La desaparición del lobo en Europa vino unida a los avances de la industria y la obsesión del hombre por dominar todos los espacios del planeta, transformando en un territorio severamente humanizado cada rincón del planeta. En estos últimos años hemos visto que el lobo ha sido capaz de reocupar, aunque sea levemente, algunos de los últimos rincones que han quedado con entidad natural de cierta importancia, como es el caso del norte de Europa, de donde fue extinguido a golpe de escopeta hace 150 años.

El Gobierno holandés ha aplicado en 2013 un programa llamado El Protocolo del Lobo destinado a gestionar el regreso del mamífero carnívoro, desaparecido del país en el siglo XIX debido a la caza. Wolven in Nederland (Lobos en Holanda, en neerlandés), entidad formada por varios grupos ecologistas y la Federación de Cazadores, sigue su evolución, y dice que “caben unas 20 manadas”.

Ya se han avistado lobos en Bélgica, y están más asentados en Polonia, Italia, Luxemburgo, Dinamarca, Noruega, Suecia y Finlandia, entre otros. En Rusia puede haber hasta 50.000. En Alemania, la Asociación de Cazadores de Baja Sajonia ha avistado 16 manadas de diverso tamaño y varias parejas sin crías. En la localidad de Meppen, a 20 kilómetros de la frontera con Holanda, ha aparecido este año una familia con seis lobatos.

Aún así, Holanda muestra las dos caras de la misma moneda, pues después de intentar gestionar el regreso del lobo, ahora, después de avistar a dos ejemplares, ya está tratando de aunar la conservación del carnívoro y su coexistencia con el hombre. Siempre el hombre.

 

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