El asesinato de Kateryna Handzyuk, destacada activista ucraniana contra la corrupción, es el último de una sucesión de ataques brutales contra activistas de la sociedad civil en Ucrania a lo largo del año pasado, por los cuales sólo se ha detenido a un puñado de sus autores y no se ha identificado a ninguna de las personas que los ordenaron.

Las autoridades han preferido centrarse en unos cuantos casos individuales y hacer caso omiso del patrón general y de numerosos casos concretos; pero esto tiene que cambiar ya.

Es fundamental que el legado de Kateryna Handzyuk, quien murió a causa de las lesiones que sufrió hace tres meses en un ataque con ácido, no se reduzca a su trabajo; su muerte debe marcar un límite claro por el que las autoridades garanticen que toda persona que hostigue, intimide o ataque a activistas de la sociedad civil comparece ante un tribunal.”

Oksana Pokalchuk, directora de Amnistía Internacional Ucrania, han indicado que “la muerte de esta valiente activista de la sociedad civil debería espolear a las autoridades ucranianas para dar una respuesta verosímil a la pregunta que todo el mundo se hace: ¿quién mató a Kateryna Handzyuk? La respuesta sólo será posible a través de una investigación eficaz, imparcial y transparente, de la clase que no hemos visto en tantos otros casos.