Matteo Salvini, el político de extrema derecha italiano que llegó a ser vicepresidente y Ministro de Interior del gobierno de Italia en 2018. Es también el líder del partido político ultra Liga desde diciembre de 2013. Fue miembro del Parlamento Europeo de 2004 a marzo de 2018. Sus opiniones políticas han sido descritas como de extrema derecha.

Salvini es considerado como uno de los principales líderes de la ola populista que sacudió Europa durante la década de 2010 y como miembro del movimiento neonacional, una ideología de derecha que enfatizaba posturas antiglobalización, nativistas y proteccionistas.

Sin embargo, toda esta experiencia le dio una falsa confianza que le llevó a su suicidio (político): el presidente Sergio Mattarella, tras ejercer como mediador y árbitro, encargó formar un Gobierno a Giuseppe Conte gracias al pacto de la izquierda, dejando a Salvini y su ultraderecha en la cuneta.

El colapso de Salvini es relato del mayor ciclón electoral que ha conocido la Italia reciente. El líder de la Liga temía desde hacía meses quedar fuera de la primera plana tras un pacto entre su entonces socio de Gobierno, el Movimiento 5 Estrellas (M5S), y el Partido Democrático (PD). Tras las elecciones europeas, donde la Liga arrasó en Italia, el Gobierno se fracturó en tres bloques: el Ejecutivo de Salvini; el de Luigi Di Maio y otro formado por el primer ministro, Giuseppe Conte, el titular de Exteriores, Enzo Moavero Milianesi, el de Economía, Giovanni Tria, y el propio presidente de la República, Sergio Mattarella.

Desde el tercer polo, el del presidente de la república, más institucional y cercano a la UE comenzó a tejerse de forma transversal la denominada Operación Ursula. Salvini quería el poder, pero sin ese sambenito. Llegado el verano, cada vez más acorralado, pensó que era el momento oportuno.

Conte fue una pieza fundamental desde las instituciones y la explosión de la trama rusa, la filtración de la negociación de uno de sus asesores en Moscú, justo después del gran resultado en las europeas, le persuadió de que los servicios secretos de algún país cercano pretendían cerrarle el paso.

Salvini quiso asegurarse primero de que no habría pacto entre PD y M5S. Llamó a Nicola Zingaretti, secretario general de los socialdemócratas que le tranquilizó pensando que unos comicios también podrían reforzar su liderazgo en el PD. La idea era acelerar una moción de censura. Mattarella solo podría convocar elecciones lo antes posible para evitar un desastre. Sin embargo, Matteo Renzi, todavía poseedor del control de la mayoría de parlamentarios socialdemócratas, comenzó a hacer declaraciones donde reclamó lo inimaginable semanas atrás: un Gobierno de unidad con el M5S. Todo estaba preparado.

Beppe Grillo, fundador del M5S, y Renzi se pusieron de acuerdo y el ex primer ministro convenció al secretario general de su partido de las bondades de un armisticio que apoyarían desde el presidente de la República hasta la Santa Sede. El líder de la Liga había trabajado la política nacional durante los últimos cuatro años en busca de una recompensa, pero su acción exterior, encargada personalmente al ex grillino Marco Zanni, había sido un desastre, sobre todo para aclarar su posición en la Alianza Atlántica. Por ahí encontró el ultra Salvini una grieta para entrar en el sistema político italiano. Tenía sentido que si el Movimiento 5 Estrellas no había conseguido rentabilizar su experiencia de Gobierno con los populistas y euroescépticos de la Liga, lo intentara ahora cambiando de nuevo el rumbo hacia posiciones moderadas.

El presidente de la República, Sergio Mattarella, no quería elecciones; desde el Vaticano empezaron a sonar voces que pedían abiertamente un Gobierno sin Salvini, con el que la tensión no ha podido ser más alta

Salvini había voló a EE.UU. para entrevistarse con el secretario de Estado de EEUU. El encuentro no fue bien y EE UU confirmó sus dudas sobre Salvini. El problema cristalizó el pasado fin de semana, justo cuando Salvini intentaba convencer a la desesperada a Luigi Di Maio para dar marcha atrás ofreciéndole ser primer ministro. Conte, reunido con los otros seis líderes mundiales en el G7, cerró ese camino y anunció que el experimiento con Salvini quedó liquidado.

Luego, el presidente de EE UU, Donald Trump, animado por el francés, Emmanuel Macron, según señalaron algunos medios estadounidenses, se manifestó abiertamente a favor de la continuidad de Conte e, indirectamente, del pacto que estaba cocinándose en Roma. El fin de Salvini llegó.