La declaración del director de la Comisión Central de Asuntos Exteriores del Partido Comunista de China, Yang Jiechi referente a las acciones provocadoras que han realizado las administraciones estadounidense contra el gigante asiático ha sido contundente: “ninguna fuerza detendrá el desarrollo del país”.

En un foro organizado por el Comité Nacional de Relaciones entre Estados Unidos y China, Yang enfatizó que Washington debe «superar la obsoleta mentalidad de rivalidad, reanudar los contactos y dejar de entrometerse en los asuntos internos” de su nación.

Como se puso de manifiesto, durante los cuatro años de Donald Trump en la Casa Blanca fueron constantes las medidas extorsionistas y las falsas noticias lanzadas contra Beijing en un vano intento por debilitar a la nación asiática.

A todas luces el objetivo resultó fallido pues el gigante asiático logró esquivar la mayoría de esas coercitivas medidas y a la par adoptó precisas acciones para minimizar los efectos devastadores de la pandemia de coronavirus que continúa azotando con irreverente furia a la economía mundial.

Datos de organismos comerciales y financieros internacionales demuestran esa realidad. Mientras el Producto Interno Bruto (PIB) de Estados Unidos decreció 3,5 % en 2020, un nivel que no se observaba desde los años de la Segunda Guerra Mundial, el de China creció 2,3 %, para superar el umbral de los 100 billones de yuanes (unos 15,42 billones de dólares).

China superará a EE.UU.

Las noticias no son nada halagüeñas para Washington pues varias instituciones como el británico Centro de Investigación Económica y Empresarial (CEBR, por su sigla en inglés) asegura que China superará a Estados Unidos para convertirse en la mayor economía del orbe en 2028, cinco años antes de lo estimado previamente y cita como principal premisa la gran diferencia que existe en la recuperación de los efectos de la pandemia entre las dos naciones.

Señala el CEBR que Beijing se pondrá a la cabeza de la clasificación en ese año y no abandonará el primer lugar durante todo el horizonte de las previsiones que alcanza hasta 2035. Agrega que la economía estadounidense  mantendrá el segundo lugar aunque amenazada por el ascenso de la India que a partir de 2030 pasará a ser la tercera economía del orbe.

La nación asiática se ha recuperado en forma estable con incremento de empleos y el bienestar de las personas garantizado en forma efectiva, a la vez que las principales tareas del desarrollo económico y social se han comportado mejor de lo esperado, explicó el Buró Nacional de Estadísticas de China (BNE).

Los pronósticos auguran que el gigante asiático se encamina a crecer como promedio el 5,7 % anual entre 2021 y 2025 aunque tendrá una baja del 4,5 % entre 2026 y 2030.

Para Estados Unidos se espera un repunte de aproximadamente 4,1 % en 2021 que bajará al 1,9 % entre 2022 y 2024, y luego al 1,6 % hasta 2030.

El esfuerzo económico-social desarrollado por Beijing durante todo 2020 ha sido loable como lo demuestran las estadísticas.

El mercado laboral de China permaneció estable y la tasa de desempleo en las áreas urbanas se situó en un índice favorable del 5,6 %, cifra por debajo del objetivo anual gubernamental del 6 %. Se crearon 12 millones de puestos de trabajo, que representan el 132 % de la meta trazada.
La producción industrial de valor agregado aumentó un 2,8 %
interanual y la inversión en activos fijos alcanzó el 2,9 %, según el Buró Nacional de Estadísticas (BNE).
El desarrollo inmobiliario creció 7 % y la inversión en ese sector totalizó 14,10 billones de yuanes (2,18 billones de dólares) y en la construcción residencial 7,6 %.

La obsoleta mentalidad estadounidense

Yang Jiechi ha sido muy claro al decir que Estados Unidos debe «superar la obsoleta mentalidad de rivalidad» que mantuvo la administración de Donald Trump no solo contra China sino también hacia otras naciones como Rusia, Irán, Venezuela, Turquía, Cuba y hasta con la Unión Europea.

Ejemplo de esas obstrucciones económicas-comerciales ya ocurrieron en décadas anteriores como el cerco que lanzó Washington contra Rusia tras la Segunda Guerra Mundial o cuando en las décadas de 1970-1980 vio que Japón se acercaba al 60 % del PIB estadounidense lo cual representaba una amenaza para mantener su poderío mundial.

A Tokio le limitó el acceso a su mercado de productos como automóviles, telecomunicación, equipamientos médicos, semiconductores y le prohibió una serie de exportaciones de alta tecnología hacia ese país. Como resultado se detuvo durante dos décadas el crecimiento acelerado de Japón.

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Pero con China la táctica no ha dado resultado. El Banco Mundial señaló recientemente que el pujante rol de China en el comercio internacional, el tamaño de su economía, además de aparecer como el mayor acreedor del mundo, impulsa cada vez más su internacionalización.

La reciente creación del mayor tratado de libre comercio del orbe, nacido con el nombre de Asociación Económica Integral Regional (RCEP) que engloba a 15 países de la región Asia Pacífico, más la continua ampliación de la llamada Ruta de la Seda que desde China se expandirá por Europa, África y América Latina y beneficiará a cerca de 100 países, auguran la indetenible presencia del gigante asiático en el comercio y los mercados del planeta.

Malas noticias para los que desde el Norte insisten en mantener un mundo unipolar.

Hedelberto López Blanch, periodista, escritor e investigador cubano.