El rey de Jordania, Abdalá II, recibió hoy la «Lámpara de la paz» de la orden franciscana en la ciudad italiana de Asís (centro), por los esfuerzos de su país para la acogida de refugiados y por la convivencia entre religiones.

El monarca, junto a la reina Rania, fue reconocido con la réplica de la lámpara de aceite que ilumina la tumba de san Francisco en una ceremonia en la imponente basílica, a la que también acudió la canciller alemana, Angela Merkel, ganadora el pasado año.

El custodio del convento franciscano, Mauro Gambetti, abogó en su discurso por la apertura de los países y se dirigió concretamente a la Unión Europea para animarla a proseguir con la construcción de un continente «unido y plural».

«Estamos convencidos de que nuestro continente no puede abdicar en su vocación y ceder ante ilusiones e insanas aspiraciones soberanistas», dijo el fraile, suscitando un largo aplauso, según informan los medios locales.

Sus palabras fueron escuchadas también por el presidente del Parlamento Europeo, Antonio Tajani, y por el primer ministro italiano, Giuseppe Conte, cuyo Gobierno está en manos del antisistema Movimiento 5 Estrellas y la ultraderechista Liga, ambos de tendencia soberanista.

La canciller alemana, de hecho, llevó consigo un fragmento del Muro de Berlín, donado a la basílica de Asís como símbolo de un pasado de divisiones en el continente: «Parece hermoso, pero fue verdaderamente terrible», dijo ante el pedazo de cemento, pintado con grafitis.

Durante la ceremonia, el rey jordano aseguró que el compromiso de su país es «impulsar la paz y la armonía» entre pueblos y contribuir a la lucha «global» contra el terrorismo.

También se comprometió a buscar «soluciones eficaces» a crisis mundiales y regionales y a contribuir a acabar «definitivamente» con el «principal conflicto» de su zona, el que enfrenta a Israel con Palestina.

«Esperamos un Estado soberano palestino, autónomo e independiente, dentro de las fronteras de 1967, con Jerusalén este como capital, y que se garantice la seguridad de Israel como parte integrante de la región reconocida por los países árabes y musulmanes de todo el mundo», apostó.

Posteriormente, en un encuentro con jóvenes, el rey defendió la necesidad de que el islam y el cristianismo estén «unidos en la batalla contra el terrorismo», un deber, opinó, del que depende «el futuro, la dignidad y la humanidad».

«El Estado Islámico puede haber sido derrotado en Irak y en Siria, pero no es suficiente. Debemos acabar con toda su ideología, basada en el odio, y eso supone un reto a largo plazo», consideró el monarca.