El profesor pederasta de Maristas Joaquín Benítez ha soltado la bomba ante el tribunal este martes. Durante su declaración como acusado, ha asegurado que el colegio conocía desde 1986 los abusos sexuales que practicó a decenas de alumnos. En ese año, según su versión, a raíz de la queja de la familia de una víctima el director del centro le dijo que lo trasladaría al responsable provincial de Maristas y que era «importante» que no se volviera a repetir.

Benítez ha añadido respecto a lo sucedido en 1986 que la dirección del centro le advirtió que quizás lo sancionarían con una suspensión de sueldo. La sanción jamás se consumó y no volvió a tener noticias de la dirección del colegio sobre los abusos hasta una nueva denuncia de 2011. Esta ausencia de consecuencias, ha expresado, hizo que no tuviera «miedo» para seguir abusando de alumnos. De hecho, ha precisado que se sintió «amparado» por sus superiores. 

De los cuatro casos juzgados, ha reconocido al menos dos, a quienes hizo tocamientos genitales y, en uno de ellos, una felación.

Las palabras de Benítez ponen en un brete a los Maristas como institución. Y es que el vicario provincial Pere Farré, insistió este lunes en su declaración como testigo –por lo tanto, con la obligación de decir verdad– que los Maristas sólo tuvieron constancia de los abusos de Benítez en 2011, cuando los denunció una familia.

Fue entonces, indicó el vicario, cuando el colegio pactó su salida –no lo despidió– y Farré llevó el caso a la Fiscalía de Menores, aunque en la denuncia no especificó que Benítez había confesado. La investigación se cerró porque la víctima no quiso seguir adelante, con lo que el abusador siguió trabajando de monitor con niños hasta 2016.

La segunda jornada del juicio, que se celebra en la sección 21 de la Audiencia de Barcelona, era la más esperada por la declaración de Benítez. El pederasta confeso que trabajó como profesor de gimnasia en Maristas Sants-Les Corts durante 30 años se enfrenta a hasta 35 años de cárcel por cuatro delitos de abusos sexuales –dos de ellos continuados–. Todo ello contando que sólo cuatro de las 17 denuncias que recibió han prosperado, puesto que el resto habían prescrito.

Los abusos de Benítez, desvelados por El Periódico en 2016, dieron pie a una oleada de denuncias de abusos sexuales en distintos colegios de los Hermanos Maristas. En total, afloraron más de 40 casos perpetrados presuntamente por una docena de profesores y religiosos en distintas épocas. Todos ellos han prescrito también, con lo que la mayoría de denuncias del que ha sido uno de los principales escándalos de pederastia de la historia de España quedarán sin resolver.

Sobre el ‘caso Benítez’, el lunes, primer día del juicio, los dos agentes de los Mossos d’Esquadra que declararon como testimonios relataron un “patrón” de actuación por parte del abusador. Convencía a algunos de sus alumnos de que iba a resolver sus dolencias físicas y les llevaba a un reservado de que disponía en el centro, con una camilla, donde empezaba a hacerles un masaje que podía acabar con tocamientos en los genitales, masturbaciones e incluso felaciones.

Ni trastorno ni falta de consciencia

Además de Benítez, este martes han comparecido ante el tribual como testimonios una psicóloga y cuatro peritos forenses. Estos últimos han valorado los actos y el comportamiento del acusado. «No es una persona con trastorno cognitivo ni trastorno mental que le impida conocer la realidad», han manifestado, contradiciendo así la versión del propio pederasta, que en medios de comunicación aseguró que él no era del todo consciente de lo que hacía. 

«No había afectación en su capacidad de conocer la realidad y de actuar conforme a ese entendimiento», han expresado los peritos. Han relatado además que él les explicó algunas de las prácticas sexuales con los alumnos, no las negó, pero sí les alegó que esos actos habían contado con el consentimiento de las víctimas.

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