El precio de la libertad

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Iria Bouzas
Coordinadora de Feminismos en Contrainformacion.es


Dicen que la libertad no tiene precio, pero la realidad es bien distinta, la libertad tiene un precio y este es altísimo.

El sistema en el que vivimos está hecho para vivir bajo unos parámetros muy definidos y aquellos que se esfuerzan por vivir al margen de ellos, en algún momento de sus vidas terminan por darse cuenta de que la rebeldía de ser libre se paga.

 

Hemos idealizado la libertad porque a la literatura le ha servido como muy buen recurso el poder revestirla de un cierto romanticismo para presentárnosla como un sueño al que solo unos pocos locos idealistas pueden llegar a acceder, viviendo con ello, vidas dignas de ser contadas y recordadas.

Lo cierto es que la mayoría de los seres humanos que han vivido en libertad han sufrido muchísimo y sus vidas han estado llenas de miseria y desgracia.

La libertad se paga, y si eres mujer, se paga el doble de cara.

Un hombre libre es un loco romántico y soñador al que admirar e idolatrar.

Una mujer libre es una perdida, una desgraciada, cuando no una zorra, a la que hay que hay que aislar para que en el ostracismo social pueda redimir sangrando emocionalmente todos sus repugnantes pecados.

Los hombres libres son aprendices de cómo ser un Hemingway y nunca está demás que la sociedad tenga unos cuantos de esos para poder darle color a la vida.

Las mujeres libres son un peligro y un mal ejemplo. Unas puercas morales a las que hay que insultar y vejar en voz muy alta para dar ejemplo a las demás de lo que les puede ocurrir si se les ocurre emprender semejante camino.

Los hombres libres son objeto de deseo. Modelos en los que sustentar las historias de las novelas, los personajes de las películas, las fantasías sexuales de muchos y muchas e incluso, se utilizan como referentes publicitarios.

Las mujeres libres son objeto de rechazo. Locas que se tiñen el pelo de colores. Sinvergüenzas que disfrutan de sus cuerpos. Prepotentes que escriben o crean sin pedir permiso. Y lo que es peor, mujeres insumisas que se auto reafirman sin necesitar que la sociedad cautiva del sistema les otorgue su aprobación.

Los hombres libres sufren y pagan, pero se tolera su existencia.

Las mujeres libres sufren y pagan, pero lo hacen bajo la amenaza permanente de un mundo que las quiere liquidar y destruir.

Se da por supuesta la existencia de hombres que vivan bajo sus propias normas y sus propias consignas, pero se niega de raíz esa misma posibilidad para las mujeres.

La necesidad de libertad no se improvisa. Es una fuerza que te acompaña desde que tienes uso de razón.

El deseo de libertad no atiende a razones, te inunda y te domina pese a que una y otra vez lo intentes rechazar para lograr vivir de una forma más cómoda, más tranquila y muchísimo menos dolorosa.

Las personas libres lo son en muchas ocasiones a su pesar.

Mi pregunta es entonces, ¿cuál es el extra que por esa libertad debemos pagar las mujeres y cuándo vamos a terminar de abonar esos plazos tan injustos?

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