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La cifra de niños que se quedan huérfanos o sin alguien que se haga cargo de ellos por el ébola en República Democrática del Congo (RDC) se ha multiplicado desde abril, lo que hace necesario reforzar la atención especializada para estos niños en Ituri y Kivu Norte, las zonas más afectadas por el ébola.

Desde que se declaró el brote de ébola hace poco más de un año, UNICEF y sus aliados han registrado 1.380 niños que han quedado huérfanos, es decir, que han perdido uno o a ambos progenitores por el ébola.

En este mismo periodo, 2.469 niños han sido separados de sus progenitores o cuidadores principales, y se han quedado solos mientras que los adultos recibían tratamiento o estaban en cuarentena por haber tenido contacto con una persona contagiada.

“Esta enfermedad está siendo especialmente dura para los niños”, explica Pierre Ferry, jefe de los programas de protección de UNICEF RDC. “Los niños están viendo morir a sus padres delante de ellos o a sus seres queridos en centros de tratamiento contra el ébola, con la incertidumbre de si volverán o no, y cuándo. Luchan contra el dolor y la ansiedad, al tiempo que tienen que tranquilizar y cuidar a sus hermanos pequeños. Muchos sufren discriminación, estigmatización y aislamiento”.

UNICEF trabaja mano a mano con sus aliados y las comunidades locales para identificar rápidamente los niños en esta situación y ayudarles según sus necesidades físicas, psicológicas y sociales.

Hasta la fecha, UNICEF ha formado a 906 asistentes psicosociales y psicólogos que son los que prestan servicios individualizados a los niños huérfanos o que están solos.

“Estos trabajadores, al ser personas que vienen de las mismas comunidades afectadas, cuentan con la confianza de sus vecinos y son agentes clave en la respuesta”, explica Ferry. “Lo cierto es que han conseguido reducir la discriminación y la información errónea e impulsar la aceptación y el compromiso de la comunidad, que es fundamental para detener el brote”.

Los equipos de apoyo psicosocial prestan servicios especiales a los niños que están solos. Servicios que incluyen alimentos, apoyo psicosocial y ayuda material. UNICEF tiene en funcionamiento tres guarderías que están al lado de los centros de tratamiento contra el ébola, en las zonas más afectadas por la epidemia. Son los supervivientes al ébola, ya son inmunes a la enfermedad, quienes cuidan a los bebés y a los niños más pequeños hasta que sus padres o cuidadores terminan el tratamiento.

Los niños cuyos padres no sobreviven tienen necesidades a largo plazo. Los trabajadores psicosociales se esfuerzan para encontrar un hogar temporal con familiares que quieran cuidar de ellos o en casas de acogida. Esta no es una labor fácil debido principalmente a la situación económica de las familias y el gasto adicional que supone cuidar a más niños o el miedo de contraer la enfermedad o a que se les asocie con ella. Muchas veces hace falta una mediación particular y apoyo económico para alimentos, gastos escolares y para otras necesidades básicas. El tipo de ayuda se determina en función de las necesidades más urgentes de cada niño o familia.

Todos estos niños necesitan apoyo psicosocial para aliviar el impacto de la pérdida, el estigma y el aislamiento. Es por ello que UNICEF está trabajando para aumentar rápidamente los programas de protección de los niños en las zonas afectadas.

“El número de niños que han quedado huérfanos o solos sigue creciendo tan rápido como la propagación de la enfermedad”, lamenta Edouard Beigbeder, representante de UNICEF RDC. “Los cuidados, la asistencia especializada y los recursos para estos niños tan vulnerables deben mantener ese mismo ritmo”.

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