Cuando el mes pasado Juan Guaidó se autoproclamó presidente interino de Venezuela, parecía que quería pasar por encima de una generación de líderes opositores ofreciendo una alternativa viable a las luchas internas y diversas tácticas que, previamente, habían tratado de desbancar a Nicolás Maduro.

Sin embargo, el ascenso de este joven líder no se forjó solo: fue orquestado por un economista que estudió en Harvard y que sigue dirigiendo la estrategia de la oposición, coordinándolo todo con funcionarios de Estados Unidos y del resto de la región desde su arresto domiciliario en Venezuela. Son varias las entrevistas a figuras de la oposición venezolana y funcionarios que avalan que Leopoldo López, un divisivo exalcalde de un distrito de Caracas, propulsó el meteórico ascenso de Guaidó. No solo eso, sino que guarda la ambición de convertirse en el próximo presidente de Venezuela.

López, pariente lejano del líder sudamericano revolucionario Simón Bolívar, permanece bajo arresto domiciliario desde 2017 en el lujoso municipio de Chacao, en Caracas, un distrito en el que reside y del que además fue alcalde. Eligió a Guaidó para que liderase el partido Voluntad Popular en el Congreso y por ello sigue teniendo un papel clave en la campaña que busca retirar a Maduro del poder.

“Leopoldo está en contacto con todos, todo el tiempo, constantemente”, dijo al periódico The Guardian Lilian Tintori, esposa de López. “Ha estado trabajando para unir a la oposición, que ahora está unida y fuerte, remando todos en la misma dirección”.

Hace tiempo que López es una figura que polariza, con un estilo mucho más beligerante que otros líderes de la oposición. “Muchas veces se lo describe como arrogante, vengativo y sediento de poder, pero los líderes de su partido también admiten que es muy popular, tiene carisma y es muy talentoso como organizador”, escribió un diplomático estadounidense radicado en Caracas en un documento de 2009 publicado por WikiLeaks.

Tras las protestas de 2014 en contra del gobierno, López fue condenado a 14 años de cárcel por incitación a la violencia, un veredicto que algunos activistas denunciaron que resultó de un juicio amañado y motivado políticamente.

En 2017 le otorgaron el arresto domiciliario. López no tiene permitido hablar con la prensa y está custodiado celosamente por la policía, que le hace una fotografía cada cuatro horas con una copia del periódico del día para confirmar que continúa la reclusión, jornada tras jornada. “Como a un rehén”, dice Tintori. No obstante, López se vale de aplicaciones que usan mensajes encriptados para seguir en contacto con otros miembros de la oposición venezolana y activistas de Colombia y Estados Unidos.

Con Trump de su lado

Convencido de que el apoyo de la Casa Blanca sería esencial para derrocar a Maduro, López y sus aliados hicieron un esfuerzo conjunto por tener al gobierno de Trump de su lado. Varias fuentes han confirmado la celebración de reuniones entre funcionarios estadounidenses y emisarios de López (incluida Tintori) en Washington y en otros puntos del planeta.

En febrero de 2017, el senador Marco Rubio organizó una cena entre Tintori y Donald Trump en la Casa Blanca, una reunión crucial para darle forma a la postura de Estados Unidos respecto de Venezuela. Horas más tarde, el presidente estadounidense tuiteó una foto suya con Tintori, Rubio y el vicepresidente Mike Pence, exigiendo la “inmediata” liberación de López.

“Venezuela debería excarcelar al prisionero político Leopoldo López, marido de Lilian Tintori (con la que acabamos de reunirnos Marco Rubio y yo)”, citaba Trump en Twitter. “El Gobierno de Trump tomó partido, apoyando al pueblo venezolano, porque saben cuánto estamos sufriendo”, añadió Tintori. Aseguró que el mismo tipo de acercamiento con el Gobierno de Obama arrojó menos resultados, incluyendo una reunión que tuvo lugar en febrero de 2015 con el entonces vicepresidente, Joe Biden.

Las restricciones impuestas a López, y el hecho de que a Tintori le revocaron el pasaporte en septiembre de 2017, han obligado al opositor a delegar muchas responsabilidades diplomáticas en venezolanos exiliados. Uno de ellos es David Smolansky, un exalcalde de Voluntad Popular que huyó del país disfrazado a finales de 2017, cuando se emitió una orden de arresto en su contra, y que ahora reside en Washington.

Otro es Carlos Vecchio, amigo de López y también graduado en Harvard, que llegó a Washington en 2014 tras huir de Venezuela. “Este esfuerzo que estamos viendo ahora comenzó a organizarse cuando decidimos no participar en las elecciones fraudulentas del pasado mayo”, dijo Vecchio, que recientemente fue nombrado por Guaidó embajador en Estados Unidos. “Fue entonces que decidimos generar un movimiento en todo el mundo para que el 10 de enero no se reconociera a Maduro como presidente legítimo”.

Desesperados por conseguir apoyos, Vecchio y Smolansky trabajaron con sus contactos en Washington, incluidos Rubio y el demócrata Bob Menendez. Miembros de Voluntad Popular también se pusieron en contacto con las 175 embajadas que aloja la capital estadounidense y entablaron conversaciones con diplomáticos de todo el mundo, especialmente los de América Latina. “Comenzamos a trabajar no sólo para que Maduro fuera declarado ilegítimo, sino para que se reconociera al líder de la Asamblea Nacional como presidente interino de Venezuela, constitucionalmente legítimo”, dijo Vecchio.

Diferentes aliados para la derecha

La campaña cogió fuerza el año pasado cuando en Brasil y Colombia resultaron electos presidentes de derechas: Jair Bolsonaro e Iván Duque. Ambos habían prometido adoptar una postura dura contra Maduro. El ataque diplomático abierto por tantos frentes tuvo los resultados que López esperaba desde hace años, culminando con una llamada de Pence a Juan Guaidó el 22 de enero.

Un funcionario estadounidense con conocimiento sobre esa llamada dijo que Pence le prometió a Guaidó que el gobierno de Trump lo apoyaría si se autoproclamaba presidente durante las manifestaciones masivas que estaban planificadas para el día siguiente. Pence realizó la llamada después de que Trump diera su aprobación en un reunión en la que también estuvieron Rubio, tres representantes republicanos de Florida y el asesor de seguridad nacional, John Bolton.

Guaidó se autoproclamó y Estados Unidos cumplió con su palabra, reconociéndolo como presidente de Venezuela de inmediato. La jugada cogió por sorpresa a muchos diplomáticos y miembros de la oposición, pero para la noche del mismo 23 de enero, ya contaba con el apoyo de una docena de países latinoamericanos y Canadá, donde Tintori también había ejercido presión.

“Los valientes esfuerzos de Guaidó para restablecer la democracia y el orden constitucional lo han puesto en peligro a él y a su familia, pero cuenta con gran apoyo internacional, ya que países de todo el mundo consideran a Maduro un criminal usurpador del poder”, le dijo Rubio a The Guardian, quien añadió que Estados Unidos seguirá teniendo un papel clave, a través del reconocimiento diplomático y la ayuda económica y humanitaria.

Por ahora, la atención sigue centrada en Guaidó, un político poco conocido que ha pasado a ser el foco de todas las miradas de la noche a la mañana. No obstante, las personas cercanas a López dudan de que éste se mantenga en las sombras por mucho tiempo. Sospechan que es cuestión de tiempo que se busque su propia entrada al palacio presidencial.

“Por supuesto que tiene aspiraciones. Hay varias personas que quieren ocupar ese sitio, ¿no es así?”, dijo Juan Andrés Mejía, otro importante miembro del partido y aliado de López. “En Voluntad Popular tenemos un candidato, y es Leopoldo. Juan [Guaidó] tiene en este momento un papel clave, que es lograr llevar adelante la transición”.

Ante la pregunta de si López sigue siendo el candidato oficial del partido, Mejía respondió: “Sí. Absolutamente. Absolutamente”. Sin embargo, creen que las ambiciones de López podrían verse frustradas por el rápido ascenso de su protegido. Guaidó se ha ganado ya a millones de venezolanos, y puede ser que López tenga que esperar para cumplir su sueño de gobernar el país.

“En este momento, Guaidó es una figura mesiánica”, dijo Vanessa Neumann, presidenta de la empresa de análisis de inversión Asymmetrica y asesora ocasional de varios miembros de la oposición. “Si llaman a elecciones libres, ganará Guaidó. Será nuestro presidente durante los próximos seis años, y eso a Leopoldo no le gustará nada”.

Mejía insistió en que el objetivo último, que es restablecer la democracia en Venezuela, es más importante que los medios con los que se haga, y sugirió que Guaidó podría consolidarse como candidato de la oposición para ser el próximo presidente de Venezuela. “Ya veremos. Quizás sea candidato, y eso sería genial. ¿Quién sabe?”

“Nuestro objetivo está muy claro. Queremos elecciones libres y justas en el menor plazo posible y después podremos sentarnos a discutir el resto”, añadió Mejía.

Cuando le preguntaron si López todavía tenía ambiciones de ser presidente, Tintori dijo lo siguiente: “Leopoldo siempre ha luchado por Venezuela, incluso cuando fue silenciado y encarcelado en condiciones espantosas. Es un servidor público con un plan para su país, y eso es lo que se ve con todo lo que ha hecho con Guaidó”.

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