Existe una tendencia de desvincular a los iconos, aunque sean deportivos, de su pensamiento. Michael Robinson, fallecido a los 61 años de edad después de una larga lucha contra el cáncer, cayó en esa injusta tendencia, aunque su pensamiento quedó para siempre en negro sobre blanco en su biografía: «Es lo que hay…: Mis treinta años en España».

El auge de la derecha

«Vivimos un populismo de derecha que esconde sus intenciones ante las encuestas y juega a quitarnos el sueño», señaló Robinson. Sobre el Brexit, era muy claro: «Es un voto envuelto en la Union Jack, la bandera. Alude al estómago. Es pasional. No confié en absoluto en las encuestas. Pasé una noche solo, una de las más tristes de mi vida (…) Ganaron por goleada.»

«Como conocedor de esa filosofía, me temo que no buscarán tras el desastre real. Sacar tajada. Clara ventaja. (…) Acabarán saliéndose con la suya, tarde o temprano. Y el resto, a tragar».

Sanidad Pública

Robinson lamenta en su libro que la votación a favor del «brexit» fuese favorable a separar Reino Unido de Europa. Relata que sus padres votaron a favor de la medida, algo que significó una ofensa para él. «Son libres de hacerlo, pero me cuesta meterme en sus cabezas», relata.

«Si dicen, como he oído algunas veces, que los extranjeros están atascando la sanidad, deben pensar antes que también la están atascando. Gran parte del personal sanitario hoy no es británico. Si no fuera por los extranjeros, sencillamente no existiría la sanidad con la que hoy cuentan».

Churchill, el racista y misófino

«A menudo, hemos fabricado ídolos. Algunos salieron con más consistencia que otros. Yo no le diría a ningún británico que Winston Churchill es de lo tipos más denigrantes que han existido porque todos queremos héroes», señalaba el locutor en referencia al primer ministro del Reino Unido durante la Segunda Guerra Mundial.

«Ahí está sir Winston. Imposible de criticar. Si te cuento que fue racista y misógino, me matan… Eso nunca», señaló.

El capitalismo

«El día que cayó el muro de Berlín estaba en casa de mis padres y tomamos champán. Brindamos. Entonces dije: ‘Papá, ahora vamos a observar sin barreras la cara del capitalismo. Ya veremos si se impone la paz. No tengo ninguna fe. Brindemos, papá, aunque creo que el mundo es más peligroso ahora que nunca’», relató el eterno locutor sobre la caída del «Muro de Protección Antifascista», como se definía en la RDA.

«Mamá, por única vez en mi vida, me pegó una bofetada…», señaló. «Entiendo a mi madre: no era el momento adecuado para decirlo. Lo que me repateaba, quizás, era un nuevo triunfo de Estados Unidos a nivel global», remachó Robinson.