Fernando Buen Abad Domínguez
Director del Instituto de Cultura y Comunicación y Centro Sean MacBride
Universidad Nacional de Lanús


Es imposible imperializar una moneda sin imponer un super-valor simbólico que la envuelva. Además de la “confianza” económica que supone para “comerciar”, el dólar, en particular, ha sido barnizado con un valor de “status” histérico fabricado para inocularlo como fetiche y conjuro rayano en la irracionalidad y en el fundamentalismo de mercado. Una especie de “Dios” plenamente descrito, por ejemplo, con Ludovico Silva en su “Plusvalía Ideológica”. De una vez y por todas adelantemos vísperas contra los alegatos economicistas: Nada de la economía es ajeno a la política ni a la Cultura. Por eso el dólar exhibe lo que exhibe en su historia[1] y en su gráfica exótica e iniciática. Ni Dios confía en ellos.

Para las burguesías adictas al capitalismo norteamericano, el dólar es mucho más que un “refugio”, es complicidad nada secreta siempre armada con el objetivo de derrocar a los gobiernos, acabar con todas las creencias y uniformar a la humanidad bajo un Único Orden Monetario Mundial, con un sistema global de pensamiento único, ideología única y una “religión” planetaria única: el capitalismo “de curso legal”.

La ideología de la clase dominante impone  los pueblos su pensamiento y lenguaje, usando todos los reductos semióticos que tenga a mano y es capaz de asignar sentidos mercantiles a todos los objetos de la realidad. Y uno, que ocupa un lugar preferencial, en lo objetivo y en lo subjetivo, es su particular forma de fetichizar al Dólar. Tal fetichismo resulta digno de estudio, en su forma de signo, por la importancia adquirida en el marco de la dominación Cultural.

Así, resulta que el Dólar es un “valor” que, a su vez, se articula en en la tensión histórica del desarrollo militar  armado en el territorio y en la memoria. A través del Dólar y sus adicciones, una nación se rinde, implícita o explícitamente, con toda su historia y sus creencias más allá de su servicio como divisa internacional. En la dependencia respecto del Dólar se expresa el espíritu de las épocas y su sometimiento a un aspecto colonial de las ideas que han determinado la auto-representación de los pueblos esclavos de una moneda impuesta. La ideología de la clase dominante ha amalgamado alma y el mercado, en el fetiche del dólar en todos los aspectos de la vida: en sus alimentos, salud, tiempo libre, sexualidad, educción, seguridad social y muerte. Aquello que confusamente llamamos “divisa” controlada por el capitalismo es un sistema que inunda la realidad en cuerpos y almas.

En este territorio necesitamos una Semiótica emancipadora  capaz de desmontar la red de sentido fabricada para imponer al Dólar como una fuerza suprema que nos protege, incluso, de los propios devaneos burgueses, cada uno ellos camuflados de “sentido” para la esclavitud semántica y sintáctica de los pueblos. Y es que el Dólar cambia de piel en las entrañas de la Ideología Dominante; es la muerte y resurrección de sus símbolos y palimpsestos monetarios. La dominación económica continúa dentro del Dólar, también, como objeto con grafica y simbología pensadas por una semiótica hegemónica con ambiciones metafísicas.

El Dólar y su utilización como símbolo, en todas las formas, sirve para transmitir mensajes con contenido, tradicionalmente opresor con su semiótica de clase infestada en estimuladores de mercadeo. Semiótica o semiología subordinada como ciencia al servicio de los sistemas de fetichización monetarista, manoseando a Charles S. Peirce, Ferdinand de Saussure, o cualquier otro de los referentes teóricos tergiversados por la lógica del mercado apuntalado con guerras. El Dólar como emblema de un marketing semiótico, o como “fuerza supra-natural” que debe ser adorada en el mercadeo de las mentalidades domesticadas para la compra de mercancías  o como interaccionismo simbólico. El lenguaje de los Dólares transmitido eficiente y realmente como “esencia” de los seres humanos. ¿Exageramos?

Cada vez se nota con mayor claridad lo que sucede por el fetichismo del Dólar, en todo el mundo, cuando los seres humanos se sienten seguros de un “valor”, de una representatividad existencial que cada quien considera adecuada para satisfacer miedos, deseos o necesidades, poniendo el producto de su trabajo, el patrimonio de la prole, en manos de la moneda del depredador más grande de la historia. Los Dólares mutantes simbólicos entre evaluar y valorar equivalencias mercantiles tangibles, a planos culturales que incrementan su intangibilidad según las necesidades ideológicas de la clase dominante. Queda más claro, y cada día con mayor certeza, que los pueblos se hacen adictos también al mercado de la simbología hegemónica, avalando con su trabajo y sus salarios, el valor objetivo, subjetivo (e ideológico) de las mercancías y sus marcas. Especialmente si se venden a precio de Dólar y con “aprecio” por el Dólar.

Emanciparse de una moneda imperial, es decir de la moneda impuesta por el capitalismo en su fase imperial, es también emanciparse de un filón de la Cultura y la Comunicación imperiales. No deben ser vistos como dos realidades inconexas y es indispensable profundizar la acción y la intervención económica, política y semiótica emancipadoras para combatir científicamente el producto ideológico monstruoso radicado –frecuentemente- en la cabeza de los pueblos que ven, en el Dólar, la salvación de sus “ahorros” mientras disfrutan, silenciosamente, “el discreto encanto de la burguesía” en monedas.

[1] http://projects.exeter.ac.uk/RDavies/arian/dollar.html

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Mexicano de nacimiento. Especialista en Filosofía de la Imagen, Filosofía de la Comunicación, Crítica de la Cultura, Estética y Semiótica. Es Director de Cine egresado de New York University, Licenciado en Ciencias de la Comunicación, Master en Filosofía Política y Doctor en Filosofía. Miembro del Consejo Consultivo de TeleSur. Miembro de la Asociación Mundial de Estudios Semióticos. Miembro de la Red de Intelectuales y Artistas en Defensa de la Humanidad. Miembro del Movimiento Internacional de Documentalistas. Desarrolló actividades de investigación y docencia universitaria en México, Argentina, Venezuela, Bolivia, Ecuador y Estados Unidos entre otros países. Colaborador de Rebelión y otras revistas digitales. Autor de varios libros sobre Filosofía de la Comunicación, Filosofía de la Imagen, Imagen Filosofía y Producción Creativa, Crítica de la Cultura... así como de numerosos artículos publicados en México y en otros países. Ha sido Presidente del Jurado del Festival Tres Continentes del Documental, miembro del Jurado Internacional del Festival Al Jazeera de Producción Televisiva, Qatar 2006, Jurado del Premio Libertador al Pensamiento Crítico entre otros. Ha dirigido diversos proyectos de investigación y tesis doctorales en su país y en el exterior. Ponente en múltiples congresos internacionales. Asesor del Centro de Investigación Aplicada en Recursos Audiovisuales CIARA. Rector-fundador de la Universidad de la Filosofía. Ha impartido cursos de postgrado y conferencias en varias universidades latinoamericanas. Ha obtenido distinciones diversas por su labor intelectual. Ha publicado más de 17 libros (obra filosófica, literaria, individual y colectiva) en México. Venezuela, España y Argentina. Ha sido Jefe del Departamento de Programas Culturales en XEIPN (canal de televisión del Instituto Politécnico Nacional) en México, DF. Ha escrito y dirigido 19 trabajos audiovisuales y cinematográficos en México, Houston, Nueva York y Argentina. y es miembro de diversas organizaciones artísticas y de investigación. Ha publicado los libros Filosofía de la comunicación (2001), Filosofía de la imagen (2003) y Imagen, filosofía y creación (2004). Semiótica para la Emancipación (2009). Filosofía de la Responsabilidad Socialista en Comunicación (2012). Filosofía del Humor y de la Risa (2013). Filosofía de la Imagen (edición venezolana) Filosofía de la Comunicación (tercera edición -Venezuela- 2014) Profesor de la Universidad Nacional de Avellaneda. Profesor de la Universidad Nacional de Lanús. ​Actualmente es Director del Centro Universitario para la Información y la Comunicación Sean MacBride de la Universidad Nacional de Lanús, Argentina. ​

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