El Partido Popular ha sufrido este domingo la mayor derrota electoral de su historia. Pablo Casado ha hundido a la formación conservadora hasta la mitad de los diputados con los que cogió el partido y se ha dejado casi cuatro millones de votos. El líder del PP gana la batalla en la derecha a duras penas. En el nuevo escenario tras el 28A, Ciudadanos amenaza su hegemonía en un espacio electoral completamente fragmentado con la irrupción de Vox.

El PP ha pasado este domingo de tener 137 escaños a cosechar solo 67, la mitad, si se suman los diputados de Navarra Suma. Casado ha llevado a su formación del 33% de los votos que obtuvo Mariano Rajoy en 2016 al 16,7%. Por el camino se han quedado 3,9 millones de votos.

La campaña en el lado de la derecha ha tenido dos etapas. Antes de que comenzara, Pablo Casado se esforzó en intentar sumar esfuerzos con Ciudadanos y Vox. Hizo ofertas de listas conjuntas e incluso les llegó a pedir que no se presentasen en algún territorio. Ni Albert Rivera ni Santiago Abascal aceptaron las propuestas del nuevo líder del PP, que cada semana veía cómo su partido caía poco a poco en las encuestas.

Del guante blanco al ataque sin cuartel

Durante la primera semana de campaña Casado y Rivera mantuvieron el juego limpio de quienes competían contra un enemigo común. El líder de Ciudadanos repetía que su objetivo era desalojar a Sánchez -con un discurso que cada vez se parecía más al de Casado- y que para ello iba a sumar sus votos al PP. Así llegaron al primer debate.

El pasado lunes, en RTVE, unieron sus fuerzas frente a Sánchez. Pero Rivera lanzó un disparo de advertencia a Casado que descolocó a este último: le afeó la corrupción en sus filas. El líder del PP apenas supo responder, noqueado por la ruptura de su pacto de no agresión. En el segundo debate, el de Atresmedia, aquel roce se convirtió en un enfrentamiento total. Rivera sacó la artillería contra Casado: el paro, la eutanasia, el aborto o los pactos del pasado del PP con los nacionalistas.

La respuesta de Casado durante el debate fue apelar a que Ciudadanos nunca había gobernado, y después a que Rivera no era de fiar. Si conseguía sumar con el PSOE, ha insistido Casado en sus últimos actos, pactaría con Sánchez.

Ciudadanos amenaza la hegemonía del PP

Los resultados de este domingo dejan claro que esa pugna entre ambos líderes la gana Rivera, que aunque no logra superar al PSOE, se queda a una decena de diputados de su rival en la derecha y a menos de 220.000 votos.

Los populares se dejan apoyos en las provincias menos pobladas, algunas de las que integran la llamada ‘España vaciada’, en favor de Ciudadanos. La irrupción de Vox en algunos de los territorios que reparten menos escaños han facilitados que el PSOE se imponga y que los de Ciudadanos rasquen diputados. En Castilla La Mancha los de Rivera se hace con cuatro diputados.

Los de Albert Rivera, eso sí, han logrado superar al PP en varias provincias. Ganan la batalla de la derecha en toda Catalunya, en las Islas Baleares y en Zaragoza (las tres derechas empatan en escaños pero Ciudadanos se impone en votos). En Málaga y Sevilla, Ciudadanos y PP se levan dos escaños cada uno, pero los de Rivera ganan en apoyos. En Sevilla, Ciudadanos se lleva dos y el PP se queda con uno.

Pero el verdadero sorpasso se ha producido en la capital. El PP ha pasado de ser el partido más votado al tercer lugar por detrás de Ciudadanos. Los de Rivera se llevan 8 escaños, uno más que los de Casado.

Vox fragmenta completamente la derecha

En contra de la idea en la que ha insistido el líder del PP, Casado no heredó un espacio político fragmentado en tres. Cuando fue elegido en julio de 2018 -tras perder en el voto de los militantes pero imponerse en el de los compromisarios- los populares perdían apoyo electoral, pero su única vía de agua era Ciudadanos.

Fue ya en las semanas previas a las Andaluzas cuando Vox asomó la cabeza. Un acto multitudinario en Vistalegre en octubre y un CIS en noviembre que les daba un escaño en Andalucía les convirtieron en una amenaza real. Casado fijó entonces una estrategia que ha mantenido hasta hoy y que se ha demostrado fracasada: emprendió un viraje ideológico que le alejó del centro y le llevó a acercarse a los postulados de la extrema derecha.

Tanto PP como Ciudadanos legitimaron al partido con el pacto de Andalucía y la manifestación de Colón. Los de Rivera han tratado de mantener cierta distancia sin ocultar que contaban con sus votos en la sesión de investidura. Casado, el pasado viernes, cruzó la última línea: dijo que incluiría a Vox en un hipotético gobierno de la derecha.

El resultado es que Vox ha irrumpido en el Congreso con 24 diputados y el 10% de los votos. Tiene representación en once comunidades: Andalucía (seis), Aragón (uno), Castilla-La Mancha (dos), Castilla y León (uno), Catalunya (uno), Comunidad de Madrid (cinco), Comunitat Valenciana (tres), Extremadura (uno), Illes Balears (uno), Asturias (uno) y Región de Murcia (dos).

El resultado de esa fragmentación total es que el bloque de la derecha se queda muy lejos de la posibilidad de repetir el pacto a la andaluza. Solo suman 148 diputados, muy lejos de los 176 de la mayoría absoluta, a la que el PSOE podría llegar si suma apoyos

Las consecuencias de esa división del voto se ves claramente en el Senado. El PP pierde la mayoría absoluta en favor del PSOE, por lo que se queda sin el control de una cámara que le ha servido para dilatar la tramitación de algunas leyes, impedir la aprobación de otras, reprobar a ministros o tumbar el techo de gasto.

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