Rafael Silva


Los gringos no tienen amigos ni conocen lealtad a nadie. Los gringos tienen intereses y las agallas y las ambiciones… por el petróleo venezolano, por el gas venezolano, por el oro venezolano«

Nicolás Maduro Moro


Maduro no es solo el único presidente legítimo de Venezuela, elegido en comicios democráticos y transparentes, certificados por el mismo ente electoral que reconoció en 2015 la victoria de la oposición en las elecciones parlamentarias. Es, además, junto a la dirección político-militar de la Revolución, un paciente, laborioso e inquebrantable luchador por la paz. Con grandes esfuerzos y buena voluntad, ha agotado cuantas oportunidades han estado a su alcance por mantener la paz, la estabilidad y la institucionalidad democrática de la república y cuando no han existido esas oportunidades, ha tratado de crearlas. Esto, en circunstancias de acoso, cerco, guerra económica, diplomática y mediática de Washington, sus lacayos y aliados. Maduro hizo lo posible y lo imposible, en reiteradas ocasiones, por conducir a una salida airosa para ambas partes, el diálogo con la oposición

Ángel Guerra Cabrera


¿Qué has hecho, Venezuela, para vivir hostigada desde que Hugo Chávez tomó el poder en 1999, justo ahora hace 20 años? Dos décadas de hostigamiento capitalista, por tierra, mar y aire, difundiendo “fake news” (como tanto le gusta decir al perverso e indecente magnate devenido en Presidente estadounidense), difamando, promoviendo revueltas populares, cercando su economía, imponiendo brutales sanciones, desabasteciendo de productos sus grandes almacenes, promoviendo los éxodos de población, las guarimbas, los asesinatos, las injurias, las maldades y las mentiras sobre el legítimo gobierno de Venezuela. Dos décadas de continuas elecciones donde siempre resultaba ganador el chavismo (con o sin Chávez), pero ante las cuales recurrían a la mentira, para alegar que no eran “elecciones libres”, sólo porque no ganaban sus vasallos de la derecha. Y así continúan. Venezuela lleva dos décadas de ataques implacables del Imperio, pero aún resiste. Y es que la obsesión estadounidense por derrocar el chavismo es ya patológica, y además, en el fondo, tras burdas proclamas a la libertad y a la democracia, lo único que les mueve es apropiarse de sus enormes recursos naturales, especialmente del petróleo venezolano. El bienestar de los habitantes de Venezuela les trae absolutamente sin cuidado.

La secuencia de los últimos días ha sido vertiginosa, continua, incesante: en primer lugar, varios militares indignos se rebelaron y llamaron a la población a salir a las calles y a seguirlos (enseguida fueron detenidos por las fuerzas policiales), a continuación desde Estados Unidos también llamó a la rebelión el Vicepresidente Mike Pence, en un ridículo intento de pronunciar parte de su discurso en español (mientras los latinos en su país siguen discriminados y tratados como criminales), y llamando “dictador” a Nicolás Maduro, entre otras lindezas. Y por último, asistimos con vergüenza ajena a la ridícula autoproclamación de Juan Guaidó (el joven Presidente de la Asamblea Nacional) como Presidente “interino” de Venezuela, cuyo absurdo juramento en plena calle ha sido reconocido ya por varios países del ala conservadora y neoliberal mundial, y por supuesto por Estados Unidos en primer lugar. Este personaje, aunque no haya sacado los fusiles y los tanques a la calle, es simplemente un golpista. Para tener una idea clara de dónde hay que posicionarse, sólo hay que contemplar las amistades que se han situado a un lado y otro: legitimando a Juan Guaidó, tenemos a Estados Unidos, Canadá, la UE (aunque no oficialmente aún), y la mayoría de países de América Latina, (en nuestro país tenemos a la triple derecha PP+C’s+VOX, más los dinosaurios Felipe González y José María Aznar), y alineándose con Nicolás Maduro para defender la legitimidad del gobierno bolivariano tenemos entre otros a Cuba, México, Bolivia, Rusia, China, Turquía, o Nicaragua (y en nuestro país a Unidos Podemos, ya que el PSOE siempre se muestra ambiguo en estos temas, incluyendo al ex Presidente Zapatero).

Hasta ahora, la cúpula de las Fuerzas Armadas se ha alineado sin fisuras con el Presidente Maduro, pero no han podido evitar las algaradas callejeras, que en el momento de redactar este artículo, se han cobrado la vida de 16 personas, y numerosos heridos. Es posible que este ambiente caldeado en las calles aumente durante los próximos días, para presionar aún más al Gobierno bolivariano. Nicolás Maduro ha roto todas las relaciones con Estados Unidos, y ha dado un plazo de 72 horas a todos sus representantes diplomáticos para que abandonen el país, aunque Donald Trump ya les ha arengado para que se queden en el país, argumentando que el Presidente Maduro ya no posee autoridad para dar ninguna orden. Los que se quedan en la ambigüedad han declarado que quieren que se celebren “elecciones libres”, un argumento que tiene bastante gracia, teniendo en cuenta que Venezuela lleva celebrando elecciones libres durante los últimos 20 años (es decir, durante todo el chavismo), consideradas además por todos los observadores internaciones y organismos como de las más garantistas del mundo. Está claro que los que alegan esto lo que quieren decir es que, para ellos/as, “elecciones libres” quiere decir que ganen los candidatos de la derecha. En cualquier otro caso, no serán libres.

Las intenciones de los partidos de la derecha venezolana están claras: diseñar (como acaba de hacer Brasil, por ejemplo) un Gobierno títere de Washington, seguidista y servil a todas sus políticas, y sobre todo, entreguista de los recursos naturales y del petróleo venezolano a las arcas públicas norteamericanas. Como ha dicho Pablo Iglesias en un tuit: “A Donald Trump le interesa más el petróleo que los derechos humanos”. Pero los medios de comunicación dominantes ya han comenzado a enviar sus perversos mensajes, para seguir colonizando las mentes en todo el mundo, y ponerlas a favor del nuevo presidente fantasma. Sin ir más lejos, el mensaje del Vicepresidente Mike Pence el martes pasado, enviado en video a los venezolanos para alentar a quienes protestan contra Maduro, se difundió a través de 2.751 poderosos medios de comunicación de todo el mundo, todos ellos bajo la coordinación de expertos de la OEA (Organización de Estados Americanos, dirigidos por Luis Almagro), y de la ONG estadounidense Human Rigths Watch. La intención de todos estos indecentes gobernantes y de todos estos corruptos medios, como llevan haciendo durante años sin descanso, es crear en Venezuela un estado de descomposición social tan profundo que conduzca sin remedio a una intervención extranjera bajo el pretexto de la “intervención humanitaria”.

Hasta ahora, el Pentágono se ha conformado con el descrédito fomentado hacia el gobierno bolivariano, las salvajes movilizaciones sociales, y el sabotaje y desabastecimiento de miles de supermercados y grandes almacenes, para crear un ambiente social irrespirable, donde las personas tengan que huir del país porque no pueden vivir dentro. Es la fase de deslegitimación, pero le ha salido el tiro por la culata, porque el pueblo siempre ha mostrado, en cada uno de los comicios celebrados, su apoyo al chavismo. En vista de lo cual, ha endurecido la campaña (ya Barack Obama declaró a Venezuela “amenaza a la Seguridad Nacional” de los Estados Unidos), pasando a la etapa del asedio internacional, de las sanciones y de los intentos de bloqueo a su economía. Como están desesperados porque esta campaña, más hostil aún que la primera, tampoco consigue arrebatar el poder a Maduro, sólo les quedaría la tercera fase, la más peligrosa, la de la intervención directa, por medio de las Fuerzas Armadas, con la ayuda de mercenarios, y las fuerzas de países vecinos, como Colombia o Brasil. Esperemos que esta fase no llegue nunca, pero los ánimos están más caldeados que en cualquier momento anterior. A Estados Unidos y a toda la derecha local y mundial le hubiera gustado que la rebelión se hubiese forjado desde las propias Fuerzas Armadas venezolanas, pero se han dado con un canto en los dientes, precisamente porque la democratización del Ejército fue una de las primeras tareas que el Presidente Hugo Chávez llevó a cabo en su país, para asegurarse que esa “unidad cívico-militar” (como él la llamaba), no defraudara nunca, y jamás abandonara la voluntad popular, situándose siempre en la defensa de la voluntad del pueblo venezolano. Ya podrían aprender otros países de esta hazaña y éxito chavista.

Para aquéllos que afirman y repiten como un papagayo que Maduro es un “dictador”, un “usurpador” del poder, etc., aquí tenemos la réplica de Pascualina Curcio, que explica perfectamente y con detalle la validez, legalidad y legitimidad del último proceso electoral de mayo de 2018. Los lacayos seguidores del imperialismo yanki no se van a dar por vencidos, pero ante la barbarie del Imperio, sólo la dignidad y la determinación de todo un pueblo, podrán vencer. La voz del neoliberalismo continuará intentando destruir la Revolución Bolivariana (como tantas veces intentó hacerlo con la Revolución Cubana), pero hasta ahora, Goliat no ha podido vencer a David. La ultraderecha y el neofascismo, representados por el eje Madrid-Bogotá-Miami, junto al llamado Grupo de Lima, no han podido hasta ahora con la voz del pueblo venezolano que se abraza a la Revolución que liderara primero Chávez y ahora Maduro, dos valientes líderes, que han sabido mantener a raya todos los intentos de destrucción de su proyecto para una Venezuela libre, soberana, justa y digna. Los perros de Washington y sus falderos no buscan la paz ni la democracia, sino el enfrentamiento de la propia sociedad venezolana, para así poder destruir lo que tanto costó construir: la independencia de Venezuela frente a los designios del Imperio.

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Soy un malagueño de izquierdas, enamorado de los animales, y de mi profesión, la enseñanza. Soy profesor de nuevas tecnologías y crítico de las mismas, sobre todo de los cursos de F.P.O. (Formación Profesional Ocupacional) de la Junta de Andalucía. Me hice analista político ante la terrible deriva del capitalismo de nuestro tiempo, ante la necesidad de alzar la voz ante las injusticias, ante las desigualdades, ante la hipocresía, ante la indiferencia, ante la pasividad, ante la alienación. Sentí la necesidad vital de aportar mis puntos de vista, mi bagaje personal, y de contribuir con mi granito de arena a cambiar este injusto sistema.

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