IMAGE: Jan Vašek - Pixabay (CC0)

Apple negocia con la NFL los derechos de las retransmisiones de los partidos de los domingos (el paquete conocido como Sunday Ticket), hasta ahora en manos de DirecTV, y refuerza la idea de los vientos de cambio que parecen estar llegando al mundo de las retransmisiones deportivas, que pronto podrían empezar a caer en manos de competidores no tradicionales y distintos de los canales de televisión de toda la vida.

Twitter inició el movimiento hace ya tiempo: en 2016, obtuvo los derechos para los partidos de la NFL de los jueves, comenzó la transmisión, y fue capaz de obtener algo más de dos millones de espectadores en su primer partido. Pero la tendencia parece cada vez menos anecdótica: Amazon entró en la puja por los derechos de emisión de la Ligue 1 de fútbol francesa, y ha conseguido finalmente hacerse con ellos, en lo que supone un precedente muy interesante, al tiempo que Kosmos, la compañía de Josep Piqué, adquirió los derechos para España de la Copa América 2021, y los retransmitió en abierto en el canal de Twitch del popular streamer español Ibai Llanos.

Estamos, sin duda, ante un cambio: cada vez más, las empresas del ámbito digital ven en las retransmisiones deportivas una forma de generar un tirón de audiencias vinculado al tiempo real que puede resultar no solo rentable de cara a su explotación, sino sobre todo, en términos de imagen, para que una parte cada vez más significativa del mercado los sitúe en el lugar que les corresponde en el panorama audiovisual. En algunos casos, hablamos además de compañías con mucha mayor disponibilidad de fondos y capacidad de negociación de los canales de televisión tradicionales, y capaces de poner e juego muchos más recursos tecnológicos que permitan una evolución de la forma de ver los deportes.

En España, la patética desatención con la que Mediaset trató las emisiones online de los partidos de la Eurocopa, en las que tres anuncios emitidos obligatoriamente al principio condenaban al espectador a ver el partido entero con un minuto de retraso y a enterarse de los goles cuando el resto del país los gritaba, deja claro que las empresas audiovisuales de toda la vida están aún muy lejos de entender cómo funciona internet, y hasta qué punto no es simplemente una especie de «pantalla sucedánea» para cuando no estás delante de una televisión.

Cada vez son más las personas que, cuando llega el momento del prime time cada día, se sientan delante de su televisor y toman su mando a distancia… para seguidamente, presionar el botón de Netflix o de algún otro servicio de streaming y ponerse a ver una serie o una película al margen de los canales de televisión tradicionales. Seguramente son los mismos que si por casualidad se encuentran una película que les apetece ver en uno de esos canales tradicionales, deciden no intentarlo siquiera ante la perspectiva de una tortura de cortes publicitarios de varios minutos cada uno cada poco tiempo que les interrumpe el disfrute de la película. A medida que te acostumbras a ver más series y contenidos en servicios como Netflix, menos tolerancia pasas a tener ante los cortes publicitarios de la televisión tradicional.

Son cada vez más frentes que la televisión tradicional está viendo en sus mapas estratégicos, suponiendo que sean capaces de verlos o que simplemente tengan mapas estratégicos. En el futuro, buena parte del ocio seguirá estando vinculado a una pantalla de televisión, pero tengo serias dudas de que los que estén detrás de los contenidos emitidos sigan siendo los mismos de siempre…


Enrique Dans

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