La conquista de los derechos de ese colectivo, perseguido durante siglos por jaurías humanas y sus verdugos, es sin duda un avance histórico monumental, pero diminuto si lo analizamos desde una perspectiva global en el terreno y en el subsuelo de Occidente y de la Media Luna

Por Javier Cortines

No hay maridaje, no hay simbiosis, entre una sociedad educada durante milenios en el “ethos”, el humus, del judeocristianismo e islamismo, que desde tiempos inmemorables consideran “pervertidos” a todos aquellos que practican relaciones sexuales prohibidas por Dios, Alá, Yahvé, esa Santísima Trinidad que inventó el pecado y el infierno para que el ser humano aceptara la tiranía celestial y rechazara las llamadas de la diosa Libertad.

Y como la mentalidad de la gente no cambia de repente, por decreto, sino a través de largos procesos que pueden durar siglos, la integración natural y la asimilación de “los descendientes de Lesbos, Sodoma y Gomorra”, así como su incorporación armónica al cuerpo social, requiere de otras religiones que sustituyan a los antiguos dioses monoteístas, mutiladores de cuerpos y almas, para que poco a poco, gradualmente, “lo antinatural” sea visto como normal y, por lo tanto, ya no sean necesarias lo que algunos consideran “estridentes manifestaciones” del movimiento LGTBI, pues lo que es común y corriente fluye por cauces naturales al ritmo de pautas universales.

“Debemos ser prudentes respecto a las posibilidades de mutación inmediata de la especie humana a través del ejercicio de la fuerza o el imperio de nuevas leyes”, señala el historiador de formación marxista Raimundo Cuesta, Primer Premio Nacional a la Innovación Educativa, en un magnífico ensayo sobre el papel de la religión en la sociedad, cuyo borrador he tenido el honor de leer antes de su próxima publicación.

Cuesta no hace esa reflexión al referirse a la revolución feminista ni a las luchas del colectivo LGTBI, sino al analizar lo ocurrido en las sociedades postcomunistas, especialmente en la ex URSS, donde la gente abraza ahora con ímpetu “la religión del capitalismo” y parece que se ha olvidado, en un parpadeo de “tiempo histórico”, de sus viejas y nobles ideas de igualdad y solidaridad, que fueron bandera del “socialismo real”. Sin embargo, su advertencia es muy válida para tratar del tema del “cambio de mentalidad”, el verdadero, no el postizo ni el “políticamente correcto”.

En Grecia y Roma eran tan normales los comportamientos “multisexuales” que, con rarísimas excepciones, alguien escribía sobre ellos. Un ejemplo de «ese cuervo blanco» lo tenemos en “El Satiricón” de Petronio (Siglo I.d.C), obra que constituye un valiosísimo testimonio histórico para conocer el “gran abanico” de artes amatorias que practicaban los hombres y mujeres de aquella época (de todos los estratos sociales). En aquel “humus”, que todos y todas absorbían, no existía la idea de culpa, pecado o perversión, por lo que se ensalzaba el gozo de las parejas poliédricas.

Por eso mismo tanto en Grecia como en Roma (también en muchas ciudades del mundo civilizado) los seres “plurisexuales” no vivían en “microguetos” (como en el Barrio de Chueca de Madrid) o en “macroguetos” como Los Angeles (California, EEUU) y Tel Aviv (Israel), por poner un par de ejemplos al azar, sino que compartían los mismos espacios que sus conciudadanos ya que se reconocía, de forma tácita o explícita, que todos los seres tiene una parte “Yin” (femenina) y otra “Yang” (masculina), en grados diferentes en cada individuo. Por lo tanto no había nada anormal o relevante, ningún comportamiento sexual que requiriese una atención especial, en las grandes civilizaciones de la antigüedad que abrazaban el politeísmo.

No ocurrió lo mismo en la otra orilla del Mediterráneo, donde la razón y la filosofía fueron suplantadas por religiones monoteístas. La palabra de Dios es Ley. El ser humano se avergüenza de su cuerpo. Adán y Eva se cubren al darse cuenta de que están desnudos. Ese Demiurgo, germen de todas las tiranías que han dominado la Tierra, es implacable y “ordena que las parejas se unan sólo para tener hijos”. Uníos y mulplicaros, dice la Biblia. Todo lo que se desvíe del contacto hombre-mujer es una blasfemia que debe castigarse implacablemente con los métodos de “los mutiladores de cuerpos y almas”.

Yahvé, Dios y Alá, divinidades heterosexuales, atraen con la promesa del paraíso y someten, con la ayuda de los diferentes cleros, con la amenaza del castigo eterno en el infierno.

La muerte de los antiguos dioses fue lenta y al final se impuso el Único con su lista de pecados capitales y originales. Luego los seres humanos entraron en una larga Era de Oscuridad, que incluso en ciertas sociedades del siglo XXI perdura con soles apagados que esperan manos que vuelvan a encenderlos, pues se trata de luz para los cuerpos, las almas y las mentes.

Decía el profesor Pierre Lévèque (1921-2014) en su obra “El Mundo Helenístico” (Ed. Paidós), que aunque siempre hubo minorías con diversas preferencias sexuales, la homosexualidad y el lesbianismo se propagó, tuvo su Big-Bang, durante las largas campañas bélicas de los griegos -que a veces estaban semanas sin ver a una mujer- que hallaron placer en los jóvenes Aquiles que compartían con ellos batallas y tiendas de campaña. La soledad de sus mujeres, siguiendo la línea de nuestro autor, provocó en ellas la necesidad de cubrir sus necesidades físicas y espirituales con sus amigas.

Pierre Lévèque, gran conocedor de la antigüedad clásica, creía que si no hubiera sido por “El Ejército” y Los Templos (con sus sacerdotes y sacerdotisas), quizás el comportamiento “plurisexual”, que con tanto descaro practicaban los dioses, no se hubiera propagado con tanto éxito en las sociedades politeístas, logrando ser algo tan normal y natural que nadie tenía que mirar por el ojo de la puerta para ver lo que hacía el vecino, pues todos hacían lo mismo.

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Retrato de Javier Cortines realizado por el pintor Eduardo Anievas. Este escriba es el autor de la trilogía "El Robot que amaba a Platón", obra que no gusta nada a las editoriales consagradas al dios tragaperras por su espíritu transgresor y que se puede leer gratis en su blog:nilo-homerico.es/reciente-publicacion., en cuya portada se puede escuchar, además, la canción de Luis Eduardo Aute "Hafa Café".

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