El Tribunal Constitucional decidía este lunes paralizar la votación en el Senado de la reforma judicial del Gobierno al imponerse la decisión de su mayoría conservadora en 6 votos sobre 5.

Las reacciones respectivas alrededor de dicha decisión no han dejado de sucederse desde entonces y una de las que más repercusión que ha alcanzado ha sido la del magistrado Joaquim Bosch.

El juez, crítico con la decisión, ha expuesto en Twitter que “por primera vez en nuestra historia, los representantes democráticos ven suspendida parcialmente su actividad legislativa. Es un efecto más del bloqueo partidista de la cúpula judicial. La decisión del Tribunal Constitucional es un precedente peligroso para la democracia”.

Este fin de semana el juez advertía en un artículo que “la excepcionalidad se ha convertido en la normalidad en el funcionamiento de la cúpula judicial”.

Par este “la situación roza el esperpento propio de las mejores obras de Valle-Inclán”, debido a que “el mandato de los miembros del actual CGPJ acababa en 2018, pero llevan más de cuatro años caducados, autoprorrogados y en funciones, como si sus pilas fueran eternas”.

Y lanzaba una advertencia para garantizar la democracia: “Hemos mejorado bastante, pero aún debemos aprender de las democracias más avanzadas. En ellas no existen estos problemas, porque han configurado sus instituciones de otra forma, con un adecuado sistema de contrapesos. Lo más urgente para salir de lo grotesco es acabar lo antes posible con la excepcionalidad y renovar nuestros caducados órganos constitucionales”.

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