La exsecretaria general de Vox en el Congreso, Macarena Olona, ha revelado en su libro de memorias, titulado «Soy Macarena», que fue objeto de espionaje por parte de Tizona Comunicación S.L., la empresa encargada de la comunicación de Vox. Según informa ElPlural.com, la empresa ha facturado una cantidad considerable de 3.771.854 euros en tan solo 5 años.

En el libro, Olona explica que cuando fue designada candidata de Vox a la Junta de Andalucía, recibió ayuda de Tizona Comunicación para gestionar su campaña y preparar sus intervenciones en los debates.

Sin embargo, según relata Olona, la empresa impuso en su equipo a Miguel Hernández, conocido como «el joven europeo» en Vox, quien incluso se instaló en la casa alquilada por Olona durante la campaña electoral.

El incómodo episodio de Macarena Olona: compartir piso con su propio "espía"
El incómodo episodio de Macarena Olona: compartir piso con su propio «espía»

La exsecretaria general de Vox se mostró en desacuerdo con la presencia de Hernández en su equipo, pero finalmente tuvo que aceptarlo debido a la insistencia de Kiko Méndez Monasterio, uno de los propietarios de Tizona Comunicación. Posteriormente, Olona descubrió que Hernández era un topo encargado de controlar y supervisar sus discursos en los mítines.

Olona describe esta situación como un «control exhaustivo», donde Hernández elaboraba informes detallados sobre sus intervenciones y luego los enviaba a Madrid. La exsecretaria general de Vox se sintió manipulada y controlada, y llegó a tener conflictos con Santiago Abascal y Ángel López Maraver a causa de esta vigilancia.

Este caso de supuesto espionaje y control ha generado polémica y plantea interrogantes sobre la transparencia y la confidencialidad en la comunicación interna de Vox. La denuncia de Macarena Olona pone en evidencia la importancia de mantener la confianza y la privacidad en los equipos de campaña política.

OPINIONES ENCONTRADAS SOBRE EL ESPIONAJE EN VOX

La revelación de Macarena Olona sobre el supuesto espionaje llevado a cabo por Tizona Comunicación ha generado diversas reacciones en el ámbito político. Mientras algunos consideran que estas prácticas son inaceptables y ponen en duda la integridad del partido, otros restan importancia al asunto y lo ven como una estrategia habitual en la política.

Por un lado, críticos de Vox argumentan que este episodio demuestra una falta de transparencia y una posible manipulación de los discursos por parte de la empresa de comunicación. Consideran que el espionaje interno puede afectar la confianza de los votantes y socavar la credibilidad del partido.

Por otro lado, defensores de Vox argumentan que el espionaje político es una práctica común en todos los partidos y que es necesario para garantizar la coherencia y la eficacia en la comunicación. Argumentan que los equipos de campaña necesitan supervisar y controlar los mensajes para asegurar que se transmitan de manera efectiva y se ajusten a la estrategia del partido.

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