La banca española acaba de recibir 1.333 millones de euros en devoluciones de la Agencia Tributaria por los llamados ‘activos fiscales diferidos’, según informa Público.

«En octubre se añaden, fundamentalmente, los impactos de nuevas devoluciones extraordinarias (…) ligadas a los activos fiscales diferidos (DTA, en inglés) y realizadas mediante compensación del pago fraccionado» del Impuesto de Sociedades por esa cuantía, señala el documento, que las cifra en 1.333, según explica la Agencia Tributaria en su último Informe Mensual de Recaudación, correspondiente al mes de octubre.

Cómo la aplicación de esa figura provoca «la caída de los ingresos» en el conjunto de este tributo, ese fenómeno únicamente se da en los llamados «grupos consolidados». Curiosamente, varios de ellos no han repetido los «extraordinarios» resultados del tramo central del año pasado, que pasan de haber aportado 8.596 millones en el mismo pago del año pasado a solo 6.609, mientras la recaudación prácticamente se mantiene en el resto de grandes empresas (3.826 en 2019, 3.926 en 2018) y crece entre las pymes (1.344, 183 más).

Una medida de Rajoy

Se trata de decisiones tributarias con las que el gobierno complementó por la vía del decreto el costoso rescate bancario que había comenzado un año antes, y cuyo agujero supera hoy los 73.000 millones de euros, tal y como explica el medio. Se trata de una figura instaurada por el Gobierno de Mariano Rajoy en 2013 y reformada en 2016, en ambos casos con Luis de Guindos y Cristóbal Montoro como ministros de Economía y de Hacienda.

Tratan de ir anotando y acumulando, como descuentos pendientes de aplicar a futuras liquidaciones del Impuesto de Sociedades, las provisiones por créditos fallidos y por el deterioro de activos por la caída de su valoración, además de las aportaciones a los planes de pensiones de sus empleados y el gasto en prejubilaciones, cifras que en el caso de la banca y en España se añaden a los ‘activos fiscales diferidos’ propiamente dichos, que son las bases tributarias negativas de años anteriores por haber tenido pérdidas.

Las empresas anotan como activos en el balance esas cantidades, para cuya aplicación disponen de 18 años. Lo hacen mediante la llamada «monetización», que no deja de ser más que una operación contable en la que esas cifras van transformándose en gastos aunque en la práctica equivale a su conversión en moneda, que es en lo que se transforman.

Se pasan al cobro a Hacienda antes de que hayan pasado esos 18 años y se reclama su compensación como devolución en uno de los tres pagos fraccionados del Impuesto de Sociedades, normalmente el de octubre, que se realizan al cabo del año.

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