Rafael Silva


El ultimátum de Pedro Sánchez a Maduro no tiene precedentes. Si Sánchez quiere apoyar el golpe que promueven Trump y el Grupo de Lima, que lo respalde sin complejos como Felipe González y José María Aznar lo han hecho desde el minuto cero. El ultimátum a un estado soberano, inmiscuyéndose en sus asuntos internos va contra la Carta de Naciones Unidas, que inhabilita a España como actor en el diálogo. Hay que defender el derecho internacional y una solución pacífica y democrática, que puede pasar por impulsar la mediación propuesta por México y Uruguay

Víctor Arrogante


Parece ser que no hemos salido de un despropósito político, cuando ya estamos metidos en otro. El PSOE, como siempre, como viene haciendo durante más de 30 años, nos da una de cal y otra de arena, para cada decisión congruente y en la buena dirección que toma, tiene otras dos que tiran para atrás todo lo dicho y hecho, y nos vuelven a mostrar al PSOE de siempre, incongruente, engañabobos, contradictorio, y lo que es peor de todo, abanderando una izquierda que dejó de serlo desde hace más de 40 años (concretamente desde el Congreso de Suresnes de 1974, el último de la clandestinidad), pero que aún intenta seguir engañando a medio país. Pero vayamos por partes, porque los últimos días/semanas/meses han dado para mucho. Tenemos un suculento menú donde elegir, a cual plato peor.

Tenemos en primer lugar, por orden cronológico, la ya eterna decisión de la exhumación de Franco. Tal como describe y resume Julio Anguita en este artículo, la exhumación de los restos del dictador se ha convertido en un triste culebrón de incierto final. La iniciativa del PSOE no sólo llega tarde, sino que llega mal, muy mal. Así que si a la tardanza histórica de la decisión, le añadimos lo chapucero del método empleado, el resultado no puede ser peor. Decisiones precipitadas, sin tener todo el marco normativo bien atado, lo que está acarreando no solamente que los plazos se hayan alargado ya por lo menos tres veces, sino que tengan que desdecirse y retorcerse al albur de las decisiones de los otros actores implicados (la familia del dictador y la Iglesia Católica). En resumen, el Gobierno no puede estar haciendo más el ridículo en este asunto. Porque la información no debe proporcionarse a la opinión pública hasta que todos los cabos estén bien amarrados, los plazos asegurados, las medidas legales previstas y los desarrollos técnicos perfectamente controlados. En definitiva, que aún no vemos la hora de sacar al dictador de su faraónico mausoleo, y de saber con certeza que no se va a enterrar en un sitio peor que donde estaba.

Bien, el segundo tema que trae cola desde el gobierno de M. Rajoy es el tema catalán, donde como siempre, el PSOE de Pedro Sánchez, a la hora de la verdad, se alinea con la estirpe más conservadora del arco parlamentario. Hemos de reconocer que en este asunto ni tan siquiera Podemos ha estado a la altura, pues sus ambigüedades y falta de valentía y concreciones políticas en cuanto a salidas y propuestas para el conflicto, dejaron mucho que desear. Pero el PSOE de Pedro Sánchez avaló la aplicación del Artículo 155 CE, que como sabemos, arremetió contra las instituciones catalanas y sus legítimos representantes, obligando a unos comicios que de nuevo ganaron las fuerzas soberanistas. Pues bien, el PSOE vuelve ahora a la carga, o al menos parte del mismo, en concreto la franquicia de Extremadura, es decir, Fernández Vara y su gente, pues resulta que hace algo más de una semana, en su Asamblea se votó y aprobó una nueva aplicación del 155 en Cataluña, “de manera firme, con la amplitud y duración que se requiera, para frenar el desafío independentista”. Curiosamente, tal y como destaca Xavi Domènech en este artículo para el medio Sin Permiso, el Gobierno de Pedro Sánchez no llevó al Tribunal Constitucional esta decisión, como ya hiciera un mes antes con la decisión del Parlamento de Cataluña cuando se pronunció a favor de abolir la Monarquía. Y es curioso, porque el criterio podría ser perfectamente el mismo que ellos usaron en aquella ocasión, es decir, la invasión de competencias, ya que una cámara autonómica comete una extralimitación de sus funciones si entra a valorar estos aspectos de ámbito nacional.

Pero el caso es que (y de esto no nos han informado los medios) los “socialistas” extremeños no se quedaban ahí, sino que en su resolución defendían a la Monarquía como “símbolo de la unidad y permanencia de una nación milenaria”, algo que podría ser suscrito por Vox perfectamente, y que los sitúa al nivel de la derechona más rancia y reaccionaria. Pero no debemos extrañarnos de ello, cuando aún militan en su partido dinosaurios de la talla de José Bono, o Juan Carlos Rodríguez Ibarra (otro ex Presidente de Extremadura, por cierto). Pero lo mejor de toda esta aventura fue la respuesta, la matización quizá, que de dicha declaración hizo posteriormente el Presidente extremeño, Guillermo Fernández Vara, alegando que no querían decir que se aplicara ahora el 155, “porque si se hiciera sin razones los tribunales europeos podrían rechazarlo y sería muy grave”. Es decir, que a este señor no le preocupan las barbaridades que pueda decidir su Asamblea, sino si los tribunales europeos van a darle o no cobertura. Como podemos comprobar, el estado de confusión ideológica, estratégica y pragmática del “socialismo” del PSOE es de libro. Demuestran hasta qué punto no tienen en verdad proyecto federal para el Estado Español (nunca lo han tenido), pero sobre todo, hasta qué punto su marco y referencias mentales son las de la derecha. Absolutamente lamentable.

Y hemos dejado el mejor episodio reciente para el final. A modo de postre o guinda de este desaguisado, resulta que una nueva vuelta de tuerca del implacable ataque del Imperio estadounidense contra Venezuela se está dando en estos días, cuando (bajo el respaldo y empuje de los yanquis) un joven Presidente de la Asamblea Nacional, desconocido hasta ahora, va y se autoproclama Presidente “interino” de Venezuela, hasta las siguientes elecciones. A la media hora es reconocido por Washington, seguido de Colombia y otros países latinoamericanos, y enseguida también, aquí en España, por Pablo Casado (PP) y Albert Rivera (C’s), que presionan al Gobierno del PSOE para que haga lo mismo, con sus acostumbrados e indecentes argumentos. Pues bien, después de una llamada telefónica a Juan Guaidó (que es así como se llama este perrito faldero y golpista venezolano), y de una reunión en el Foro de Davos con los dirigentes de Colombia, Costa Rica y Ecuador (y tras unas declaraciones de impasse del Ministro de Exteriores, Josep Borrell), a Pedro Sánchez no se le ocurre otra cosa que…¡Dar un ultimátum a Nicolás Maduro, legítimo Presidente de Venezuela!

Algo absolutamente descabellado, impensable en el Derecho Internacional, y poco respetuoso con la voluntad de no injerencia en los asuntos internos que todo Estado debe practicar hacia los demás. El ultimátum amenaza con “reconocer” también a Juan Guaidó como Presidente de Venezuela, si Maduro no convoca elecciones “libres, democráticas y transparentes” en un plazo de 8 días, que finaliza el próximo domingo. La Unión Europea, a remolque de España en este asunto, también se ha sumado a dicho ultimátum, convirtiendo aún más la situación en absolutamente surrealista. Por supuesto, el Presidente Nicolás Maduro ya ha respondido, y ha dejado claro que no acepta ningún ultimátum de España (ni de ningún otro país), y que si Pedro Sánchez quiere elecciones, que las convoque en España. Quizá habría que aclararle a nuestro Presidente del Gobierno, que ahora también se nos ha convertido en un amenazante bravucón, que ya se celebraron en mayo de 2018 esas elecciones “libres, democráticas y transparentes” que él reclama, con la victoria indiscutible de Nicolás Maduro, que fue reelegido en su cargo con más de 6 millones de votos, mientras su principal adversario, Henri Falcón, no llegó al millón de votos. Y como en todos los anteriores comicios, éstos también contaron con la presencia de observadores internacionales, que avalaron la claridad y limpieza de las elecciones (entre ellos el ex Presidente Rodríguez Zapatero). Pero como ya hemos afirmado en ocasiones anteriores, parece que las elecciones en Venezuela no serán libres hasta que gane la derecha.

Pero no contento con ello, este fin de semana pasado en un mitin, Pedro Sánchez continuaba su argumento, pero esta vez arremetiendo contra Podemos e IU (que ya habían declarado que lo de Venezuela es un Golpe de Estado, patrocinado por la Administración de Donald Trump), y diciendo lo siguiente: “…Y también le digo a esa otra izquierda: Maduro no representa a la izquierda. Maduro es todo lo contrario a la izquierda en Venezuela”. Toda una delirante declaración, indigna de alguien que se autoproclama “socialista”. Desde esta humilde tribuna habría que decirle a Pedro Sánchez que ojalá aquí, en España, en nuestro país, hubiésemos tenido alguna vez una izquierda como la que han representado en Venezuela Hugo Chávez primero, y Nicolás Maduro después. Quizá Pedro Sánchez desconoce (o aún conociéndolo, prefiere ignorarlo, o a lo mejor le ordenan que lo olvide) las tremendas conquistas sociales que el chavismo alcanzó para su pueblo. Por cierto, entonces los medios de comunicación, grandes intoxicadores de información, no contaban dichas conquistas, como la disminución del analfabetismo, de la desigualdad, los planes para sacar de la pobreza a millones de personas…y también debería conocer Pedro Sánchez que la situación actual de Venezuela se debe a la perversidad del gran capital, responsable del desabastecimiento de productos de primera necesidad para la población, del éxodo masivo de venezolanos/as, y de la apropiación indebida de fondos públicos de Venezuela…En fin, con el PSOE, ya se sabe, suma y sigue…