Iván F. Mérida A.

Para los intelectuales de acción comprometidos con los conflictos de su sociedad, el responder a la opacidad neo-conservadora es una premisa, dado que es justamente en ese campo donde pelean, pelean con ideas y argumentos.

La filosofía de Fukuyama causó furor en la década del 90 por su respuesta oportunista a la caída del marxismo soviético, fue una concepción fatalista y hegeliana de la historia, hoy solo es un vano recuerdo de un pretensioso autor, y esta es una crítica a la lectura filosófica liberal de la historia en Fukuyama. 

Antecedente

Yoshiro Francis Fukuyama, fue talvez el académico   más apreciado del sector neoliberal norteamericano en los 90. Su tesis histórica, democrática y fatalista del liberalismo norteamericano fue una posición acabada y plenamente fundamentada en el momento en el que fue lanzada al público intelectual. La súbita caída de la Unión Soviética, así como el proceso de plena efectivización del neoliberalismo en Rusia, Latinoamérica, Europa del este, y en Asia, afirmaban y confirmaban la condena que Fukuyama lanzara sobre todas las ideologías o modelos que no comprendieran y asimilaran la democracia liberal.

De hecho, en Fukuyama desde “The end of history and the last man” (Fukuyama, 1992), hasta “La construcción del Estado. Hacia un nuevo orden mundial en el siglo XXI” (Fukuyama, 2004), se aprecia una afirmación clara sobre el papel de la democracia liberal en su proceso de expansión aplicable dentro de los Estados.

No obstante, varios sucesos de la primera década del siglo XXI contradijeron la defendida democracia liberal expansiva de Fukuyama, y varios puntos filosóficos desde las lecturas de Deleuze, Foucault, y Marcuse pueden socavar la caprichosa afirmación pseudo-democrática de Fukuyama. Hacer un análisis de todos los puntos que enlazan el trabajo de Fukuyama requeriría un trabajo más amplio, excediendo la pretensión del presente. Mi hipótesis afirma que: “El fin de la historia” ha seguido el mismo camino de ‘totalidad’ que planteó Hegel, y que esto llevo la tesis de Fukuyama a ser errónea y ser solo una contribución unilateral e interesada sobre el unipolarismo norteamericano de la década del 90.

Sin embargo, ¿qué tiene que ver todo esto con el presente? Demasiado, las posición actual ante el declive de procesos populares de izquierda y la reestructuración de los sectores conservadores y neoliberales han planteado nuevamente la victoria fatalista del neoliberalismo y el cierre del ciclo popular, por lo que hay que analizar cómo se manifestó el triunfalismo capitalista ante la caída del régimen soviético y que elementos nuevamente se repiten desde la euforia neoliberal. Es así que me enfocare precisamente en la defensa que hizo en su momento Fukuyama de la democracia liberal y su posición histórica fatalista.

  1. Un periodo coyuntural preciso

El 9 de noviembre de 1989 caía el Muro de Berlín y también salía en el mismo año un artículo llamado “¿El Fin de la historia?” de Francis Fukuyama en la revista de asuntos internacionales “The Nations Interest”, para 1992 se conocería el libro del mismo nombre que le daría fama y respeto dentro de los círculos neoconservadores norteamericanos a Fukuyama. Su trabajo era profético y era el summum de la intelectualidad liberal a ultranza.

Al momento de la caída de los modelos soviético-marxistas, la economía trabajaba sobre las bases construidas y trabajadas por el reaganismo y el thatcherismo (Klein, 2007), las políticas liberales en Latinoamérica trabajaban rápidamente sobre la fe en el ‘progreso continuo e infinito’, los modelos tecnócratas estatales afianzaban modelos de participación democrática y estructuras de tomas de decisión que funcionaran engranadas a la economía de mercado.

Dado que la única posición contraria –en teoría1– al capitalismo y la explotación del hombre por el hombre había caído, era impensable otra alternativa que no fuera la de la victoriosa democracia liberal de mercado. Con sus instituciones, sus estructuras, su filosofía iluminista, su fe en progreso ilimitado, su aplicabilidad a toda sociedad humana y su laicismo.

También era el momento de más oscuridad sobre el marxismo y sobre toda la izquierda en general, no comprendían todavía los marxistas que su Peñón de Gibraltar ideológico –la URSS–, se hubiera derrumbado sin una confrontación directa, y que su estructura interna estuviera tan corroída por el legado totalitario que les legara Lenin. Así, el bolchevismo marxista soviético había -efectivamente- caído frente al liberalismo euro-atlántico.

Desde principios del s. XX hasta principios del s. XXI, los procesos democráticos de inclusión de minorías, el aumento del laicismo, el aumento progresivo de países que incluyen el voto universal, el aumento de las naciones democráticas después de las dictaduras más visibles como la argentina (1976-1983), la poca o nula influencia de las remanentes monarquías, los procesos pacíficos y de arbitraje de los países que tenían alguna controversia internacional, el aumento de la ratio científica como base civilizatoria, así como el fin de las Guerras totales nos da el parámetro sobre el que se asienta la percepción de Fukuyama.

Además, ya para la década del 90 los trabajos sobre la teoría de la ciencia de Karl Popper, Thomas Kuhn, o Paul Feyarebend, habían ya refutado cualquier confianza total en la pseudo-ciencia marxista, así como en su visión también fatalista, del fin comunista que supuestamente tenía el proletariado revolucionario.

En la ciencia, en la política, en la economía, y en la praxis, el liberalismo anglosajón había demostrado plenamente su contundencia al no tener ningún rival que pudiera cuestionar la magnitud de su flexibilidad en los procesos de acomodación y evolución capitalista que dejaban los procesos pesados y meramente mecánicos del fordismo hacia el toyotismo y luego a la ‘producción inmaterial’ dirigida a la nanotecnología y componentes de bio-regeneración que serán también preocupación de Fukuyama, pero que no tenían cabida en las especulaciones de los hegelianos izquierdistas de vieja escuela.

Ese es el tiempo que toco vivir a Fukuyama y como pensador de su tiempo, escribió para su tiempo, para su momento, poco se podía hacer ante tanta evidencia y ante su respuesta que era la más concisa y clara respecto de la súbita caída del principal oponente anticapitalista. El fracasado marxismo-leninista.

  1. La fallida democracia liberal actual

A pesar de la victoria inicial del neo-liberalismo, Fukuyama pudo haber comprendido en 1994 que la democracia liberal no podía funcionar en todas partes y de la misma manera, no se trataba de ver la realidad de la forma en que la comprendía W. Kymlicka, pero el levantamiento de los Zapatistas en México planteaba la lucha contra los grandes intereses económicos del capitalismo globalizado del Norte, se trataba de luchas por la dignidad, desde periferias olvidadas hasta ese momento. Ya no existían vanguardias o iconos barbudos que pudieran enseñar nada a las nuevas luchas, sino se trataba de luchas concretas y focalizadas sin vanguardias totales y sin nuevos dioses.

Posteriormente Fukuyama podía haber comprendido que la democracia no era un modelo aplicable a las sociedades influenciadas por un fuerte componente fundamentalista como el propio evangelismo cristiano norteamericano, que apoyó más adelante la cruzada bélica contra el “eje del mal” en la presidencia de G. W. Bush después del 11-S. Ciertamente, no se trataba de un choque de civilizaciones, las civilizaciones no son el motor de los procesos políticos mundiales o históricos humanos como bien comprendió Pierre Clastres.

Sin embargo, Fukuyama no nos dijo nada nuevo dentro del lenguaje liberal, sino que había mentido descaradamente cuando asume que una especie de paz perpetua podía llegar desde la economía de mercado, siendo que los hechos contemporáneos lo niegan absolutamente (Kagan, 2008).

¿Acaso Fukuyama no comprendía que las acciones de la primera invasión a Irak en el Golfo exponían ya una nueva política exterior con nuevos enemigos a la vista? Además, ¿Cómo podía estar seguro de que el liberalismo económico evitaría una mala distribución de riquezas en el siguiente siglo? No intentó comprender la realidad que emergía desde la periferia mas empobrecida, sino que procuró plantearlas como externalidades negativas a ser mejoradas desde la visión de progreso liberal de aquella década ilusoria. La democracia liberal económica que defendían sus pares encubrió por un decenio –hasta el argentinazo– el fascismo económico que se establecía de la mano del Banco Mundial sobre los países que adoptaron las profecías y enseñanzas de hombres como F. Fukuyama, M. Friedman y F. von Hayek.

Dentro de Estados Unidos su misma democracia era fallida, sus medios de comunicación formaban un pensamiento unilineal y de libertadas imaginadas, esto lo comprobarían después de la crisis de 2008, y de hecho las libertades de expresión eran socavadas si entraban en contradicción con el modelo político bipartidista, que fue el germen de lo que sería más adelante el Patriot Act o Ley Patriota que nos conduciría a la sociedad de la vigilancia en la que vivimos y de la cual su más reciente escándalo, Cambridge Analytica nos ha, únicamente constatado el grado de obsesión por el control que desarrolló Estados Unidos para mantener su dominio global.

Así mismo, otros aspectos como la xenofobia, el racismo, el temor a los cultos religiosos no cristianos, son hoy muy latentes dentro del modelo norteamericano, que se repite en países cercanos como Chile, que a través de su Ley Antiterrorista Ley 18.314, no solo ha encarcelado activistas mapuche, sino también disidentes políticos y libre-pensantes, en nombre de la democracia de mercado.

De hecho, la democracia de mercado, en esencia no admite otras maneras de convivencia posibles, solo puede asimilarlos constitucionalmente dentro de aquella retórica postmoderna de lo pluricultural, dentro de la lógica de los civilizados y no civilizados, sea dominándolos o convirtiéndose en victima para usar el discurso.

Por otro lado, tanto el marxismo como el capitalismo creyeron en el progreso infinito, así también creyeron los primeros que la religiosidad y fe no tenían ninguna relevancia dentro de la historia, así también los segundos confiaron en las jerarquías absolutas y las vanguardias. Y ambas fallaron, por cuanto la crítica ética comprobó los pasos nefastos que significaron la ciencia condicionada a la economía capitalista, y las luchas antiglobalización terminaron demostrando la inutilidad de los ídolos barbudos del marxismo.

Además, por otro lado no se había comprendido que la misma historia estaba en aceleración y que no daba tiempo a ninguna limitación de carácter económico o filosófico que tuviera un destino manifiesto sea el norteamericano o el comunismo añorado por los marxistas.

Pero si bien el marxismo fue un grave error para la izquierda y el pensamiento contestatario y crítico legado por Voltaire, el liberalismo solo pudo vencer en aquel momento, debido a su carácter flexible, acondicionado a comprender el comportamiento de las sociedades no como se quisieran que se comporten sino entendiendo como se comportaban.

Fukuyama también había cometido otro gran error, al simplificar la importancia del Islam, ello a pesar de que en la década del neoliberalismo, se abrían muchas mezquitas en el mundo a la par del hastío que producía la sociedad consumista y hedonista. Confiaba el, que todo modelo autoritario era irrelevante y decadente frente a la promesa democrática. Por otro lado, la conjugación de economías de mercado y democracias autoritarias como la china y la rusa fueron el punto culmine de quiebre con “El fin de la Historia”, ¿podían coexistir dos formas antagónicas y antes contrarias teleologicamente? Si, hoy los chinos tienen poco interés en una democracia expresiva e informada, en tanto que puedan consumir como ciudadanos del primer mundo y puedan tener la esperanza de subir en la pirámide social.

  1. Contra la filosofía del fatalismo

Fukuyama necesitó dos motores para avanzar su versión de la historia, estos fueron: la economía liberal capitalista (satisfacción de las necesidades materiales) y la democracia liberal (satisfacción del deseo por el reconocimiento). Ambas tuvieron en esencia el ‘Thymos’ platónico o ‘deseo de reconocimiento’. Fukuyama conjugó en su libro a un Marx sin comunismo, y a un Hegel con democracia, de ambos logró una posición asimilable al liberalismo finalista. De aquella posición se alejaría en el prefacio a la edición de “The end of history and the last man” de 2006, esta posición así como un cierto distanciamiento de los sectores más conservadores se debe a las contradicciones dentro del liberalismo académico que hasta mediados de los años 2000 tendría un ala ultra-capitalista y un ala moderada tendiente hacia el partido demócrata estadounidense.

Ya desde sus retrocesos intelectuales e ideológicos, puede parecer muy fácil la crítica al fatalismo de Fukuyama, pero después del trabajo filosófico de H. Marcuse, G. Deleuze o J. Baudrillard es necesario atacar a la idea y no al hombre. Dado que muchos aún se inspiran en el fatalismo y en los profetas hegelianos, sean liberales o marxistas.

La aparente victoria flagrante del liberalismo económico/político, llevo al error de la homogeneidad en el mundo post-bipolar, la modernidad tardía en los países en desarrollo y el capitalismo inmaterial fueron lo que para Hegel fue la “Razón”2 y la “dialéctica”. Marcuse criticaría duramente a Hegel en tanto filosofo de la burguesía idealista (Marcuse, 1994). Así, de la crítica de Marcuse surge la pregunta, ¿si la historia se detuvo o está en vías de detenerse por la conclusión de la progresión humana en la filosofía liberal, la conciencia filosófica queda aletargada de forma perenne? Mientras que para Hegel la historia universal termina en el movimiento ilustrado y Europa es el pecho del mundo, para Fukuyama el liberalismo moderno del siglo XX con sus instituciones y sus libertades es la vanguardia finalista (Fukuyama, 1992).

Lo que no parece comprender Fukuyama, es que la razón per se no es un comportamiento de virtud, no significa un acto limpio de bajezas. La razón defendida por Fukuyama es la misma que defendieron en su momento los científicos de Hitler –e.g. Eugen Fischer– justificados en la defensa unilateral de la diosa razón. Tardíamente en otro trabajo (Fukuyama, 2002) se dio cuenta de los cambios que produjeron los avances en el estudio de la biología humana sobre los derechos y sobre lo que entendemos por humanidad.

El discurso lanzado desde el “Fin de la Historia y el último hombre” sirvió precisamente para justificar una política, y un accionar no solo útil para Estados Unidos, sino para el neo-liberalismo en general. Esta política es la de la homogeneización de los individuos en la falsa condición jurídica de “igualdad”, así también el prevalecimiento de los modelos progresivos de extracción y producción infinita (Klein, 2007).

El fatalismo niega necesariamente todo movimiento, condena al hombre a un sueño perenne e inútil, a un estancamiento. Esa pobre falsificación de la dialéctica también se ve en el fatalismo cristiano y el cielo eterno e inmutable, a esto M. Heidegger atacaría con el “Dasein” y la breve y limitada acción humana que más tarde trató el existencialista de Sartre, pero podemos estar seguros de una cosa, que todos los filósofos serios (Foucault, 1999a) no apoyarían un regreso simplista y burdo de la categoría de totalidad hegeliana.

  1. La historia foucaultina contra la historia lineal hegeliana

Basta revisar el pensamiento de Michel Foucault para desmoronar las tardías lecturas e interesadas afirmaciones de Fukuyama. En F. Fukuyama, la historia tiene el mismo recorrido que tuvo para Georg Wilhelm Friedrich Hegel. Ahora, si bien el pensamiento de Hegel es dirigido hacia la “totalidad”3 histórica y hacia la sucesión dialéctica, el pensamiento de Fukuyama se dirige también hacia una resolución de controversias que termina en el mercado y su democracia, a esto los pensadores post-estructuralistas4 atacaran, dado que la historia no es lineal sino un conjunto de fragmentos múltiples que terminan siendo enterrados, tomándose solo los pasajes más convenientes para así armar una historia unilateral y favorable a los vencedores de la historia.

Fukuyama decidió que la historia terminase en el momento en que convenía que Estados Unidos sea el único protagonista de la historia, de igual manera que para Hegel fue interés suyo el respaldar a Federico Guillermo de Prusia.

Pero la historia en Hegel y en Fukuyama es una búsqueda teleológica, así los postulados liberales son el punto culmine de la civilización humana y de sus progresos morales y sociales. Esta búsqueda de afirmación teleológica solo encubre un proceso de control ideológico que procura mantener a la política institucionalizada en manos de tecnócratas alejados del populacho, que no es otra cosa que la guerra de clases en el temor a la oclocracia.

En el pensamiento de Foucault la historia es multiplicidad de hechos y actos, todos están enlazados de una forma deleuziana hacia una red de sucesos conectados y desconectados, pequeños hechos detonantes y grandes acontecimientos hechos de los más pequeños (Foucault, 1999a).

La historia empieza aquí y ahora, es lo inmediato, lo espontaneo que es el inicio de la misma y que se suma a las demás historias que conjugan una posible historia siempre abierta, nunca totalizante y definitiva, sino parcial.

La historia en el mundo de las religiones cristianas tiene una atrás y un adelante, en las musulmanas un abajo y un arriba que hacen las diferencias siempre progresivas, en tanto que la historia en Foucault es una complejidad que no sigue progresiones, sino que va en regresión, avance, movimientos circulares y laterales. El s. XX fue una expresión de regresiones y de avances, para después ir nuevamente a regresiones bélicas y tensionamientos que han derruido las instituciones que aseguraban una paz mundial plena después de la II Guerra Mundial.

El proceso histórico no es continuo y fácilmente podría desplazar el papel del liberalismo para constituirse en otro modelo de democracia directa más radical o en una regresión impositiva desde la tecnología (a la que también teme Fukuyama5). Las luchas ideológicas, vuelven al escenario histórico y muchas de ellas que se creían extintas como el anarquismo son replanteadas en los movimientos antifa estadounidenses, y los movimientos ecologistas europeos. Así también el indigenismo (del que se creyera inhabilitado para proponer una plataforma organizativa seria) ha construido la base de los movimientos campesinos populares en buena parte de Sud-América, la crisis moral del sistema económico, los desmanes económicos de los bancos y centros financieros mundiales, el papel de los nuevos neo-nacionalismos, el Brexit, las nuevas barreras comerciales en la economía global, el papel cuestionado de la democracia representativa y el proceso de radicalización política actual, han causado que Francis Fukuyama quede en el olvido y su edificio teórico fatalista arda por completo.

Finalmente Fukuyama pide a sus lectores no se confunda su concepto de ‘historia’ con el de ‘eventos’, pero el confunde los detalles que representa toda acción humana colectiva dentro de una sociedad asimilada en una gran progresión histórica que las arrastra y que perpetua un camino independiente de los pequeños sucesos que cambian cualquier supuesta progresividad.

  1. Conclusión

La tesis fatalista de Fukuyama se defenestro ante todos los críticos anti-hegelianos que desde el 11-S retoman la historia como un ‘gran suceso’ de las luchas ideológicas no meramente económicas.

Fukuyama contribuyó a un panorama histórico para la década del 90, se construyó así una política internacional afinada al gusto norteamericano y esa es la única relevancia del trabajo de Fukuyama. Es así un trabajo como herramienta contributiva a la teoría de la dominación. Pero la importancia actual de la relectura de Fukuyama, es el periodo de triunfalismo liberal ante la caída del comunismo soviético. Similar panorama vivimos hoy, cuando las izquierdas populares han ido naufragando ante al accionar de los procesos ultranacionalistas o de libre mercado que hoy nuevamente cantan vítores a los nuevos gobiernos de derecha liberal. Y así como Fukuyama no se dio cuenta que al fin de cuentas no se trata de gobiernos, sino de las luchas de abajo no estatales, los cuales construyen las luchas de los desposeídos, hoy también los paladines del neoliberalismo como Vargas Llosa, no se dan cuenta que las luchas pervivirán y florecerán siempre desde esos movimientos flexibles, no autoritarios, contestarios, contra-imperiales y libertarios. Los cuales no se guían bajo ningún dogma de partido o presupuesto final y fatal.

Deberá ser tarea de los intelectuales el ir desmontando conceptos como de totalidad dado que al final, el fin del movimiento, de la vida, del pensamiento y de las ideas, solo queda como afirmación quimérica de alguien demasiado pretencioso.

Bibliografía

Habermas, Jürgen & Rawls, John, (1998). Debate sobre el liberalismo político, Barcelona, Paidós.

Foucault, Michel, (1999a). Estrategias del poder, Obras esenciales, Volumen II. Barcelona, Paidós.

Foucault, Michel, (1999b). Estética, ética y hermenéutica, Obras esenciales, Volumen III. Barcelona, Paidós.

Fukuyama, Francis, (1992). The end of history and the last man , New York, The Free Press.

Fukuyama, Francis, (2002). Our posthuman future consequences of the biotechnology revolution , New York, Farrar, Straus and Giroux.

Fukuyama, Francis, (2004). La construcción del Estado. Hacia un nuevo orden mundial en el siglo XXI, Buenos Aires, Ediciones B.

Kagan, Robert, (2008). The return of history and the end of dreams . New York, Alfred A. Knopf.

Klein, Naomi, (2007). The shock doctrine: the rise of disaster capitalism . New York, Metropolitan Books.

Kojeve, Alexander, (1980). Introduction to the reading of Hegel . New York, Cornell University Press.

Lyotard, Jean-François, (1991). La condición posmoderna . Buenos Aires, Ediciones Catedra.

Marcuse, Herbert, (1994). Razón y Revolución Hegel y el surgimiento de la teoría social. Barcelona, Ediciones Altaya.

Notas:

1 Desde la matanza de los marineros soviéticos de Kronstadt en 1921 por órdenes de Lenin y realizado por el comisario de Guerra Trotsky en la aplicación de la economía de guerra, se probó que el marxismo leninista era solo una variante más del capitalismo sumado con intolerancia. Esta investigación es mejor desarrollada en el libro ‘Kronstadt 1921’ de Paul Avrich.

2 El cambio radical que plantea Descartes cuando afirma que solo puede estar seguro de su duda, lo llevan a poner al hombre en el centro de la historia, al pensamiento que derivaría a la “razón” de la que derivarían la comprensión del individualismo, igualitarismo, libertad, racionalidad técnica, así como de nuevas categorías sobre el ser existencial.

3 Kojeve, 1980: 35, 81.

4 Desde Lyotard, hacia J. DerridaM. FoucaultG. DeleuzeJ. Baudrillard y G. Vatimo dieron las bases del posestructuralismo y el postmodernismo filosófico.

5 Fukuyama, 2002: 84.

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