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Este lunes fue el día más largo del año, marcando el final de la primavera y la llegada del verano. Los últimos rayos de sol en Europa Occidental se vieron en Cabo Fisterra, un lugar fascinante de la región española de Galicia.

Esta zona costera de impresionantes acantilados hace parte del Camino de Santiago y siglos atrás las primeras civilizaciones europeas la consideraban como las puertas hacia el fin del mundo.

Antes de la pandemia cientos de turistas venían a contemplar los atardeceres, presos de la misma fascinación que posiblemente llevó hasta allí a muchas personas a lo largo de milenios para ver el mismo espectáculo, frente a la inmensidad del Océano Atlántico.

Durante la pandemia se interrumpió casi por completo el flujo de peregrinos, unos retraídos por el miedo al contagio, otros imposibilitados por las restricciones de movilidad en los distintos territorios que recorren el Camino de Santiago. Tras muchos años ininterrumpidos el número de caminantes se vio muy reducido. Sin embargo, en este momento, parece que la situación está volviendo a normalizarse y los peregrinos empiezan a llegar nuevamente.

En las leyendas celtas es frecuente encontrar imágenes de héroes que hacen su último viaje a este paraíso en una barca de piedra. Esta unión de piedra, mar y espiritualidad pervive en distintas formas a lo largo de la Costa da Morte, conocida así por los numerosos naufragios a causa de las fuertes corrientes y los repentinos temporales.

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