Iria Bouzas

El pasado sábado día 20 acudí a la SEMINCI de Valladolid, invitada al estreno mundial de la nueva película de la directora Mabel Lozano, “El proxeneta. Paso corto, mala leche”, un documental sobre la prostitución y la trata relatadas desde un punto de vista muy diferente del habitual ya que Mabel no pone el foco en las víctimas sino en el victimario que en este caso son los proxenetas.

Cuando acudimos a ver un documental de un tema que conlleva tanto sufrimiento y relata algo que está tan relacionado con el abuso y el dolor, tendemos a prejuzgar e intuimos que nos encontraremos con una historia contada desde el estómago, llena de emociones, sentimientos y lágrimas.

En absoluto es este el caso. Este documental es más parecido a una tesis doctoral sobre la trata que a una historia lacrimógena.

Lozano realiza un ejercicio de precisión casi quirúrgica consiguiendo que el documental se convierta en un argumentario imprescindible para todos aquellos que nos situamos en la defensa del abolicionismo de la prostitución.

A lo largo de toda la cinta desmonta uno por uno todos los mitos y falsedades que durante años han servido a muchos para justificar la existencia y para defender la regulación de la prostitución en España.

Se convierte también en una crítica certera y feroz de los fallos y las debilidades que tiene el sistema judicial en la lucha contra la explotación de las mujeres más vulnerables.

Al terminar la proyección de “El proxeneta. Paso corto, mala leche” y cuando se encendieron las luces, me encontré a mí misma llorando

El documental parece la respuesta totalmente meditada y racional a una discusión previa sobre la prostitución en la que la directora a través de la voz de su protagonista, el proxeneta, responde uno por uno a los argumentos falaces que no dejamos de escuchar en boca de políticos y demás figuras públicas que, muchas veces con tanta buena voluntad como desconocimiento, nos intentan convencer de la necesidad de regular y sindicar la prostitución como una actividad profesional más.

Esta película se convierte desde ya en un referente imprescindible para la lucha feminista y se vuelve una herramienta fundamental que debemos utilizar para afrontar el debate de la regulación de la prostitución.

Al terminar la proyección de “El proxeneta. Paso corto, mala leche” y cuando se encendieron las luces me encontré a mí misma llorando. Pero no estaban esta vez mis lágrimas llenas tan solo de sentimientos, eran también unas lágrimas llenas de razón y de argumentos.

Varios días después de haber visto el documental de Mabel Lozano hay una idea que no deja de rondarme la cabeza y es que esta es la película que debería ver Albert Rivera y si me apuras, la que deberían ver todos los diputados y diputadas del Congreso, antes de debatir sobre si la prostitución puede ser considerada como un trabajo cualquiera, tal y como muchos de ellos nos quieren hacer creer.

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