Javier F. Ferrero


John Locke (1632-1704) fue un filósofo y médico inglés, uno de los primeros empiristas, considerado como uno de los más influyentes pensadores del empirismo inglés y conocido como el «Padre del Liberalismo Clásico».

Influido por las ideas de Francis Bacon, Locke realizó una importante contribución a la teoría del contrato social. Su trabajo afectó en gran medida el desarrollo de la epistemología y la filosofía política.

Sus escritos influyeron en Voltaire y Rousseau, pensadores de la Ilustración francesa, así como los revolucionarios estadounidenses. Sus contribuciones al republicanismo clásico y la teoría liberal se reflejan en la Declaración de Independencia de los Estados Unidos y la Declaración de Derechos de 1689.

Locke confiaba en la bondad humana pero también en su posibilidad de errar a causa de sus debilidades, y la necesidad del reconocimiento al hombre de la vida, la libertad y la propiedad de los frutos de su esfuerzo, como derechos naturales, o sea inmanentes, que hacen a la esencia de su ser. El Estado es construido por contrato social entre hombres iguales, con el fin de protegerlos y ejercer la justicia pública, evitando la venganza privada, ante conflictos que surjan cuando disputen sus propiedades.

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El liberalismo de Locke

El pensamiento político de John Locke se encuentra desarrollado en las «Cartas sobre la tolerancia», (de 1689,1690 y 1693), y en los «Tratados sobre el gobierno civil», de 1690, especialmente en el segundo. Las primeras suponen un alegato en favor de la democracia, y en las últimas Locke intenta fundamentar filosófica y políticamente el Estado, buscando en su origen su legitimidad.

Locke, a partir de sus aportes, se considera como uno de los pilares de la doctrina liberal. Su concepción de la naturaleza del hombre y del orden social y político cimentó las bases sobre la que posteriores autores asumieron a la corriente liberal.

En su primer tratado sobre el gobierno civil, Locke desarrolló una visión crítica respecto de la teoría divina del derecho de los reyes. En este sentido, la relación entre los hombres estará definida en términos de igualdad natural mientras que la relación entre los hombres y la creación estará definida en términos de propiedad.

La libertad será aquella condición en la que «cada uno ordena sus acciones y dispone sus posesiones y personas como juzga oportuno» y opera cuando la relación entre los hombres no obstaculiza la relación entre hombres y cosas, abriendo paso a su equiparación en términos del derecho a la propiedad privada. Según el filósofo, la propiedad privada corresponde al propio metabolismo humano: el hombre, al procurarse las cosas necesarias para la subsistencia, opera sobre la naturaleza mediante su trabajo, transformando los bienes colectivos de la creación en bienes privados.

Locke define el pasaje del Estado de Naturaleza a la Sociedad Civil. A partir de una naturalización de la propiedad privada, Locke da lugar a la precesión de la relación hombres-cosas respecto de la relación entre hombres. La persona queda entonces definida en términos de propiedad que, en su sentido amplio, incluye «vida, libertad y hacienda«.

El filósofo postula que los hombres viven en el estado de naturaleza en una situación de paz y sometidos a leyes naturales que surgen de la razón. Los hombres salen de esta situación tras haberse generado una situación de injusticia, tanto en el castigo como en el resarcimiento por el crimen cometido, que desemboca en un ciclo infinito de injusticias posteriores.

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Locke y la religión

John Locke no negaba la religión, pero la limitaba al ámbito privado, por lo cual separa la religión del Estado. Él vivió una época de gran división y luchas entre católicos y protestantes, y por ello aboga por la tolerancia religiosa, pues no encuentra ningún fundamento bíblico para atacar a los que profesan diferentes credos.

Sin embargo, lo único que no acepta Locke es el ateísmo. Solo considera posible que el Estado intervenga para perseguir a los ateos, pues los considera socialmente peligrosos. Locke cree en que Dios existe, pues los seres creados no pudieron surgir de la nada. Los mandatos de Dios solo podemos conocerlos mediante las leyes de la naturaleza.

Relación entre gobierno y ciudadanos

Para Locke, la relación entre el gobierno y los ciudadanos queda definida como mandato, es decir, como el encargo de una tarea. Mediante el pacto se constituye la sociedad civil y, posteriormente, el pueblo se constituye en asamblea y elige un gobierno al que confía una tarea.

Según el filósofo, el poder del Estado no puede estar concentrado en los mismos representantes, más bien al contrario: la garantía de que no se produzca abuso de poder radica en una estricta división del mismo en tres ámbitos diferenciados que deben ser detentados por personas distintas.

La división de poderes se estructura, según Locke, de la siguiente manera:

  • El poder legislativo constituye el poder supremo en sentido estricto, pero no es un poder absoluto: tiene que responder de la confianza puesta en él y respetar la ley moral natural.
  • El poder ejecutivo es el encargado de realizar los mandatos del legislativo.
  • El poder federativo es encargado de la seguridad del Estado y de las relaciones con el exterior.

Para John Locke, el poder judicial no es un poder independiente, siendo sólo un aspecto del ejecutivo.

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Disolución del gobierno

Respecto a la disolución de un gobierno, Locke afirma que un gobierno se disolverá siempre que se de alguna de las siguientes situaciones, según que la causa de su disolución sean internas o externas:

a) Disolución por causas externas: cuando la sociedad que gobierna no pueda perdurar al ser conquistado el Estado por un Estado enemigo.

b) Por causas internas:

  • Siempre que el legislativo sea modificado arbitrariamente o sometido a un poder absoluto que le impida actuar libremente.
  • Si el detentor del poder ejecutivo es incapaz de poner las leyes en vigor.
  • Si el ejecutivo o el legislativo obran contrariam.ente al mandato encomendado.

Según Locke, cuando un gobierno queda disuelto por cualquiera de estas causas la rebelión de los súbditos queda justificada.



 

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