Antonio Gramsci, en su basta reflexión carcelaria presentaba, el concepto de ‘transformismo’, que tantas veces ha sido expuesto como mero «aburguesamiento», pero que sin duda es uno de los puntos esenciales a tratar en la actualidad.

El ‘transformismo’, según Gramsci, hace referencia a un proceso, donde el sistema hegemónico integra a los intelectuales de otros grupos sociales a ese mismo sistema hegemónico dominante. Pero vayamos por paso por dicha afirmación en el sistema actual significa, nada más y nada menos, la decapitación del movimiento de masas.

En palabras de Antonio Gramsci, «… la absorción gradual, pero continua y obtenida con métodos diversos según su eficacia, de los elementos activos surgidos de los grupos aliados, e incluso de los adversarios que parecían irreconciliablemente enemigos. En este sentido la dirección política se convirtió en un aspecto de la fundación del dominio, en cuanto que la absorción de las élites de los grupos enemigos conduce a la decapitación de éstos y a su aniquilamiento durante a menudo un período muy largo».

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En este sentido, por lo tanto, Daniel Campione expone que si «la clase dirigente absorbe a los intelectuales de otras clases, enriquece su propio enfoque político-cultural y aumenta su capacidad hegemónica».

De este modo, si los dirigentes políticos en un determinado momento, de reflujo de los movimientos populares, se transforman, se tornan o se dirigen a su «verdadero partido» las masas pierden su fuerza.

Dirigentes jóvenes pequeñoburgueses

Al hablar de ‘transformismo’ Gramsci esboza un vínculo entre este concepto y ciertos sectores de la sociedad, ya que «la burguesía no logra educar a sus jóvenes (…) los jóvenes se dejan atraer culturalmente por los obreros y además se convierten (o tratan de convertirse) en sus jefes («inconsciente» deseo de realizar por sí mismos la hegemonía de su propia clase sobre el pueblo), pero en las crisis históricas vuelven al redil».

En este espectro, aunque Gramsci tuviera la mirada puesta sobre la Italia del Siglo XIX, en concreto en las facciones moderadas lideradas por Giusseppe Mazzini, pueden rastrearse a lo largo de la historia y a lo ancho del mapa mundial.

Para Mario Roberto Morales esto explica «en el plano emocional, psicológico y cultural por qué los más estridentes izquierdistas se pasan a la derecha, algunos de manera espectacular y ruidosa (…) y otros de manera solapada, persistiendo en el discurso de izquierda pero accionando como operadores políticos e ideológicos de la derecha, y adoptando un alegre cinismo disfrazado de realismo político y pragmatismo táctico».

Así expuesto, Gramsci considera al transformismo como una de las formas históricas de la “revolución pasiva”.

El transformismo en la revolución pasiva

Gramsci en todo momento se mostró consciente de que tan solo ante una crisis orgánica, es decir, a groso modo, cuando las élites socioeconómicas y políticas se ven con mayores dificultades de resolver una crisis, se abre la potencialidad de una transformación real.

Sin embargo, destacaba Gramsci que es también en ese momento en el que se tornan plausibles posibilidades de repliegue en las que ese bloque dominante logre restaurarse y recuperar el control de la política.

Es en esta opción la que Gramsci llamaría ‘revolución pasiva’, que genera «modificaciones moleculares», en las que la clase dominante se reagrupa y reorganiza. En resumen, que a través de reformas reacomoda la visión del mundo y vuelve a afianzarse como clase dirigente y que a su vez, añade Campione, «aleje las posibilidades de una revolución desde abajo».

Es en este momento, escribió Gramsci, en la «revolución pasiva», donde se «decapita a las direcciones de las clases adversarias y aliadas, las priva de su propio instrumento de lucha política y crea un obstáculo para su constitución en clases autónomas».

Curiosamente, o no, Alberto Garzón escribía en 2015, que en ese «momento el bloque dominante trata de bloquear la organización popular que crece al calor de las demandas políticas, evitando de esa forma una transformación radical del sistema desde abajo. El segundo, el transformismo. En este momento el bloque dominante recoge algunas de las demandas populares y las hace suyas, adaptándolas previamente a sus propias necesidades y confundiendo así a los ciudadanos indignados».