantes estuvieran trabajando por unos dos dólares al día en el sur de Turquía para fabricar la ropa de las multinacionales que nos visten. Menos aún si hubieran acabado en el fondo del mar Mediterráneo, donde según ACCEM han fallecido, al menos, dos mil personas en lo que va de año —1.937 a fecha de 23 de septiembre de 2021—. Cuanto menos, la irritación mediática y política resulta menor», espeta Gonzalo Segura.

De tal modo que la hipocresía de la Unión reside en que esta «es la Europa que viste con las ropas que fabrican mujeres y niños en régimen de esclavitud la que hoy señala sin pudor a Bielorrusia, y a Rusia, cuando realmente no hace otra cosa que señalarse en el espejo».

DEJA UNA RESPUESTA