Javier F. Ferrero

El PP presumía de contar con 869.535 afiliados, siendo así uno de los partidos con más base de Europa, el partido más grande de España y de Europa. Los Republicanos franceses tienen 235.000 y la coalición conservadora alemana CDU-CSU, 566.000. Pero el castillo de naipes se ha caído en uno de los momentos más cruciales de la historia de Partido Popular. Para la elección del relevo de Mariano Rajoy, sólo 66.384 afiliados, el 7,6% del total que el PP dice tener, se han apuntado para votar el 5 de julio. O el PP mintió con su cifra de afiliados o a casi ningún miembro de las bases le importa el futuro de su partido. Entenderemos que es lo primero.

Ilustración de SrPotatus

Como dato curioso, cabe señalar que en 2015 el PP presentó en las elecciones municipales a 61.986 personas. Todos ellos alcanzan casi el número de afiliados que escogerán el próximo 5 de julio entre los seis candidatos a la Presidencia del partido. En el propio partido reconocen como ridículas las cifras y evidencian la realidad sobre el número de militantes activos y que pagan cuota, que la propia Cospedal ha reconocido que sólo hace un 10%.

Militantes fantasma en un censo ficticio, inflado porque ningún territorio quiere asumir los datos reales y constatar la realidad de ver rebajado su peso y disminuido su número de compromisarios. Un poco de conocimiento es peligroso, pero no tanto como mucha ignorancia, y el Partido Popular nada últimamente hacia las dos orillas. Los candidatos a la presidencia del PP se presentan como salvadores y líderes, ellos llevarán en volandas al grupo azul de nuevo al lugar que les fue arrebatado, pero, a la vez, desconocen todo lo que ocurría en su propia casa. El vecino tenía muertos enterrados en el jardín, pero tú estabas viendo la televisión y no sabías nada. “Siempre saludaba”.

Los cachorros liberales tampoco se libran, ya que para formar parte de las Nuevas Generaciones (NNGG) no hacía falta pagar cuota. En los grupos de Whatsapp de los jóvenes militantes conservadores se les recuerda esto al mismo tiempo que se les envían las normas de primarias. “Si nosotros no las pagamos, no las van a pagar los críos”, podría argumentar la formación azul.

“De vez en cuando di la verdad para que te crean cuando mientes”, decía el dramaturgo Jules Ranad, y tenía razón. Nos hemos acostumbrado tanto a las mentiras del PP que ya nos dan igual, pero no dejemos de decirlo: esto sería un escándalo en cualquier país serio. Multiplicar por 10 la cifra de afiliados para dar una imagen irreal de grandiosidad, de la misma forma que paga con dinero negro actos políticos que de otra forma no se podría permitir, han creado un monstruo político con pies de barro. El PP es un Dorian Gray que, tarde o temprano, tenía que acabar mirando su retrato.

 

 

 

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