Por Javier Cortines

Cuando su profesor de teología afirma que “Dios está en todas partes”, Lou Andreas Salomé salta y le pregunta  ¿En el Infierno también? El atrevimiento de esta mujer, muy adelantada a su época, escandaliza a gran parte de la sociedad pero fascina a grandes pensadores de su tiempo que cambiaron la forma de ver e interpretar el mundo.

Lou Andreas Salomé (San Petersburgo 1861- Alemania 1937) es retratada en cuatro etapas de su vida por la directora germana Cordula Kablitz Post.

La cinta se proyecta estos días en los Cines Golen de la Plaza de España (Madrid) y narra la valentía de esta mujer que luchó hasta el último día de su vida por mantener su independencia, y entregarse a una meta superior: “la conquista de la sabiduría”, sin las ataduras del “macho enjaulador” (término utilizado por Eduardo Galeano ya avanzado el siglo XX).

Lou Andreas vive una primera parte de su juventud rechazando cualquier relación carnal con los hombres (con ellos sólo quiere intercambios intelectuales), y rehúye las proposiciones que le hace Nietzsche, el asesino más célebre de Dios, para que se deje llevar por el “arrebato, la locura y los placeres” dionisíacos.

Ella se siente más cercana a Apolo (Dios de la luz, la belleza, el cénit mental, etc.), y opta por el celibato para volar con sus amigos, los más célebres hombres de su siglo, “como águilas en los planos superiores del espíritu”. Eso sí, sin ataduras de ningún tipo.

Lou Andreas Salomé, filósofa, teóloga y aventajada discípula de Freud (llegó a ser una excelente psicoanalista) “rompe su celibato” con el poeta Rainer María Rilke y con él “descubre su potencial sexual” y los placeres que tienen reservados a los mortales las pulsaciones dionisíacas. El animal y la diosa se funden y se complementan.

Nietzsche y Lou Andreas Salomé acaban distanciados y enfrentados, (él muestra un apego enfermizo a su hermana, que odia a muerte a “su musa”, a quien el filósofo llegó a considerar “un alma gemela”). La salud del profesor de Basilea se deteriora, tras esa ruptura, y empieza a tener graves brotes esquizofrénicos.

En un momento de desesperación, Nietzsche dice, (hundido en la soledad y en la orfandad en la que le deja Salomé), “Para vivir sin fe, es necesario tener muchísima fuerza”.

La película no es una obra maestra, pero tiene grandes aciertos a la hora de ahondar en la figura de una de las mujeres más fascinantes del siglo XIX y XX, precursora de muchos movimientos por la libertad e igualdad de la mujer que –por lo menos en Occidente- parecen imparables.

Lou Andreas Salomé escribió grandes obras de filosofía, teología, etc. Incluyendo un extraordinario estudio sobre la filosofía de Nietzsche, que todavía no han sido traducidas al castellano. Aquí también vamos unos pasos por detrás de nuestros vecinos del norte.

La cinta es –a mi juicio- muy recomendable, sobre todo en estos tiempos que confundimos la cultura “con la acumulación de noticias” y los sabios  huyen del jaleo para “vivir en las montañas”, allí donde se ayuna información y se busca el despertar del “yo profundo”.

 

 

 

 

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Retrato de Javier Cortines realizado por el pintor Eduardo Anievas. Este escriba es el autor de la trilogía "El Robot que amaba a Platón", obra que no gusta nada a las editoriales consagradas al dios tragaperras por su espíritu transgresor y que se puede leer gratis en su blog: Nilo Homérico, en cuya portada se puede escuchar, además, la canción de Luis Eduardo Aute "Hafa Café".

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