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Modernazi

Hoy quiero hablaros de mi amigo Pedro. Mi amigo Pedro se quiere independizar y ha visto un piso que le gusta mucho. Y, además, al casero y a los vecinos les ha caído muy bien. El único problema –aunque no menor- está en que por ese piso le piden 1.000€ y él sólo dispone de 600€ para el alquiler. La gente le dice que comparta piso, pero él no quiere. Dice que prefiere vivir solo. Yo le entiendo, a nadie nos gusta compartir piso, pero a veces no nos queda más remedio, ¿verdad?

Así que Pedro pensó en su amigo Albert, que tiene los 400€ que le faltan para poder mudarse ya. Pero los vecinos, aunque le dieron el visto bueno a mi amigo Pedro, le pusieron una condición: con ese chico de la camiseta naranja que siempre está tan nervioso, no. Podía vivir solo o compartir piso siempre y cuando no fuera con Albert. Aun así, mi amigo Pedro no se lo quita de la cabeza y no para de ponerle ojitos. Pensó que, a unas malas, podrían hacerlo de tapadillo. Pedro viviría “solo” en el piso, pero por las noches Albert iría allí a dormir -y a lo que no es dormir- y se marcharía por las mañanas temprano y así nadie sospecharía. Pero Albert parece que pasa de mi amigo Pedro. Está explorando otros mundos, otros ambientes, con otras amistades. Así que Pedro estaba como al principio: seguían faltándole 400€ para poder mudarse.

Dibujo de @JavierFFerrero

Entonces pensó en su otro amigo, Pablo, que dispone de 300€. Pero es puro interés, no quiere compartir piso con él. Así que, ni corto ni perezoso, mi amigo Pedro le dijo a su amigo Pablo que le regalara esos 300€ porque, “total, a él tampoco le llega para alquilar nada”. Entonces Pablo le respondió que, hombre, regalárselos no se los iba a regalar -lógico- pero que él también estaba pensando en abandonar el nido y que, si quería, podía alquilarle una habitación. Pero Pedro se niega, Pablo no le cae bien. Dice que es muy pesado. Que siempre está regañándole por no tirar los bricks al amarillo, que pone unos documentales que son un tostón y que deja un montón de pelos en la bañera.

De lo que no se da cuenta mi amigo Pedro es de que no está para elegir. No es consciente de su situación y no quiere asumir la realidad. Y esa realidad no es otra que, aun contando con los 300€ de Pablo, todavía le faltarían 100€ para poder adquirir el piso. ¿Y de dónde podría sacar esos 100€? Pues, no quiere contemplarlo e intenta evitar el tema, pero lo cierto es que el único que dispone de ese dinero que falta es Gabriel. Gabriel es un buen chico, pero a veces es un poco revoltoso y por eso no quieren compartir piso con él hasta que madure un poco. Saben que la convivencia sería complicada y que, a veces, llevaría a casa a esos compañeros suyos tan ruidosos, Quim y Carles. Y, en realidad, Gabriel tampoco tiene demasiado interés en compartir piso con Pablo y mucho menos con Pedro ya que, aunque no se llevan mal del todo, son muy diferentes. Así que Gabriel no le exigiría una habitación, como Pablo, pero sí que le gustaría que le invitaran a ver al Espanyol cada vez que jugase, ya que no tiene el Plus.

Pero mi amigo Pedro sigue erre que erre con que él quiere vivir solo en ese piso y que Pablo, Gabriel y hasta Albert (y sus amistades peligrosas) tienen que pagarle los 400€ que le faltan “porque él tiene más dinero que nadie”, aunque sólo tenga 600€. Y esgrime, además, que si Pablo tuviera esos 100€ que les faltan para llegar a los 1.000€, ya llevarían semanas viviendo juntos, pero que no reúnen esa cantidad.

Y claro, Pablo, aparte de no creérselo demasiado, no entiende ese argumento. Opina que la lectura es justo la contraria y dice que Pedro tiene un problema ya que, precisamente, aun contando con sus 300€ -en el supuesto de que entrara en razón y le alquilara una habitación- todavía tendría que currárselo para convencer a Gabriel de que merece la pena pagar 100€ para ir a ver el fútbol 2 veces a la semana. Que tendría que tenerle siempre una cervecita fresquita en la nevera y un poco de queso y de fuet para picar y que es de eso de lo que debería estar hablando y no de su habitación. Porque Gabriel dice que él tampoco tiene nada mejor en lo que gastarse ese dinero y que no va a poner demasiadas exigencias –eso dice ahora, ojo, que lo mismo en un año exige usar el piso como picadero-, pero que para ver los partidos malamente, se ahorra los 100€ y lo ve por internet en el portátil, que no es igual de cómodo que verlo en un plasma desde el sofá, pero que es gratis. Pero claro, todo esto siempre contando con los 300€ de Pablo. Sin su aportación directamente no hay nada.

Porque esa es otra cosa que repite mucho mi amigo Pedro. Que no hay alternativa a que él se quede el piso “porque nadie tiene los 1.000€ para pagarlo”. Pero lo cierto es que, a lo que no hay alternativa, es a alquilarle una habitación a Pablo. Porque, se ponga mi amigo Pedro como se ponga, los números están ahí y son los que son. Porque, sin Pablo, por mucho que en un momento dado convenciera a Gabriel o, incluso, a Aitor y Jon –esos chicos vascos a los que casi ni saluda-, en un intento desesperado por no perder el piso, no podrían pagar la mensualidad ya que, como el Athletic y la Real no se han clasificado para Europa, sólo irían a ver los partidos de Liga el fin de semana y no aportarían más de 50€.

Le realidad es tozuda y las matemáticas inapelables. Le guste o no a mi amigo Pedro, todas las (pocas) sumas que salen, pasan por alquilarle -que no regalarle, cuidado- una habitación a Pablo. Porque Pablo, como es lógico, tampoco le va a regalar esos 300€ a Pedro. Que es buen tío, pero no es gilipollas. Y, además, aunque se los quisiera regalar, tampoco podría. Porque esos 300€ se los donan entre muchas personas a través de un crowdfunding y, obviamente, esa gente quiere que los invierta en lo que dijo que los iba a invertir. Que para eso se los dan, no para que Pablo se quede en la calle pasando frío y sin poder hacer nada mientras Pedro está arriba haciendo cochinadas con Albert a su costa.

No sé cómo acabará todo esto, pero estoy viendo que, como mi amigo Pedro no espabile, se queda sin casoplón por no querer alquilarle una habitación a Pablo. Y, al final, como vean que no lo alquila nadie, bajan el precio del piso y llega Albert, junto con sus amiguitos Santi y (el otro) Pablo, se lo levantan y se montan un trío en (la que podía haber sido) su cama. Y mientras, los vecinos quemados y, mi amigo Pedro, confesándose en el nuevo programa de Jordi.

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